El animal que inventó el Si – Sobre Searching Sugar man

“Me salvaste de la lluvia ácida y de la nieve sin ángeles”. Así comienza El animal que inventó el Si, donde la literatura y la música se funden para transportarnos a una nueva dimensión. En este capítulo hablaremos con Julio César Galán sobre Searching Sugar man.

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Algo que consideras único

A veces Rimbaud se revuelve y sale con otro Rostro, con otra Música,
y gime
y ulala:
Silvio Rodríguez nos dice que nos vayamos como
venimos: en silencio o si nos tropezamos
[hagamos que el
adoquín cante,
que cante la delicadeza de irse sin irse,

que los bares recuerden que alguna vez fuimos felices.

Siempre la realidad es otra: los suburbios de Detroit,

las manos heladas de los albañiles en
[invierno,
una voz del Apartheid con “Cold Fact”
(cada vez más lejos, cada vez más extraño, cada vez más
humano).

Y qué decir del suicidio en mitad del escenario,
una manera de hablar con Jesús en las
[cloacas,
los símbolos cambian la leyenda por el mito (¿edad la nuestra sin mitos
sin épica?);
y qué decir cuando la esperanza
se convierte en esperanza,
cuando las voces cantan aquello que cantó en ti,
cuando el viejo vuelve a ser joven.

Me salvaste de la lluvia ácida y de la nieve sin ángeles

Y empezamos:
La hipnótica “Sugar man”, con ese ángel cíclico
que rompe las pupilas,
con esos acordes justos, con esa melodía templada,
la verdad severa de los de abajo
o el cansancio de quien no pudo subir.
Y empezamos:
“Crucify your mind” con esa calma que dan las pérdidas,

con esa riqueza del fracaso seco
y el error duro,
la voz sobre la música,
la voz sobre la voz,
la voz diciendo:
“Y dices que tienes algo entre las manos,

algo que consideras único”.

Las calles nevadas             y esa guitarra que calienta los dedos,

esos dedos que calientan los mimbres

[de las almas sencillas:

El pincel del soul se enrolla con el pop y el folk.

El erizo de la protesta rueda por dentro.

Y empezamos: “Like Janis”, siempre

habíamos escuchado está canción

antes de escucharla.

El fondo de los 60 llega ahora: limpio, claroscuro, preciso.

Llega con el rostro que siempre tuvo, sin modas ni hippies

de papá.
Y empezamos pero sin acabar.

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