La improvisación libre de Mariana Piñeiro

improvisaciónMariana Piñeiro y su llegada a la improvisación libre

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Cuál es tu procedencia artística?
Desde siempre en Argentina ha habido mucho teatro under. En los años 90, me propusieron formar parte del grupo La Margen, un colectivo de teatro performático y de investigación. Allí podíamos tranquilamente hacer laboratorio durante un año para preparar una obra. Mucho leer, mucho cuerpo, mucho proponer y probar lo que llevábamos cada día. Fue el primer contacto directo con un escenario, y un flechazo absoluto. Hacíamos cosas que hoy día veo aparecer como novedosas…

¿Cuáles son tus influencias que te han ayudado al aprendizaje de tu lenguaje improvisatorio?
La experiencia con La Margen y de la mano de Gustavo Zinna, el director, fue crucial. El placer de investigar por el placer de investigar.

Alejandra Pizarnik, todo el tempo Alejandra como infinito impulso. Aquellas dos horas de cada martes en El Túnel, salas de ensayo en Palermo, eran una pieza en sí. Las eternas horas de café compartidas, fundamentales.

Y hacer las representaciones sólo si latíamos con ellas, con lo cual, aunque existía un guión, no había dos iguales y siempre había un punto de libre expresión que podía manifestarse casi de cualquier manera. Esto le ponía ese punto tan vivo que tiene la improvisación, y del que quedé enganchada. Supe que así era para mí el teatro.

¿Cuándo y cómo llegaste a la improvisación libre?
Hará unos diez años, un poco menos. Fueron tiempos de indagar más a fondo en el cuerpo y la expresión toda, incluida la vocal, atravesando diferentes caminos de la danza y la performance internacional. Desde la dirección de Estudio3 se creó un grupo de investigación guiado por Agustín Bellusci, del cual formé parte. En algunas ocasiones se abría la participación/invitación a otros artistas.

Así fue como conocí a Arín Dodó. Surgió entonces la idea de poner cuerpo a las aventuras ‘arindodianas’, y nos embarcamos, con mucha sed descubridora siempre. Estuvimos un buen grupo -con variables- durante largo tiempo encontrándonos semanalmente, y dejando surgir. Fue un gran cultivo.

¿Qué actividades desarrollas como improvisadora?
A día de hoy sigue el viaje con Arín Dodó, ahora junto a la asociación Raras Músicas.

También el Teatro de sombras, la Gran Orquesta de Libre Improvisación, y con otros formatos en los que improviso con el cuerpo y la voz. Este verano organizamos el ‘Primer Maratón de Improvisación Libre’ en Madrid, que duró 12 horas.

Y teatro físico en la compañía Sala de Ensayo, con Llanos Gómez Menéndez.

¿Cuál crees que es tu papel en la escena de improvisación?
Creo que traigo en vena una intención de sorprender, de abrir una puerta aunque sea pequeñita y sea a quien sea, de transformar, traspasar, y esto suele salpicar cuando lo hago conmigo misma… Son ganas de cogerte de la mano y sumergirte en el universo de ese preciso e irrepetible instante.

¿Podrías explicar brevemente tu concepto artístico?
Concepto… hm! Soy muy amplia y flexible en este aspecto. Hay veces que en escena me siento como un animal salvaje totalmente desbocado, y otras como un diminuto punto infinito hacia adentro.

La elección que me lleva en los momentos de expresión artística es la del uso de todos mis cuerpos disponibles: físico, mental, sensitivo, espiritual… Supongo que con una notable tendencia vanguardista. Investigación, intercambio y flujo…

Más información y algunas sesiones en directo en los siguientes enlaces:

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Vía Lucis Trío
Flecha 2016

Puedes ver también otras entrevistas de improvisadores libres en:

Juan Carlos Castillo y la improvisación libre
La improvisación libre de César Delgado

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