Jazz! – Los años 60 – free jazz: La preparación (o un viaje a tu infancia)

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Jazz, Free jazz, los años 60 LaCarne MagazineNos encontramos pues, ante otra década más: los años 60. Después de los muy fructíferos 50, aún no se había agotado para nada el potencial del mundillo del Jazz para seguir cada día añadiendo nuevos detalles y matices hasta reinventarse. El estilo protagonista indudable de los 60 es el Free Jazz (Jazz Libre). Como en las décadas anteriores, cada nuevo estilo era revolucionario con respecto al anterior, pero al mismo tiempo se podían encontrar claras conexiones con los orígenes del Jazz y sus primeras tendencias. Esto mismo ocurre con el Free Jazz. Aún así, en muchos aspectos es tal vez el estilo que introduce los cambios más radicales hasta el momento. Por eso, antes de entrar en detalles histórico-musicales, me gustaría introducir algunas consideraciones a cerca de cómo nos enfrentamos a músicas estéticamente extremas, con la esperanza de poder daros otra perspectiva de cómo valorar corrientes artísticas fuera de lo ‘normal’.

Que nos guste un tipo de música o no depende, obviamente, de nuestra experiencia auditiva personal, que al final se convierte en nuestro gusto. La pequeña biblioteca sonora en nuestra cabeza nos sirve de ‘guía’ para poder decidir rápidamente si un estilo musical nos gusta o no. Prácticamente es un proceso del subconsciente, frecuentemente dominado por costumbres personales. Son precisamente estas costumbres las que nos suponen un obstáculo a la hora de conocer nuevos estilos. Si lo escuchado no se corresponde remotamente con algo que ya conocemos, el rechazo suele ser muy frecuente…. y se nos cierran las puertas ante auténticas galaxias musicales que jamás conoceremos.

Cuando nos encontramos ante una música nueva, inesperada, muchas veces nos choca. Nos choca sobre todo porque no le vemos el sentido: “de donde viene?” y “por qué ese ‘ruidaco’ ?” A veces nos puede ayudar conocer el contexto histórico-musical y social en el que surge para entenderla mejor. Los músicos que la inventan han llegado a ella a través de una evolución, un proceso, representa la conclusión de algo.

En la historia musical de nuestro mundo occidental han surgido tres cambios grandes, tres ‘músicas nuevas’: primero alrededor de 1350 el surgimiento del Ars Nova, con Guillaume de Machaut como compositor más destacado. Luego, dos siglos y medio más tarde, alrededor de 1600 en Florencia, con Le Nuove Musiche, de la mano de compositores como Orazio Vecchi o Monteverdi. En ambos casos, los expertos musicales del momento “sintieron la irrupción del caos en la música”. Desde entonces existen un sin fin de criticas y profecías por el estilo tanto de expertos como de ‘la sociedad’ del momento en general: se hablaba “con horror” de las “crudezas” de Bach. A Mozart le devolvieron la primera edición impresa de sus cuartetos ya que se pensaba que las planchas utilizadas en la imprenta habían sido defectuosas. Nadie se podía imaginar que tantos acordes y disonancias pudiesen ser

intencionados por el compositor. Sobre la obertura de la ópera Fidelio, de Beethoven, se extendió la opinión de que “algo tan chillón, incoherente e insultante para el oído prácticamente no había sucedido con anterioridad en la historia de la música.” Brahms, Bruckner, Wagner todos ellos pertenecieron durante algún tiempo al “gremio de los caóticos”. El tercer cambio ocurre alrededor de 1900: turbulentas protestas en el estreno de La Consagración de la Primavera de Stravinski, escándalos acerca de Schönberg´s Pierrot Lunaire y ‘disgustos’ con la música de Debussy, por mencionar algunos ejemplos. “Hoy esta música esta considerada como ‘clásica’. […] [Los] compositores jóvenes de la vanguardia la consideran ‘anticuada’. Compositores de música para películas utilizan sus armonías como fondo para partituras de Hollywood.”1

Resumiendo: Lo que básicamente nos ocurre es que buscamos seguridad. Escuchamos la música anticipándola en nuestras cabezas. Comparamos en cada momento si nuestras expectativas se cumplen con lo escuchado poco después. Si coincide, nos alegramos un montón, pero si no: menuda decepción! Con el Free Jazz no funciona la anticipación. “La música ya no sigue al oyente, el oyente tiene que seguir a la música, sin premisas, a donde quiera que ella lo lleve. Los músicos de un grupo alemán de vanguardia, el Quinteto Manfred Schoof, hablaba a mediados de los sesenta del vacío total, de la tabula rasa que se necesita para ello. En los E.E.U.U. se ha observado lo mismo: los niños estaban encantados con el [nuevo] jazz (…). Simplemente escuchaban lo que estaba sucediendo y ¡estaba sucediendo la mar de cosas! Dondequiera que vayan los sonidos, los niños van con ellos. En su cabeza o en su sensibilidad no hay ningún rincón que a mitad de cada frase musical exija: Deberá seguir de esta manera, deberá conducir hacia allá, y si no lo hace está “equivocado”. Ellos  no exigen nada y por eso lo reciben todo. En cambio, el adulto que ya casi sólo tiene exigencias para la música – o para un poema o un cuadro – (…) no recibirá nada [a parte  del cumplimiento de sus expectativas musicales, en el mejor de los casos].“2

Por lo tanto, si es que hay un interés mínimo, cosa obviamente fundamental, en ampliar tu horizonte musical para poder romper la rutina y abrir tu abanico de gustos, no es mala idea pensar en todo aquello arriba mencionado. Con lo dicho en mente, nos lanzaremos de lleno al mundo del Free Jazz en la parte II de este artículo en LaCarne Magazine n° 26.


1 Para este párrafo, incluidas las últimas frases entre comillas me mantengo fiel al texto de J.E. Berendt, El Jazz – De Nueva Orleáns al Jazz Rock, 1994, p. 66-67.
2 Para este párrafo, incluidas las últimas frases entre comillas me mantengo fiel al texto de J.E.
Berendt, El Jazz – De Nueva Orleáns al Jazz Rock, 1994, p. 68-69.

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