La Luz Mandarina, una experiencia extraterrestre

la luz mandarina

La Luz Mandarina es una banda de la ciudad de Santa Cruz, Bolivia, que en su primer trabajo, titulado Paliza, nos muestra un Rock Indie “noventoso” con arreglos orquestales, coqueteos con el Shoegaze, Rock espacial, chispazos de folklore y otros estilos, bajo una producción muy detallista y bien lograda. Pablo Miño, vocalista, guitarrista y compositor del grupo, nos responde al preguntarle sobre el estilo de la banda:

Descargar ahora!Ver ahora!

“Nunca hubo un norte muy definido, tal vez sí una estética o una temática. Uno de los mantras que siempre se repite en nuestros ensayos es música alegre que habla de cosas tristes. Nos gusta esa ambigüedad, poder encarar con cierto humor negro historias trágicas y temáticas medio oscuras.”

“Mi soledad es la bomba nuclear” de la canción “Verano del 86”, “No gira el mundo en realidad, sos vos la que da vueltas sin parar” de “Vampiros” o “Es que no quiero sentir más, que la vida es un carnaval y yo no tengo un buen disfraz” del tema “Carnaval”, son parte de las letras que se pueden encontrar en el disco de 8 canciones que se hizo en Vox Pópuli con Manuel Soruco. La mezcla se hizo en Escapa estudio y estuvo a cargo de Cristóbal López, productor y en parte gran responsable de que el grupo se comprometa a registrar su primer material. El mastering lo hizo Marcelo Navía en Lado B en La Paz.

La Luz Mandarina nace como proyecto a fines del 2011. Pablo recuerda: “Yo venía de un par de proyectos fallidos, y ya sin ganas de volver a tener una banda ni nada parecido, era una época de mucho encierro y necesitaba enfocarme en algo nuevo. Tenía un puñado de canciones a medias y demasiado tiempo libre, así que empecé a registrar estas canciones en mi habitación”.

Todo el proceso le llevó alrededor de año y medio, debido a que ignoraba por completo los métodos de grabación y mezcla, y no disponía de otros medios para encarar el proceso.

Entonces, ¿qué tuvo que ocurrir para buscar a los integrantes de La Luz Mandarina?

“En aquel momento estaba escuchando mucho el Transformer de Lou Reed y Pet Sounds de los Beach Boys, alucinando con esos arreglos orquestales, barrocos, ultra complejos, y a mi manera empecé a divertirme jugando un poco a eso, componía arreglos para violín, trompeta, vibráfono, tímpani, incluso unas cuerdas asiáticas en algunas canciones, pero claro, todo esto sonaba muy de juguete, y sumado a que yo era el único intérprete en todas las canciones, me agotaba bastante rápido, así que me propuse sumar gente al proyecto, repito, nunca con la intención de tener una banda, para mí era un experimento de dormitorio y ya”, contesta Pablo.

la luz mandarinaA las primeras personas que Pablo recurrió para concretar el “experimento” fue al guitarrista Ángel Aguilar Veisaga y al bajista Diego Tejerine, luego se sumó un amigo, Sebastián Guerrero Novoa en los teclados, quien incluyó a Carmen Lucía Carvalho en el violín, rol que actualmente ocupa Mateo Rojas. Un par de años después se incorpora a Daniel Meneses en el trombón y José Luis Rivera en la batería.

“Para mediados del 2013, el EP de 4 canciones estaba terminado, y de ahí en adelante todo se movió bastante rápido. Empezaron a caer invitaciones para salir a tocar y de repente, sin querer queriendo, estábamos ahí, éramos una banda.

Desde ese momento no hemos parado, y en el 2015 presentamos nuestro primer álbum PALIZA, y este año anduvimos tocando bastante, en Santa Cruz,  Cochabamba, La Paz, y ya arrancamos a trabajar un EP nuevo para el 2018”, explica el líder del grupo.

Dos preguntas ineludibles como peajes de carretera son el porqué del nombre de la banda y de qué se trata el disco, a lo que Pablo responde:

“Cuando el proyecto arrancó, para mí era una excusa para tener algo que hacer y poder zafar de un par de circunstancias medio densas. Era una época de buscar respuestas, de elaborar estrategias de supervivencia, todo el proyecto agarró un cariz medio místico, de ahí La Luz.

La parte de Mandarina tiene que ver con mi gusto culposo por los soundtracks de Tangerine Dream, que también escuchaba muchísimo en ese momento. En el imaginario de PALIZA hay muchas historias sobre la sensación de derrota, de sentirse perdido, el escape, el miedo y la paranoia. Es básicamente un disco sobre caídas, y de alguna manera para todos nosotros el hacerlo fue la manera de levantarnos”.

¿Cómo llevan la música y las diferentes actividades de los integrantes en La Luz Mandarina?

“Algunos se dedican solamente a la música, otros desarrollan distintos tipos de trabajos e intereses, por ejemplo, Sebastián es un ufólogo aficionado y yo soy ilustrador. Nos mantenemos ocupados y vamos equilibrando los mundos dentro de lo posible”.

la luz mandarinaPara Pablo Miño, el interés por la música comienza temprano, observando a su padre que es cantautor, pero se concreta mucho más tarde viviendo en La Plata, Argentina, a principios del 2000, donde conoce muchos músicos de los que aprende un montón:

“Una de las cosas que más rescaté fue una actitud respecto al método, una especie de filosofía Punk pero no desde el sonido, sino tal vez desde el ethos, o la estética, una postura respecto a la expresión. Si lo que tenés para decir es honesto y es real, las herramientas deben ser las que tengas a mano, pero si no tenés esa necesidad real, de nada te sirve todo lo demás”.

Sin duda, ver a La Luz Mandarina en vivo es una experiencia extraterrestre: su fuerza, belleza, y calidad musical abduce. Fácilmente puede aplicarse a ellos el coro de su propia canción “Los Reyes del lugar”: “El baile de los muertos va a empezar, por toda la ciudad, ¿quién te podrá ayudar?”

Más información sobre La Luz Mandarina en el siguiente enlace:

Ver Facebook

Add a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *