Mikel Erentxun, nadie es profeta en su corazón

Mikel ErentxunQuiero verlo!

por Enrique Falcó

Desde la irrupción en nuestro país de aquel fenómeno musical denominado “Indie”, fueron incansables los esfuerzos de la crítica especializada y parte de los medios para arrinconar primero y tratar de enterrar después a las denominadas “viejas glorias de los 80”. No deja de resultar gracioso lo de “viejas glorias”, ya que por entonces, el que era el 50 por ciento de Duncan Dhu, sin duda uno de los grupos más exitosos del país, apenas contaba con 27 años, si bien es cierto que desde los 20 no había dejado de escribir con letras de oro sobre la historia del pop español.

El joven Mikel Erentxun, tras un paréntesis de común acuerdo con su colega Diego Vasallo (también con una interesante carrera en solitario que retomaremos en otra ocasión desde nuestra Carnicería Sanzot), se decidía valientemente a despojarse de la piel y la careta de aquel grupo que significaba tanto. Apenas le había dado tiempo de saborear la invitación a los Music Awards en Londres, o a aquel mítico concierto desde la Plaza Sony en la Expo del 92 (el concierto con mayor público de la historia del pop español) o incluso de su actuación en New York en el New Music Seminar en Central Park.

Su primer disco en solitario, Naufragios (1992), de claro corte acústico y letras especialmente duras, grabado en apenas dos semanas pero con un elenco impresionante de músicos en donde destacaban los hermanos Pete y Bruce Thomas (Batería y bajista de Los Attractions de Elvis Costello) fue un éxito de ventas, a lo que siguió una gran gira nacional y el reconocimiento en forma de premio a la mejor canción del año, “A un minuto de tí”, escrita junto a J.M. Cormán. En aquel disco también se incluía una afortunada versión con una mezcla final impresionante del “There is a light that never goes out” de The Smiths, uno de sus grupos de referencia, que sin duda arrastró el disco al doble platino en pocos meses.

Mikel Erentxun, que por cierto fue de los primeros en reivindicar a algunos de los nuevos grupos independientes (siempre mostró sus simpatías a grupos como El regalo de Silvia o El Inquilino Comunista) hubiera estado encantado de  formar parte de todo el nuevo movimiento que se avecinaba, y seguramente, junto a otras formaciones de los 80, como por ejemplo Gabinete Caligari, hubiera acudido gustoso a participar en cuantos Certámenes le hubieran ofrecido, pero lamentablemente, los directores de los festivales más importantes, así como las principales revistas musicales (como por ejemplo Rockdelux, de la que curiosamente el propio Erentxun fue portada con Duncan Dhu algunos años antes) se apuntaron al carro practicando el desaconsejable ejercicio de tirar tierra salpicada de mierda sobre toda una generación irrepetible.

Mientras tanto, un Erentxun pletórico, tras repetir éxito de ventas de nuevo con Duncan Dhu, trató de intentarlo de nuevo con su segundo disco en solitario, El abrazo del erizo (1995) con gran influencia de aquella música anglosajona de la que también se contagiaban algunas de las nuevas formaciones indies. Sin duda era un disco fantástico, que hubiera podido interesar al público aficionado a la música alternativa, pero un ya treinteañero Mikel pudo comprobar que se encontraba en tierra de nadie. Sus gustos musicales no concordaban para nada con los de su público, y a los que les gustaba la misma música que a él no lo aceptaban, ni por lo visto lo iban a aceptar nunca.

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Terminaba la década de los 90, y algunos grupos independientes fueron cayendo en el ostracismo, mientras tanto el de San Sebastián le daba continuidad a ese estilo pop británico en el maravilloso Acróbatas (1998), en donde experimentaba además con bases electrónicas y programaciones. Siguen las colaboraciones de músicos excepcionales y grandes productores. Destacan algunos temas imprescindibles como “A pleno sol”, “¿Quien se acuerda de tí?” o la deliciosa “Puedo dormir de un tirón más de una vida”.

Recibió el nuevo siglo con otro disco realmente destacable Te dejas ver (2000),  en el que aparca el sonido británico para dejarse influir por el rock y el folk más americano. Los años continúan, la crisis se acentúa y la mayoría de aquella nueva esperanza indie se desvanece como lágrimas en la lluvia. A un ya maduro Mikel Erentxun no se le caen los anillos por ajustar su caché y seguir grabando discos y ofreciendo conciertos, aunque deba prescindir de músicos y conducir él mismo la furgoneta. Incluso le da tiempo de despedir junto a su colega Vasallo a Duncan Dhu con un disco, Crepúsculo (2001) de gran dignidad que esta vez sí, contenta y convence a la crítica especializada, que pareja a la justicia en este país parece llegar siempre demasiado tarde.

Siguieron nuevos discos, sintonías de series, participación con cierto éxito en algún programa televisivo y de repente hace un par de años, la desagradable sorpresa de una intervención quirúrgica le devuelve al primer plano de la actualidad. Erentxun se acogió entoces a la famosa máxima que asegura que no hay mal que por bien no venga y se empeñó en gritarles a quienes le habían olvidado que él aún no se ha marchado a ninguna parte, y que aún tiene mucho que ofrecer.

Esta dramática experiencia la ha convertido en un disco soberbio, Corazones (2015) grabado en Cádiz y producido por Paco Loco, quien irónicamente fue un productor de éxito en los 90 y colaboró con grandes de la escena indie como Sexy Sadie, Nacho Vegas o Australian Blonde.

El corazón aparece como hilo conductor, y un imparable Erentxun ejecuta la mayoría de instrumentos. Nunca se ha definido el donostiarra como un instrumentista virtuoso, pero desde luego sí lo suficiente como para llegar a sus canciones. Él insiste en que le ha salido un disco muy McCartney, y cualquiera estaría de acuerdo escuchando “veneno y corazón” en donde deja envolver su voz a lo “Eleanor rigby” junto a un bello cuarteto de cuerda, o deteniéndose en el bajo y la batería de “As de corazones” en donde Mikel interpreta tanto una linea de bajo excelente y melódica, como aporrea con excepcional ritmo la batería, que recuerda por cierto la que el mejor bajista de la historia interpretó en temas beatles como “Dear Prudence” o “Back in the Urrs” en ausencia del por otra parte infravalorado Ringo Starr.

Aunque sin duda también está muy presente Lennon, pues parece resucitar en el rift de apertura de “El hombre que hay en mí”, que no deja de ser un homenaje al “Revolution” y en definitiva a todo el album blanco de los cuatro de Liverpool. Un disco muy beatle en definitiva, que, como en los mejores trabajos del donostiarra, siempre están muy presentes, tanto en solitario (Ciudades de Paso – 2003, 24 Golpes – 2012) como con Duncan Dhu (Autobiografía – 1989, Piedras – 1994).

Efectivamente, Corazones suena a beatles, a los dos Elvis, (Presley y Costello) y a Duncan Dhu, por supuesto, sin que ello haya supuesto nunca ningún problema, y haya sido aceptado como un hecho natural por el propio Erentxun y sus seguidores por una mera cuestión de lógica y normalidad. De hecho, el tema “Corazones” tiene ese aire y encanto juvenil y desenfadado a canciones del primer LP Canciones (1986) de corte rockabilly como podrían ser “Esperaré a que se esconda el sol”, “Cuando murió la luz” o “Los Llantos de la ciudad”, en las que el propio Mikel se desenvuelve, como en este disco, con gran agilidad a la guitarra… con apenas 30 años de diferencia.

En definitiva, esencia Erentxun por los cuatro costados, en un disco, que arropado por temas como “Con el tiempo a favor” (posiblemente la mejor canción de disco que espero que sea single) “Dakota y yo” u “Ojos de miel” devolverá a la primera línea a uno de los músicos indispensables del pop español, quien en lugar de mostrarse soberbio y vengativo ante el ninguneo mediático de los últimos años, se presenta de la forma más humilde del mundo, partiendo de cero, y aspirando a todo.

Parece mentira que todavía tenga que justificarse un tío que lleva 30 años de carrera musical y que nunca ha grabado un disco igual al anterior. Muchos “indies” y modernos, tanto músicos, críticos, periodistas y aficionados a la música, deberían mostrar un poco de respeto y preguntarse cómo son capaces de ningunear a un músico al que colegas como Mark Gardener (Cantante y guitarra de Ride), o Alan McGee (Del sello Creation) respetan y valoran.

Al final resultará que Mikel Erentxun es bastante más indie que la mayoría de grupos de los 90. De momento ahí sigue, trabajando el triple que antes aunque sea cobrando un tercio para contarlo y cantarlo. Molaría verlo en el escenario del ContemPopranea en la edición de este año. Una región como Extremadura se volcaría sin duda. Estoy convencido que sorprendería a muchos y pondría las cosas en su sitio, pues el tiempo, ese fiscal implacable y puñetero, siempre se encarga de tan desagradable lastre.

Nadie es profeta en su tierra, y en este país no se perdona el éxito así como así, pero Mikel Erentxun insiste en que es mejor seguir hablando en el estudio y en el escenario mientras recorre la carretera. Corazones se convertirá en un disco imprescindible para este 2015. Y Mikel Erentxun lo sabe. Pero claro, nadie es (tampoco) profeta en su corazón.

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