Musica Viva – Folklore y Flamenco en Extremadura

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Son ya varios números de LaCarne Magazine en los que he firmado artículos sobre el folklore musical extremeño, entendido éste como un sinónimo de música extremeña tradicional o de tradición oral. Hemos hablado de gaitas y de rabeles, de jotas y de sones…, y también de rondeñas, de fandangos, de saetas… Estos últimos vocablos, bien podrían hacer pensar a cualquier aficionado al flamenco que hemos estado hablando de este género musical tan universal, tan español, tan andaluz, pero, no lo olvidemos, también tan extremeño, en tanto en cuanto rondeñas, fandangos y saetas son cantes flamencos.

     El folklore y el flamenco, ¿son músicas diferentes o tienen aspectos en común? Me gustaría dedicar este artículo a hablar un poco de ello, no sin antes reconocer que, si hay un género dentro de la música extremeña del que entiendo un poquito, ese no es otra que el folklore musical; sin embargo, en el ámbito del flamenco, no soy más que un extraño, un principiante, que apenas es capaz de decir dos palabras seguidas sobre él sin cometer un error. Dicho esto, les cuento mi forma de ver las cosas.

Lo primero de todo es aceptar, sin ningún tipo de reparos, que nuestra comunidad autónoma cuenta con un interesantísimo patrimonio musical tanto en folklore como en flamenco. Presuponemos que el folklore extremeño existe y es rico, pero hay quienes, erróneamente, se empeñan en patrimonializar el flamenco como si fuera algo exclusivamente andaluz y gitano, cosa que no es cierta. Extremadura también tiene flamenco y no siempre vinculado con familias gitanas. Dice Francisca García, en su libro La Música Extremeña, que: “El flamenco está latente en el pueblo extremeño […] El interés por esta operante, es decir, viva forma de expresión se refleja en muchos aspectos: los innumerables certámenes que se celebran a lo largo y ancho de toda la geografía extremeña, la cantidad de voces flamencas que surgen, la constitución de peñas y amigos del cante y, no menos importante para testimoniar cómo el flamenco pasa más allá del gusto por lo popular e interesa a esferas intelectuales, el aspecto literario” (1983: 97).

Dentro de la cultura musical extremeña, el flamenco ocupa una posición privilegiada. Si dividimos la música extremeña en tres parcelas, la de la música tradicional, la música histórica y la música moderna, habría que incluir el flamenco en el primero de estos grupos, el de las músicas de tradición oral. Hay quienes, como el placentino Manuel García Matos, en su libro Sobre el flamenco. Estudios y notas, defienden el cante flamenco como una parte del folklore musical de un pueblo; así habla del flamenco como de: “una de las más singulares manifestaciones del riquísimo y variado folklore musical” (1987: 13). Por extensión, el flamenco extremeño podría vincularse muy estrechamente con el folklore musical extremeño.

Como el folklore musical de Extremadura, el flamenco tiene músicas de los ciclos de la vida y del año. Por ejemplo, en el flamenco son muy apreciados los cantos de trabajo o cantes camperos y las nanas. Ponemos, como ejemplo, el uso de estrofas en algunos tangos de cuna de Porrina de Badajoz, idénticas a las recogidas por García Matos en las canciones de cuna de su Lírica de la Alta Extremadura; o las letras sobre molineros y molineras en tangos extremeños (cante típicamente flamenco) y en canciones del folklore recogidas por Bonifacio Gil en su Cancionero Extremeño (recordamos que tanto Manuel García Matos, como Bonifacio Gil, han sido dos de los más grandes folkloristas que han trabajado en Extremadura). Los mismos jaleos extremeños, tan apreciados en el mundo del flamenco, son cantes que originariamente hacían los gitanos en fiestas, pero no en cualquier fiesta, como recoge López Godoy (guitarrista flamenco conocido como Perico de la Paula), sino “… en las fiestas que hacían en las bodas” (2008: 21), es decir, los jaleos extremeños serían algo así como tradicionales cantos de bodas.

En el párrafo anterior hemos hablado de jaleos y tangos extremeños. Ambos son, sin duda, dos cantes flamencos esencialmente extremeños. Los jaleos serían cantes alegres, con ritmo de hemiolia (ritmos en doce tiempos que dicen en el argot flamenco), a caballo entre la soleá y la bulería. Simplificando mucho, el jaleo sería un cante más animado que la primera y un poco menos que la segunda, aún compartiendo con ambas el compás. El tango extremeño es un cante alegre binario, de ritmo y compás muy marcado, muy reconocido en el flamenco, con algunas variaciones respecto a otros tangos flamencos. Aunque musicalmente distan mucho de formas genuinamente folklóricas, como por ejemplo la jota, como hemos visto, sus letras y el contexto de interpretación sí tienen parangón dentro del folklore extremeño.

Tanto el folklore como el flamenco extremeño tienen entre sus tonadas, o cantes, los fandangos y las rondeñas, además de los romances y las saetas. Así, por ejemplo, en el ámbito del folklore musical hablamos del Fandango extremeño, del Fandango de la Virgen de los Remedios, del Fandango oliventino, del Fandango del Limón, etc., mientras en el del flamenco hablamos de fandangos personales, como Fandangos de José Pérez Guzmán (Jerez de los Caballeros), los Fandangos del Niño de Fregenal, etc.. Por su lado, tenemos en folklore las llamadas conocidas y apreciadas rondeñas veratas, actualmente plenamente asentadas en el repertorio folklórico extremeño, aún siendo, como son, originaros cantes flamencos de la localidad malagueña de Ronda que, quizá, llegaron a Extremadura a través de los movimientos musicales asociados a la ruta del pimiento entre los monasterios de la Orden de los Jerónimos de Lañora (Murcia), Guadalupe y Yuste.

Luego está el caso de las adaptaciones flamencas o recreaciones y acomodaciones de melodías del folklore a ritmos y ornamentaciones flamencas, caso de Los campanilleros, relacionados con los cantos del Rosario de la Aurora andaluces y extremeños.

Otro acercamiento entre flamenco y folklore está en el uso habitual de estrofas de tres, cuatro y cinco versos de arte menor, con rimas preferentemente asonantadas; además de la utilización en ambas músicas de ampliaciones melódicas y textuales por repetición de versos.

Ahora bien, hay diferencias importantes entre el flamenco y el folklore musical de Extremadura, aún situándose ambos en el mundo de la tradición. Una de ellas, muy importante, tiene que ver con la importante presencia de melismas (una sílaba-varias notas) y adornos vocales en el flamenco, lo que le convierte en un cante preferentemente individual, frente a la música más austera en adornos y más silábica propia del folklore musical, lo que le permite con mayor asiduidad el canto colectivo. Curiosamente, en folklore las rondeñas suelen cantarla solistas, al igual que muchos fandangos.

En Extremadura, el flamenco tiene importantes publicaciones, también el folklore musical, pero en ambos casos con tratamientos muy diferentes. Así, por ejemplo, si en el flamenco es continua la alusión, con nombre propio, a cantaores y guitarristas (pensemos en la reciente publicación de Federico Vázquez, Flamengrafías, de 2008, que recoge biografías comentadas de más de sesenta de estos intérpretes extremeños de flamenco, o el libros Jaleos y tangos extremeños de Pedro López Godoy, premio Nacional de Flamenco en 2008, en el que se habla de Porrina de Badajoz, Juan Cantero, Enrique El Extremeño, Pedro Peralta, La Marelu, etc.), en el folklore musical la anonimia personal suele ser la norma: se habla de grupos, de tonadas, pero no de personas que las interpreten: grupos El Redoble, Cogolla, Renacer, Valdemedel, Acetre, Manantial, etc.

Aún podríamos hablar de otra diferencia esencial: los instrumentos musicales. En ambos casos, flamenco y folklore musical, la guitarra es el instrumento básico, pero mientras en el flamenco éste es el instrumento armónico y melódico por excelencia, en el folklore musical extremeño, su papel es esencialmente armónico, mientras laúdes, bandurrias y acordeón se encargan del aspecto melódico. Por supuesto, también está la riqueza en cantidad y variedad de la percusión utilizada en el folklore musical frente a su presencia limitada prácticamente a las palmas, la percusión en la caja de la guitarra y, en las últimas décadas, también al cajón, en el flamenco; sin mencionar la importancia de la gaita y el tamboril en el folklore musical y su ausencia en el flamenco.

Por último, señalamos el defendido vínculo del flamenco con una etnia minoritaria como la gitana. Ello podría hacernos asociar el folklore con la música tradicional de payos y el flamenco con la música tradicional de gitanos, aunque pensamos que ésta es una afirmación no del todo correcta y ciertamente excluyente, ya que no es raro encontrar en Extremadura a gente que no pertenece a la etnia gitana cantando, tocando y bailando flamenco, o investigando sobre él..

Concluimos diciendo que, tanto lo que hemos dado en llamar folklore musical como el flamenco, son dos estilos musicales dentro del mundo de la música tradicional, con zonas musicalmente próximas entre ellos, difícilmente diferenciables, y otras más alejadas; con algunas semejanzas en el uso de formas musicales y de estrofas, incluso en algunos aspectos armónicos, melódicos y rítmicos, pero con diferencias esenciales en cuanto al carácter colectivo del primero e individual del segundo, además de en aspectos musicales, instrumentales y dancísticos. En todo caso, ambos son músicas presentes en Extremadura y con profundas raíces en nuestra comunidad, y eso, nadie nos lo puede quitar.

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