Musica Viva – Las alborás

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Hace unos años Robert Le Gall, violinista de mítico grupo Gwendal, viajó a la localidad altoextremeña de Piornal, durante la fiesta de Jarramplas, para escuchar en vivo y en directo las Alborás, canción tradicional cuya versión de   Alborada de Jarramplas, incluida en su trabajo discográfico Canto de gamusinos, había llegado a sus oídos. A Robert le costaba creer que aún hubiera pueblos en Europa en los que se mantuvieran vivas músicas como aquella que habían servido a José Tomás Sousa (líder de Acetre) para su composición. Por eso se vino para acá y pudo comprobar personalmente que no sólo eran las Alborás, sino también la Rosca a San Sebastián y las diversas rondas que salieron por las calles en esos días, músicas tradicionales con esa especial forma de sonar (las dos primeras ajustadas a los antiguos modos que precedieron a la tonalidad) a la que, después de muchos años de descrédito por parte de músicos y estudiosos de la música, que la tildaban de atrasada, pueblerina, antimoderna y no sé cuantas imbecilidades más, por fin en los últimos años se está empezando a valorar como merece, al menos en algunos sitios; en Extremadura, por desgracia, aún hay mucho camino por andar en este terreno.

Robert fue a Piornal, pero podría haber ido a otros muchos pueblos extremeños para tener la misma sensación, porque el año musical de nuestra comunidad autónoma, en el ámbito del folklore, es de una riqueza indudable. Es por ello por lo que quería dedicar los próximos capítulos de la sección Música viva de LaCarne Magazine, a algunas de estas música. Y ya puestos, vámonos al mes de enero y hablemos un poco, sólo un poco, de las Alborás, canción que cada año en Piornal, los días 19 y 20 de enero, fiesta de Jarramplas, cobra un especial protagonismo.

Las Alborás, un canto colectivo con el sólo acompañamiento del tamboril, se interpretan en diferentes momentos de la fiesta: durante los ritos de Vestir al Santo (día 19 por la tarde), del Besapiés y de Subir el Santo al trono (día 20 por la tarde), en la iglesia, además de en la procesión que, con su mismo nombre, se inicia nada más sonar las doce de la noche, como entrada en el nuevo día, y durante una media hora llena las calles de esta localidad norteextremeña de gente, lugareños y visitantes, entregados al canto.

Musicalmente estamos ante una tonada con esa forma de sonar característica de los antiguos sistemas melódicos modales, tan corrientes en la música de tradición oral, organizándose sus notas según el modo de La. Ello genera unas sonoridades que invitan a vivir el momento con gran solemnidad y emotividad, algo siempre deseable en este tipo de ritos. Este sistema melódico, aun apareciendo en otras tonadas extremeñas, es poco habitual en el folklore musical de Extremadura, más vinculado al modo de Mi.

Las Alborás nos muestran una interválica dominada por distancias cortas, con abundancia de unísonos, segundas y terceras, menores y mayores, lo que las convierte en un canto fácil de interpretar y aprender. La presencia de ampliación melódica por repetición, consigue prolongar la frase musical para permitir el alargamiento de un texto corto, ajustado a la cuarteta, que sobre la base de repeticiones se hace fácilmente asimilable, incluso para aquellos que lo han escuchado pocas veces, facilitando que el canto se vaya desarrollando sin incidencias musicales reseñables a pesar de ser un canto colectivo en el que muchas veces participa gente que se enfrenta a él por primera vez. Rítmicamente las Alborás adoptan un compás binario 4/4, que mantienen hasta el final de la tonada, y que se adapta muy bien al desplazamiento andado en el que suenan.

De estructura estrófica simple, esta tonada, siempre interpretada en monodía, lleva el único acompañamiento rítmico del tamboril, que toca Jarramplas mientras camina de espaldas, apoyado en  un esquema simple y repetitivo.

Son las Alborás una canción cuyo límite temporal viene marcado por la duración del rito en el que participa (una media hora), es decir, no tiene un límite fijo, de tal manera que se repite una y otra vez la tonada hasta que los cantores creen conveniente parar. Para ello se cuenta con un amplio repertorio de textos en forma de copla, que se interpretan sin un orden preestablecido y que permite sin problemas la repetición de letrillas. El hecho de que las Alborás no tengan una estructura fija en su texto, es decir que el orden de las coplas que se van cantando sea arbitrario, más que dificultar su aprendizaje lo facilita, ya que genera la repetición de una misma copla en diversos momentos de la procesión. El problema podría estar precisamente en el desconocimiento de ese orden por la gente, lo que complicaría sobremanera el inicio en el canto en cada una de las coplas. Como en el caso de otras canciones que utilizan textos de recambio, la solución consiste en dejar que sea una la persona, o grupo de ellas, que dé comienzo al canto de cada copla, uniéndose a continuación el resto de la gente una vez se sabe de qué copla se trata. En el caso de las Alborás, el grupo de las Cantoras tiene el privilegio de ser las que inician el canto, siguiendo un orden que previamente todas ellas han fijado en un pedazo de papel que guardan celosamente en su mano y que consultan unos instantes antes de empezar a cantar una copla.

Son otras características musicales de las Alborás que van a propiciar un mejor y más pronto aprendizaje por la gente: la ampliación melódica por repetición, la presencia de un movimiento ondulante en la melodía asentado esencialmente, como hemos dicho, en intervalos de segunda y tercera, la ausencia de cambios de compás, una forma simple o estrófica, la repetición dos veces de los dos primeros versos y tres veces del cuarto en una misma copla y el canto de esta canción en cuatro momentos diferentes del ritual.

Algunas de las letras de las Alborás son las siguientes:

En el nombre de Dios Padre

y la Virgen Soberana

los Ángeles nos ayuden

a cantar esta alborada.

A los veinte de enero

cuando más hiela,

salió un capitán fuerte

a poner bandera.

Sebastián valeroso,

hoy es tu día,

todos te festejamos

con alegría.

La mujer de Jarramplas

está dormida

y si no se levanta

no come migas.

Salga usted Jarramplas,

no tenga miedo,

que cuando usted salga,

todos corremos.

En esta lancherita

y en este llano

se mantiene la nieve

todo el verano.

Levántate zapatero

a hacer zapatos,

para el Santo bendito

que está descalzo.

A la puerta la iglesia

venden zapatos

para el Santo bendito

que está descalzo.

A la puerta la iglesia

venden tijeras

para nuestra Señora

que es costurera.

Sebastián y su hermano

van a aceitunas,

Sebastián coge dos

y su hermano una.

Sebastián y su hermano

van a bellotas,

mientras Sebastián corre

su hermano trota.

Sebastián y su hermano

forman guerrilla

con la espada en la mano,

de maravilla.

Sebastián se presenta

para el martirio,

quedando siempre fuerte,

firme y tranquilo.

Los verdugos te ataron

atrás las manos

y luego tus devotas

te desataron.

Ha florecido el tronco

donde te amarran,

florece con el fruto

de tus entrañas (espaldas).

Los verdugos te ataron

atrás las manos

por el solo delito

de ser cristiano.

En el tronco que fuiste

martirizado

nació un árbol frondoso

y no se ha secado.

Todo su cuerpo tiene

hecho una llaga,

y una mujer piadosa

se las curaba.

Una mujer piadosa

llamada Irene,

le ha metido en su casa

y allí le tiene.

Le amarraron a un tronco

y allí le dieron

la muerte con saetas,

verdugos fueron.

En los campos de Italia

florece un lirio,

por eso pasa el Santo

tanto martirio.

En los montes de Italia

dicen que hay guerra,

supliquemos al Santo

que la detenga.

No venimos por torrillos

ni tampoco por buñuelos

que venimos a cumplir

la promesa que tenemos.

A la puerta la iglesia

vamos ahora

a rezar una Salve

a Nuestra señora.

Al niño que repite

qué le diremos,

que este Santo bendito

le suba al Cielo.

También al Mayordomo

y a todo el pueblo

dales salud y gloria,

paz y consuelo.

A la guerra, a la guerra,

y al arma, al arma,

Sebastián valeroso

venció batalla.

Pues, lo dicho, el 19 y el 20 de enero de cada año, no les importe subir a Piornal y, además de disfrutar tirando nabos a Jarramplas, deleitarse con las Alborás, y otras música (como la Rosca y las rondas) que pueden escucharse en este ritual.

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