Abel García: el arte de iluminar la música

Para quienes todavía no conozcáis a Abel García, detrás de muchos conciertos y espectáculos hay profesionales como él, capaces de conseguir que la luz forme parte de la música, de una historia y de la emoción del directo. Desde Plasencia, Abel ha ido construyendo su camino entre teatros, festivales, giras y escenarios, convirtiendo una profesión que muchas veces permanece en la sombra en una auténtica forma de expresión artística.

Técnico, creador y, sobre todo, apasionado por lo que hace, en esta entrevista nos acercamos un poco a la persona que está detrás de la mesa de luces y descubrimos un oficio en el que también hay mucho de música, intuición y creatividad. Porque, como ocurre tantas veces en los conciertos, lo que vemos es solo una pequeña parte de todo lo que hace posible que el espectáculo suceda.

abel garcía

De querer ser actor a encontrar su escenario entre luces

Muy buenas, chicos. Lo primero, me gustaría daros las gracias por la oportunidad de esta entrevista y por hacer un pequeño hueco a esas personas que estamos escondidas detrás de muchos espectáculos y que, aunque no lo parezca, somos uno más de la compañía o de la banda, aunque a veces no estemos sobre el escenario.

Pues mira, os voy a cambiar un poco el orden de las preguntas para que se entienda bien qué significa para mí ser técnico de iluminación.

Yo de pequeño siempre quise ser actor. Estuve en grupos de teatro, fui a clases durante mi adolescencia y estaba muy metido en ese mundo. Cuando llegó el momento de decidir que quería estudiar Arte Dramático, mi madre me dijo que no, que era un mundo muy complicado y que era difícil ganarse la vida con ello. Ella siempre intentaba que tuviera los pies en la tierra y que buscara un oficio que pudiera darme cierta estabilidad. (Spoiler: sigo sin tener esa estabilidad, jajaja).

Yo decidí hacer el Bachillerato de Artes Plásticas porque tenía bastante claro que mi vida iba a ir por ese camino del artisteo. Pero, por circunstancias de la vida, acabé estudiando un FP Superior de Telecomunicaciones. Y fue precisamente allí donde tuve mi primer contacto con el mundo del sonido. Durante las prácticas, intenté volver a encaminar mi vida laboral hacia las artes y terminé haciéndolas en una empresa de sonido e iluminación.

Aquí descubrí el mundo de las luces, empecé a interesarme muchísimo por ellas, investigar, estudiar por mi cuenta, a probar cosas… y poco a poco fui descubriendo todo lo que se podía hacer con la LUZ. Y llegó sin pensarlo el momento en el que pensé: “Este es mi sitio”. Y precisamente descubriendo la luminotecnia encontré también la respuesta a vuestra primera pregunta: ¿qué significa para mí ser técnico de iluminación? Y cuando la respondo, alguna vez me han mirado con cara de: “¿Pero este qué se acaba de fumar?”, jajaja.

Para mí, la iluminación es una manera de dibujar y de expresar lo que los demás, o incluso yo mismo, queremos transmitir. Pero en lugar de hacerlo con un pincel y un lienzo, lo hacemos con una mesa de luces y unos focos. Creo que somos un poco pintores y un poco psicólogos. Pintores porque dibujamos con la luz, utilizamos colores, sombras, intensidades, formas y movimientos para crear imágenes; y psicólogos, ya que, de alguna manera, queremos expresar qué está pasando encima del escenario e intentamos hacer sentir diferentes emociones al público a través de la luz, dependiendo de lo que está pasando sobre las tablas, creando multitud de atmósferas y haciendo que los espectadores experimenten diferentes sensaciones.

Al final, puedes tener exactamente el mismo escenario, canción y artista, pero cambiar completamente lo que siente una persona simplemente modificando la manera en la que lo iluminas. Y creo que esa es la parte que más me enamoró de este trabajo, descubrir que podía seguir haciendo aquello que siempre había querido hacer de pequeño —formar parte del mundo artístico y contar cosas—, pero desde otro lugar.

No terminé siendo actor, pero de alguna manera encontré mi propia forma de estar encima del escenario sin estar realmente sobre él.

Envidia Kotxina

Creo que lo primero que tenemos que entender para esto es que la iluminación no tiene que competir con lo que está contando el artista a través de su canción, sino acompañarlo. Por ejemplo, de nada sirve que estés haciendo unas luces chulísimas si el artista está cantando una balada triste y realizas una iluminación más acorde a un concierto de música metal con muchísimos movimientos o estrobos cada dos segundos.

Yo, cuando escucho una canción, intento no pensar solamente en qué luces quedarían bonitas, sino en qué me está haciendo sentir, qué transmite la letra, qué me transmite la música, qué estoy escuchando, dónde hay un cambio, dónde un momento de tensión, la canción se pone más íntima… y, a partir de esto, intento traducir sensaciones al show.

Me recuerda un poco a cuando escuchas una canción por primera vez y se te graba automáticamente porque te recuerda a un amigo, a tu novia, a un momento triste o feliz de tu vida, te imaginas un paisaje, un color o incluso una imagen. Se puede decir que yo intento llevar esas imágenes o emociones al escenario, hacerte sentir algo acompañando lo que el artista está cantando.

Por ejemplo, cuando empiezo a diseñar y programar el show de luces de la gira de una banda, me mandan las canciones y puedo pasar dos semanas escuchándolas todos los días a diferentes horas para comprobar qué me transmiten, intentar ver qué quiere expresar el artista con la letra e imaginar cómo me gustaría a mí que fueran las luces si yo, en lugar de ser el técnico, fuese una persona que va a disfrutar de ese show de mi artista favorito. Y después de tener la cabeza ya frita durante días con esto, me pongo manos a la obra para crear el show intentando transmitir todas esas emociones que yo he sentido esos días.

Por eso, para mí es tan importante entender la música y, cuando tienes la oportunidad, conocer también a la persona que está encima del escenario. Porque cuanto mejor comprendes lo que el artista quiere contar, más fácil es encontrar la manera de dibujarlo y expresar ese sentimiento con la luz y, creo que cuando consigues eso, es cuando realmente la iluminación ha contado la misma historia que el artista.

Pues la verdad es que son dos mundos que me gustan mucho, el teatro por mis años de adolescencia y lo que mi yo de pequeño quería ser, y la música porque no concibo un mundo sin ella (para todo lo que hago necesito tener música de fondo).

El teatro te pide que seas mucho más preciso y estar muy pendiente de la historia que se está contando, de cada personaje y de cada momento de la obra. La luz acompaña todo sin quitarle protagonismo al actor que está en escena, pero muchas veces tienes que hacerlo de una manera más sutil, sabiendo bien qué quieres transmitir en esa obra y hacer sentir al espectador esa emoción casi sin notarse que estás ahí.

En la música en directo, en cambio, tienes mucha más libertad para trabajar. Puedes jugar con los ritmos, con los cambios de ambiente, con los movimientos, con los cambios de color… puedes dejarte llevar por la canción. Cada tema y cada artista te piden algo diferente, así que también hay una parte de creatividad y de intentar encontrar ese toque de luz que encaja con cada uno.

Y, por otra parte, existen los conciertos de bandas con las que no voy de gira habitualmente, en los que tengo que crear el show en directo, cosa que para mí tiene algo especial (aunque confieso que cada vez me gusta más que todo vaya programado de casa y que la iluminación entre a tiempo con la canción). Pero esos directos tienen un algo mágico, hay momentos que no salen exactamente como estabas imaginando y tienes que reaccionar, dejarte llevar un poco y tomar muchas decisiones en el momento, que a lo mejor luego no encajan como esperabas.

Y si me preguntas dónde disfruto más, te diré que es difícil elegir porque cada uno tiene su encanto, pero personalmente me quedo con la música en directo. Me gusta mucho esa sensación que se crea en mi interior al estar escuchando una canción y pensar: “¿Cómo puedo expresar esto que me está haciendo sentir para que la gente que lo vea lo entienda y sienta lo mismo o que se asemeje a lo que esa persona está viviendo en su interior?”. Y ya cuando ves al público reaccionar a un momento de luces que has pensado tú… ahí dices “vale, por eso me dedico a esto”. En estos pequeños momentos es cuando más disfruto de mi trabajo.

¿Huapango azul? ¡Huapango es amarillo!

Pedro Pastor

Creo que lo primero de todo cuando empiezas con una banda nueva es escuchar bien su música, ver vídeos de otros conciertos, observar cómo se mueven por el escenario, cómo conectan con su público…, porque a veces ya puedes imaginarte un poco por dónde van a ir las luces del espectáculo.

Otra parte fundamental para mí es conocer un poco al artista (si tienes la posibilidad), poder charlar con él, investigar sobre sus gustos, su estilo… Incluso, una noche de fiesta de las que terminan con conversaciones profundas entre cerveza y cerveza, ayudan mucho, jajaja. Al final, ellos son los que mejor conocen su música y su identidad, y creo que es importante que la iluminación del show tenga algo de ellos y no sea simplemente “mi diseño”.

A partir de ahí sí que me dejo llevar bastante por la música. Y, de hecho, a principios de este año empecé una de las giras en las que estoy actualmente, con Pedro Pastor, para ser más exactos. Alquilamos una casa durante un fin de semana, nos encerramos allí y, entre risas, anécdotas que quedan para el recuerdo y muchas horas de ordenador creando el show, fueron unos días en los que Pedro Pastor, Álvaro Navarro y yo pusimos muchas cosas en común: nuestros gustos, cómo sentíamos cada canción, qué queríamos transmitir…, de ahí acabó saliendo la iluminación que tenemos ahora mismo en gira y que, por suerte, en cada sitio al que vamos la gente está quedando encantada.

Pero para que entendáis lo que intento expresar con eso de que hay que ponerse en sintonía con el artista y tener también en cuenta lo que ellos opinan, tenemos una anécdota muy buena. Yo llevaba ya todo el show casi programado por completo para ahorrar tiempo y, al llegar a una canción, se encendieron los focos en el visualizador y apareció todo en azul. Y Pedro dijo: “¿HUAPANGO AZUL? ¡HUAPANGO ES AMARILLO!”. Y sí, ahora la canción Huapango es amarilla. De hecho, ahora a veces nos cruzamos por el escenario mientras estamos montando y nos decimos: “¡HUAPANGO AMARILLO!”.

Y con esto quiero decir que no intento llegar con una idea cerrada de “esto tiene que ser así”. Cada grupo, cada artista, cada música… es diferente. Y creo que parte de nuestro trabajo es precisamente eso: descubrir qué necesita cada uno y conseguir que la iluminación termine formando parte de su identidad.

Pues yo creo que en Extremadura tenemos muchísimo nivel técnico, y además en prácticamente todas las ramas: iluminación, sonido, vídeo, producción… Hay profesionales muy preparados, con muchísimos años de experiencia y perfectamente capacitados para trabajar en producciones grandes.

Yo personalmente llevo a mi tierra por bandera siempre que puedo. Me gusta que cuando trabajo fuera sepan de dónde vengo y demostrar que desde aquí también hay gente que hace las cosas muy bien. Y una de las cosas que más defiendo es que yo quiero poder vivir en Extremadura de mi profesión.

Eso no significa que quiera trabajar solamente en esta comunidad. Todo lo contrario. Si tengo que irme a Madrid, Barcelona, Bilbao o a donde sea para hacer una gira, me voy encantado. De hecho, muchas de las giras que hago implican viajar constantemente y eso forma parte de este trabajo. Lo que quiero es poder tener mi vida aquí, mi casa y mi base en la tierra que amo, y desde aquí trabajar para proyectos de cualquier sitio.

Y creo que ahí tenemos un pequeño problema. Cuando una banda extremeña consigue crecer y llegar a un nivel importante, muchas veces parece que automáticamente hay que irse a Madrid a buscar determinados profesionales porque se da por hecho que allí están los mejores. Y yo creo que eso no siempre es así. No quiero decir que no haya técnicos increíbles en Madrid, que los hay, y muchísimos. Pero en Extremadura también, y muchos podrían estar perfectamente en esas giras.

A mí me gustaría que las bandas que salen de mi tierra y consiguen llegar lejos también se acuerden de la gente de allí, que ha estado trabajando en el sector, que ha estado apoyando la cultura extremeña y que tiene capacidad para acompañarlos en ese crecimiento. Si para una gira concreta necesitan a alguien de fuera, perfecto. Pero que no sea simplemente porque “es de Madrid y será mejor”.

Y luego está la otra parte, que creo que es todavía más complicada: las condiciones económicas. Muchas veces las empresas de aquí compiten entre ellas bajando precios para conseguir determinados trabajos y, al final, esa diferencia termina repercutiendo en los técnicos. Se acaba pagando miserias por hacer exactamente el mismo trabajo que harías fuera de Extremadura y que te pagarían más.

Y eso es un problema, porque si queremos que haya profesionales que puedan vivir aquí de esto, también tenemos que poder ofrecer unas condiciones que permitan hacerlo. No podemos estar constantemente diciendo que queremos que el talento se quede en Extremadura y al mismo tiempo pagarlos menos que en otras comunidades.

Yo no quiero irme de Extremadura para poder vivir de mi profesión. Quiero poder vivir aquí, trabajar con gente de aquí y también salir fuera cuando el trabajo lo requiera. Quiero hacer giras de grupos de Madrid, Barcelona, Valencia…, viajar con ellos y volver a mi casa en Extremadura. Y quiero que cuando una banda extremeña llegue a lo más alto, mire también hacia su tierra y piense: “Aquí tenemos gente preparada para hacer esto y son los mejores”.

Creo que ese sería el verdadero crecimiento: que tengamos que salir para trabajar y crecer, sí, pero que no tengamos que irnos de nuestra tierra para poder vivir de lo que nos gusta.

Una vida entre giras, escenarios y kilómetros

En el 99 % de los espectáculos en los que trabajo pienso que merece la pena dedicarme a esto. Yo siempre lo digo: para mí, la mayor parte de las veces no es ir a trabajar, es disfrutar de algo que me apasiona, que me hace feliz y que, además, tengo la suerte de poder convertir en mi trabajo. Y eso es algo que poca gente puede decir, que su trabajo le llene y que realmente disfrute haciéndolo.

También es verdad que hay momentos en los que llevas semanas sin pisar tu casa y dices: “Ojalá trabajar de lunes a viernes y los findes estar tranquilito en mi casita”. Pero lo piensas un rato, ves entrar al público por la puerta con una sonrisa, empieza el concierto y se te quitan todos los males. Al final acabas disfrutándolo con ellos.

Pero si me hacéis mojarme, tendría que hacer un Top 5 de giras y espectáculos de los que me llevo muchísimos recuerdos, amigos y experiencias.

El primero sería Boikot, en 2018-2019. Fue mi primera gira. Iba como asistente de iluminación y, claro, imagínate un chavalín de Extremadura, con 23 o 24 años, al que le encanta la música rock y punk y que, de repente, se va de gira con uno de sus grupos favoritos por los mayores festivales de España. Pues me lo pasé como un niño pequeño. Fue una experiencia que me marcó muchísimo, fue cuando realmente dije: “Hostia, pues esto de vivir de las giras puede ser para mí”.

Después pondría la obra de teatro Los Mojigatos, en 2021. Veníamos de un año muy duro por la pandemia y me llamaron desde Madrid para hacer la gira como técnico de iluminación. Uno de los protagonistas era Gabino Diego y estuvimos casi dos años de gira. Y bueno… poco que decir, es Gabino Diego. Siempre llevaba ropa interior de repuesto en la mochila porque no sabías cuándo te podías mear de la risa con él. Fue una época muy bonita y también aprendí muchísimo de trabajar en teatro y de todo lo que supone una gira tan larga.

El tercero sería la gira de despedida de Aventura, en 2024. Para quien no los conozca por ese nombre, el cantante principal es Romeo Santos. Hicimos una gira por Europa y estuvimos en ciudades como París o Ámsterdam. Yo iba como montador y cañonero. Y sí, es bachata y no es precisamente mi estilo de música, pero… ¿quién dice que no a una gira por Europa? Fue de esas experiencias que seguramente contaré muchas veces en mi vida.

El cuarto, y probablemente el que ahora mismo ocupa el número uno, es Pedro Pastor. Y digo probablemente porque todavía no hemos terminado la gira y ya os puedo asegurar que es la mejor gira en la que he estado hasta la fecha. Somos como una familia, nos queremos muchísimo, los conciertos son una maravilla y se disfrutan al 100 %. Los viajes en la furgoneta son una auténtica fiesta.

De hecho, muchas veces cuando me voy se lo digo a mi gente: “Ir con esta banda no es ir a trabajar. Es como si juntases a todos los de la parte de atrás del autobús de las excursiones del colegio, los metieses en una furgoneta y los mandases cada fin de semana a una punta de España diferente”.

Y el quinto sería Envidia Kotxina, con los que empecé hace unos meses. Es un cambio total de estilo respecto a Pedro, pero es mi música, es mi estilo y, sobre todo, me da una libertad creativa con las luces que para mí es espectacular. Hacer la programación de esta gira fue una fantasía y cada vez que la veo ejecutándose en un festival me gusta más lo que hago.

Además, me paso prácticamente todos los días metiéndole cambios a los shows porque me gusta probar cosas nuevas, cambiar algunas partes que no terminan de convencerme e ir perfeccionándolo poco a poco. Creo que eso también forma parte de mi manera de trabajar, nunca dar algo por terminado del todo.

Y ves, estaba terminando y ya me acabo de acordar de otra… Sanguijuelas del Guadiana. El año pasado tuve el placer de sustituir a su técnico de iluminación en varios conciertos y también pasé muy buenos momentos con ellos y disfruté muchísimo de cada sitio que visitamos.

No puedo elegir, todos tienen sus momentos que se quedan para el recuerdo y no puedo quedarme sin nombrar a Entretiempo, Monalisa, Dijo que sí, Dakles, Mind Traveller… y ya que si me pongo a nombrar a todos ocupo la revista entera.

Así que realmente no sé si tengo un momento concreto en el que haya pensado “por esto merece la pena dedicarme a la iluminación”. Creo que son muchos momentos pequeños, giras, gente que vas conociendo y experiencias que hacen que, cuando echas la vista atrás, digas: “Joder, qué suerte tengo de poder dedicarme a esto”.

Pues después de toda la turra que os he dado durante la entrevista tampoco quiero enrollarme mucho más, jajaja.

Simplemente dar las gracias a toda la gente que está detrás, a los que me siguen desde hace tiempo, a los que comparten mis cosas, me escriben, me preguntan por los proyectos en los que estoy y, en general, a todos los que de una manera u otra apoyan mi trabajo. Para mí significa muchísimo, aunque a veces pueda parecer una tontería desde fuera.

Y, por supuesto, dar la bienvenida a toda la gente nueva que se vaya sumando a mis redes después de leer esta entrevista. Espero que os quedéis por allí y que disfrutéis de acompañarme un poco en esta locura.

Porque al final eso es lo que intento enseñar en mis redes: no solamente los conciertos y las luces bonitas, sino también todo lo que hay detrás, los viajes, los montajes, las giras, las horas de carretera, los buenos momentos y también los días de “¿por qué me dedico yo a esto?”.

Y, por supuesto, muchísimas gracias a LaCarne Magazine por la oportunidad de hacerme esta entrevista y por darme este espacio para contar un poquito cómo es este mundo desde el otro lado del escenario. Ha sido un placer poder compartir un poco de mis experiencias y de todo lo que hay detrás de esta profesión.

Y a todos los que estáis al otro lado, nos vemos en alguna gira… o en Instagram, que seguramente será más fácil.

Más información sobre Abel García en:

https://www.instagram.com/abelgarci.lighting

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