Cactus convierte el blues en dinamita: así suena ‘Temple Of Blues II’

Queridos lectores de LaCarne Magazine, es un placer volver a encontrarnos en estas páginas para sumergirnos juntos en el artículo potente de este mes, un viaje directo al corazón del blues-rock más musculoso con el nuevo trabajo de Cactus.

Prepárense para entrar al templo, hoy nos adentramos en “Temple Of Blues II – All-Stars”, la nueva descarga de la banda capitaneada por Carmine Appice.

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Cactus y su nuevo aquelarre eléctrico – De Long Island al templo del blues

cactus

Cactus nace a finales de los sesenta como una auténtica “superbanda” de Long Island, levantada sobre la base rítmica de Carmine Appice y Tim Bogert, recién salidos de Vanilla Fudge, junto al guitarrista Jim McCarty y el vocalista Rusty Day. Entre 1970 y 1972 dejan cuatro discos fundamentales del hard rock primigenio, “Cactus” (1970), “One Way… Or Another” (1971), “Restrictions (1971) y “’Ot ’N’ Sweaty” (1972); que les ganan el apodo de “la respuesta americana a Led Zeppelin”. 

Tras varias rupturas y retornos, Cactus resurge en los 2000 con nuevas formaciones y una secuencia de trabajos de estudio, “Cactus V” (2006), “Black Dawn” (2016) y “Tightrope” (2021); que reafirman el papel de Appice como motor inagotable de la banda. En 2024 dan un golpe sobre la mesa con Temple Of Blues – Influences And Friends, donde revisitan su legado con invitados de lujo como Joe Bonamassa, Ted Nugent y Dee Snider, dejando claro que el proyecto “Temple Of Blues” ha llegado para quedarse. 

Dos años después, ese camino desemboca naturalmente en Temple Of Blues II – All-Stars, una continuación que ya no solo revisa el repertorio Cactus, sino que se sumerge de lleno en el cancionero de Howlin’ Wolf y Willie Dixon, filtrado por la pegada hard rock que siempre ha definido al grupo. 

El concepto de “Temple Of Blues II – All-Stars”

“Temple Of Blues II – All-Stars” ve la luz el 3 de abril de 2026 bajo el sello Cleopatra Records, con once cortes y algo menos de cincuenta minutos de duración. El álbum se edita en CD, vinilo (incluyendo ediciones como el “Blue Marble Vinyl”) y formato digital, además de packs especiales que incluye camiseta, apuntando claramente tanto al coleccionista clásico como al oyente de plataformas. 

Conceptualmente, este segundo volumen funciona como un tributo pesado al blues de Chicago y al universo de Willie Dixon y Howlin’ Wolf, salpicado por una sorprendente relectura de “Purple Haze” de Jimi Hendrix, siempre con la batería de Carmine Appice como eje y una constelación de invitados que justifican el subtítulo “All-Stars”. Desde las notas del sello y la propia entrevista de Appice se insiste en que no es un simple capricho de versiones.

El baterista construyó muchos temas partiendo de patrones de batería, enviando después las bases a guitarristas, bajistas y cantantes repartidos por el mundo para que añadieran sus partes, un proceso casi “de laboratorio” que él mismo narra en varias entrevistas recientes. 

En cuanto a la producción, el propio Carmine Appice está al timón creativo del proyecto, manteniendo una cohesión notable pese al desfile de invitados, mientras que créditos como el del tema “Moanin’ At Midnight” señalan la presencia del productor Pat Regan en partes del material. El resultado es un disco que suena deliberadamente grande, moderno y contundente, pero con el respeto absoluto por la esencia del blues clásico. 

Un elenco realmente “All-Stars”

El reparto de invitados de “Temple Of Blues II – All-Stars” parece más un cartel de festival que una simple lista de créditos. Entre las once pistas desfilan nombres como Billy Sheehan, Pat Travers, Steve Morse, Joe Lynn Turner, Rudy Sarzo, Derek Sherinian, Tracii Guns, Ted Nugent, entre mucho otros más. 

La propia banda base de Cactus, con Ed Terry a la voz, Artie Dillon a la guitarra y James Caputo al bajo junto a Appice en la batería, sigue siendo la columna vertebral del proyecto, reforzada en cada tema por distintas combinaciones de estrellas invitadas, algo que el propio Carmine ha explicado como una forma de celebrar tanto la historia del grupo como la influencia que ha ejercido sobre varias generaciones de músicos. Esa fórmula, ya ensayada en “Temple Of Blues – Influences And Friends”, se afina aquí hasta lograr que cada pista suene diferente, pero todo el conjunto mantenga una identidad muy clara, blues pesado, baterías demoledoras y guitarras en permanente combustión. 

El templo pista a pista

El disco se apoya sobre un repertorio donde Howlin’ Wolf y Willie Dixon son casi coautores fantasma, con versiones que no buscan la reconstrucción arqueológica, sino el cruce entre el riff setentero y la crudeza del blues eléctrico de Chicago. 

Abrir un álbum con “Back Door Man” es toda una declaración de intenciones, el clásico de Willie Dixon asociado a Howlin’ Wolf se convierte aquí en una suite en dos partes, extendida, que permite lucir el diálogo entre la guitarra de Eric Gales y el bajo virtuoso de Billy Sheehan, siempre sobre el latigazo de la batería de Appice. El propio Carmine ha reconocido que, cuando escucharon la mezcla final de este corte, quedaron “aplastados” por la química entre Sheehan y Gales encima de su groove, y se nota, el tema suena a jam controlada, con sabor a club humeante pero dimensiones de arena rock.

En lo conceptual, el eterno personaje del “hombre de la puerta trasera”, ese amante clandestino que entra y sale sin ser visto, se reescribe aquí desde la perspectiva de una banda que sabe de sobra lo que es vivir al margen de las normas, reforzando el tono lascivo y desafiante del original sin perder la ironía implícita en la letra. 

Con “300 Pounds Of Joy”, otro estándar popularizado por Howlin’ Wolf, Cactus se divierte jugando con el humor del tema, el orgullo corporal, la sensualidad desbordada y el carisma de un amante “de 300 libras” se convierten en un vehículo perfecto para el timbre de Ed Terry, muy cómodo en ese registro de blues picaresco.

La guitarra de Ty Tabor (King’s X) y las líneas de Artie Dillon rellenan el espacio con riffs gruesos y un tono que flirtea con el hard rock sin perder el swing, modernizando un shuffle clásico sin vaciarlo de contenido. Es una de las piezas donde mejor se aprecia la intención global del proyecto, recordar que el blues también puede ser festivo, sexy y bigger than life. 

En “Moanin’ At Midnight”, Cactus se alinea con la tradición más nocturna y ritual del blues, y lo hace de la mano de Pat Travers, que aporta su firma de guitarra dura y cargada de sustain. Varios medios han descrito esta versión como un hard-rockin’ blues, y el adjetivo encaja, la cadencia es pesada, la voz se arrastra entre sombras y los solos de Travers estallan como fogonazos en medio de la penumbra sonora.

En términos de producción, destaca cómo la mezcla deja espacio a cada elemento. el bombo de Appice marca una especie de latido tribal, mientras la guitarra envuelve la voz con frases que sugieren más de lo que dicen, reforzando el carácter casi hechicero de la letra original. 

Doug Pinnick (King’s X) es uno de esos invitados cuya sola presencia cambia el ADN de un tema, y aquí se nota, su voz grave y su sensibilidad particular aportan una textura única a “Down In The Bottom”. El apoyo de Phil Soussan al bajo y Richard Fortus a la guitarra tiñe la canción de un color casi grunge-blues, con capas de distorsión controlada que empujan la base clásica del tema hacia territorios más contemporáneos.

Líricamente, “Down In The Bottom” siempre ha sido una imagen poderosa de caída y deseo, y la relectura de Cactus refuerza esa sensación de estar atrapado “en el fondo”, tanto física como emocionalmente, apoyándose en un groove insistente que no da respiro. 

“Token Chokin’” es, dentro del tracklist, una de las piezas que más se acercan al territorio puramenteCactus, menos de estándar clásico y más de explosión de hard rock con ADN bluesero. La guitarra de Bumblefoot (ex-Guns N’ Roses) se presta al juego, frases angulosas, bends casi histéricos y una sensación de inmediatez que encaja con el tipo de riff directo que la banda ha cultivado desde los años setenta.

A nivel conceptual, la canción funciona como válvula de escape, después de varios pesos pesados del cancionero de Dixon/Wolf, “Token Chokin’” es el momento en que el templo se convierte en garito de rock ruidoso, recordando al oyente que, aunque el apellido del disco sea “Blues”, aquí seguimos en terreno de guitarras como mazas y baterías sin freno.

Pocas combinaciones resultan tan jugosas como juntar a Steve Morse (Deep Purple), Joe Lynn Turner (Rainbow, Deep Purple), Derek Sherinian (Dream Theater, Black Country Communion) y Tony Franklin (The Firm, Blue Murder) en un mismo corte, y “Bad Stuff” suena exactamente a lo que uno imagina al leer esos nombres, virtuosismo sin perder el pulso del blues.

La voz de Joe Lynn Turner aporta un dramatismo muy “Rainbow” a una letra que, como indica el título, gira en torno a los peligros y tentaciones de esa “mala mercancía” que persigue a cualquier músico de carretera, mientras Morse y Sherinian se reparten espacios para solos que cruzan el boogie-blues con fraseos casi progresivos. Es uno de los momentos más ambiciosos del álbum, donde el concepto “All-Stars” se justifica de principio a fin. 

La siguiente en la lista es“Tail Dragger”, otro clásico asociado a Howlin’ Wolf, llega aquí en versión reforzada por dos pesos pesados del universo hard & heavy, Rudy Sarzo (Quiet Riot, Ozzy Osbourne) al bajo y Alex Skolnick (Testament) a la guitarra. El resultado es un blues trotamundos con una sección rítmica musculosa y un trabajo de guitarra que mezcla el fraseo tradicional con destellos de metal clásico, sin que el tema pierda su sabor de bar del South Side.

En lo lírico, el “Tail Dragger” es ese perro callejero “o amante empedernido” que se pasea arrastrando la cola de bar en bar, y la interpretación de Cactus acentúa el carácter pendenciero del personaje, subrayado por la manera en que Appice empuja el groove hacia delante sin apenas levantar el pie del acelerador.  

Aquí llegamos a uno de los centros neurálgicos del disco, “The Little Red Rooster”, probablemente el blues más famoso de Willie Dixon, reinterpretado por Dee Snider (Twisted Sister) a la voz y Tracii Guns (L.A. Guns) a la guitarra, con Jimmy Haslip en el bajo, bajo la batuta de Appice. El propio Carmine ha contado que armó la canción desde la batería, envió la base a sus compañeros Artie Dillon y Ed Terry, y a partir de ahí fueron sumándose Snider, Guns y Haslip hasta completar una versión que se presenta acompañada de un videoclip con estética western co-dirigido por el propio Appice.

La voz teatral de Snider encaja sorprendentemente bien en el rol del gallo que reclama su corral, mientras Tracii Guns se recrea en licks bluseros, dejando de lado el speed metal en favor de un tono más grasiento y arrastrado. La pieza, además, ha sido uno de los adelantos promocionales del álbum, subrayando su importancia dentro del concepto general. 

Probablemente el movimiento más arriesgado del disco es esta relectura en clave blues de“Purple Haze”, el himno psicodélico de Jimi Hendrix, cantado por la inolvidable Melanie. En las notas de prensa, Appice insiste en la singularidad de la cantante, destacando cómo su voz podía pasar de lo dulce a lo áspero en cuestión de segundos, y aquí esa dualidad funciona a la perfección sobre un arreglo que ralentiza el riff original y lo convierte en un mantra cargado de groove.

Lejos de intentar imitar la electricidad lisérgica de Hendrix, Cactus opta por hendrixizarel blues, es decir, llevar el espíritu del tema al terreno del shuffle pesado, con la batería marcando golpes secos y la voz de Melanie flotando entre la inocencia y la sabiduría, lo que termina dotando a la canción de un aire casi elegíaco. 

“Spoonful” es otro pilar del catálogo de Willie Dixon, reinterpretado por incontables artistas, y aquí Cactus decide ir a por todas reclutando a Ted Nugent a la guitarra y Bob Daisley al bajo. Talvez sea una de las versiones más pesadas que se han grabado del tema, conNugent empujando el riff hasta rozar el hard rock clásico mientras la sección rítmica lo mantiene firmemente anclado en el terreno del blues.

En lo temático, “Spoonful” habla de deseos que pueden volverse obsesión (ya sea amor, poder o cualquier “sustancia”), y la banda refuerza esa idea con un ambiente casi hipnótico, repeticiones, dinámicas que suben y bajan como olas, y una sensación de que un simple “cucharadita” puede arrastrarte mucho más lejos de lo que pensabas. 

Cierra el álbum como bonus track exclusivo “Feel So Good”, con Billy Sheehan de vuelta al bajo, Britt Lightning (Vixen) a la guitarra y Tommy Thayer (Kiss) como invitado adicional. Es un final claramente pensado como celebración, un tema más luminoso, donde la sensación de alivio después de la tormenta bluesera se traduce en un clima casi de jam final de concierto, todos los músicos sonriendo mientras estiran el último estribillo. 

El templo también es vuestro

Temple Of Blues II – All-Stars” no es un simple capricho de versiones ni un ejercicio nostálgico, es una relectura musculosa y sin complejo alguno del blues clásico, firmada por una banda que ha sido citada durante décadas como influencia clave del hard rock y que aquí decide volver explícitas esas raíces.

La producción, comandada por Carmine Appice y apoyada por colaboradores como Pat Regan, consigue que la avalancha de invitados se traduzca en un álbum cohesionado, donde cada canción tiene carácter propio pero todas hablan el mismo idioma, groove, riffs y respeto absoluto por el material original.

Para el seguidor veterano de Cactus, el disco funciona como una especie de espejo revisionista, los héroes de ayer rindiendo tributo a los héroes de antes de ayer, con la potencia y la claridad de sonido de 2026; para el oyente más joven, puede ser la puerta de entrada perfecta a nombres como Howlin’ Wolf, Willie Dixon o incluso la propia Melanie, envueltos en un contexto sonoro familiar al fan del hard rock contemporáneo. 

Hasta aquí este recorrido por “Temple Of Blues II – All-Stars” de Cactus, queridos lectores de LaCarne Magazine. Ha sido un placer abrir las puertas de este templo del blues pesado y acompañarles pista a pista en un disco que confirma que Carmine Appice sigue golpeando con la misma fuerza que en los setenta.

Ahora les toca entrar ustedes, ¿Qué tema les ha volado más la cabeza?, ¿Ya conocían la banda o es de esos gratos descubrimientos que suelen sorprender?. Los invito a dejar sus impresiones, dudas y debates en los comentarios de este artículo; el templo del blues se disfruta aún más cuando se llena de voces.

Encontrarás más información sobre Cactus en su Website, Facebook, Spotify.

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