HACIENDO RAP JUNTXS, Sin Fronteras desde los barrios periféricos

Agradecemos a Martin Biaggini, Lucia Calvi y Marisa Pignolo (Universidad Nacional Arturo Jauretche) quienes nos comentan en la presente entrevista exclusiva para LaCarne Magazine, sobre esta obra y proyecto fundamental intitulado Haciendo Rap Juntxs: Sin Fronteras, que une Latinoamérica desde el Hip Hop. 

Haciendo Rap Juntxs

Haciendo Rap Juntxs es un proyecto de Vinculación Territorial de la Universidad Nacional Arturo Jauretche, en Argentina, formado por docentes, alumnos y raperas / raperos del territorio del que nuestra universidad forma parte. Es la cristalización de una trayectoria de dos años de trabajo autogestivo y articulación territorial en el Conurbano Bonaerense. La idea del proyecto no surgió de manera aislada, sino como la evolución natural de un proceso comunitario de base que buscaba multiplicar las voces periféricas y llevar el intercambio cultural un paso más allá de las fronteras nacionales.

En el plano estrictamente musical, existía la urgencia de romper con la lógica individualista y mercantilizada que predomina en la industria musical contemporánea. Frente al paradigma del éxito en solitario, el proyecto nació como una apuesta por el trabajo colaborativo, la cocreación descentralizada y el enriquecimiento estilístico.

Al poner en diálogo a artistas de Argentina, Colombia, Uruguay, México y Honduras, el proyecto trascendió las particularidades regionales para revelar una matriz de identidad compartida que atraviesa a toda la periferia latinoamericana. En ese encuentro de acentos, ritmos y modismos, surgieron descubrimientos fundamentales que le dieron alma al álbum: el primer gran hallazgo fue comprobar que el «barrio» (colonia, pueblo, población, etc.) es un territorio común que supera cualquier frontera cartográfica. Las vivencias narradas desde una villa del Conurbano Bonaerense, un barrio de Bogotá, una colonia en San Pedro Sula en Honduras, un sector popular de Querétaro (México) o una zona periférica de Montevideo, comparten los mismos trazos: los mismos reclamos estructurales y las mismas fortalezas comunitarias.

Al cruzar las historias, se evidenció que los pibes y pibas (o parceros, o carnales o chavos o pelaos) de los cinco países, sufren las mismas violencias sistemáticas: la estigmatización por su forma de vestir, el color de piel o el código postal, y el constante hostigamiento de las fuerzas de seguridad.

Al contrastar las distintas escenas locales, descubrieron que el Rap en Latinoamérica no funciona únicamente como un género musical o de entretenimiento, sino como un dispositivo de supervivencia urbana y reivindicación identitaria.

El concepto de “Sin Fronteras” opera como una declaración de principios que desarma límites estructurales, simbólicos e invisibles. La primera y más feroz frontera que el álbum derriba es la del estigma y el prejuicio social, esa barrera invisible que divide la ciudad entre «el centro» y «el barrio», cargando a la periferia con la sospecha y la peligrosidad. El Rap rompe este prejuicio al tomar la palabra en primera persona: transforma la “portación de rostro” en identidad, el código postal en orgullo y la estigmatización mediática en poesía, demostrando que los sectores populares son usinas de pensamiento crítico y potencia creadora.

En paralelo, el proyecto resquebraja las fronteras territoriales y cartográficas al conectar mediante la tecnología y el trabajo en red, pasajes del Conurbano con comunas de Bogotá o callejones de Montevideo; las fronteras sociales y económicas al democratizar la producción cultural bajo la filosofía del Hazlo Tú Mismo; las fronteras generacionales al enlazar la memoria histórica del Movimiento con las nuevas capas juveniles; y las fronteras internas de la propia escena musical. Frente al fetichismo del éxito solitario y la competencia que impone el mercado, Haciendo Rap Juntxs demuestra que la verdadera potencia del Hip-Hop reside en la equidad de género, la organización comunitaria y la construcción colectiva.

El carácter coral y colectivo de Sin Fronteras se consolidó a través de una metodología de producción descentralizada que combinó la autogestión territorial con el uso estratégico de la tecnología. La construcción de cada obra fue un proceso dinámico de ida y vuelta: a partir de pistas producidas por El Cubano (histórico integrante de la agrupación Sindicato Argentino del Hip Hop), se abrieron canales virtuales de intercambio donde artistas de los cinco países compartían maquetas, audios de voz, ideas conceptuales y estructuras líricas.

Hacer convivir el lunfardo argentino, el parlache colombiano, el caló mexicano y los modismos hondureños y uruguayos en un mismo compás exigió una escucha atenta. El reto no consistía en estandarizar el lenguaje para volverlo «neutro», sino en potenciar la identidad local de cada voz. Se prioriza que cada artista rapeara desde su propia oralidad y métrica territorial, permitiendo que la riqueza del álbum residiera precisamente en el contraste de sus matices.

La implicación directa de una universidad pública como la Universidad Nacional Arturo Jauretche, a través de su Secretaria de Vinculación Territorial, representa un hito fundamental en la democratización del acceso a la producción cultural y en la legitimación de los saberes populares. Para el proyecto, que una institución académica trabaje en colaboración y al servicio del Hip-Hop, significa romper de manera radical con la histórica torre de marfil universitaria, esa distancia elitista que suele relegar a las manifestaciones de las periferias al lugar de mero objeto de estudio o de folclore marginal. 

En lugar de examinar al barrio desde afuera, la UNAJ se posiciona como una plataforma activa de co-construcción, donde el conocimiento académico se sitúa en pie de igualdad con la sabiduría comunitaria, el lenguaje de la calle y la vivencia territorial. Esta sinergia no sólo dignifica la cultura urbana al reconocer en el Rap un valor pedagógico, político y artístico de alta trascendencia, sino que también transforma la función social de la universidad pública, consolidándola como un espacio verdaderamente del pueblo, habitado por las juventudes y comprometido de forma concreta con la transformación, la justicia social y el desarrollo de redes transfronterizas desde el barro. 

En esa misma línea, el trabajo de las y los docentes investigadores/as, se aleja del extractivismo académico, ya que sostiene en una ética de investigar y construir “con” y “para” los otros, transformando al docente en un mediador metodológico, facilitador de herramientas institucionales y aliado estratégico.

Esta ética se materializa en la ruptura de la asimetría del saber: los docentes no acuden a «enseñar» la cultura Hip-Hop ni a teorizar sobre las vivencias barriales desde un pedestal académico, sino que reconocen en los pibes, pibas y “crews” del Conurbano la auténtica autoría, el saber técnico y la potencia lírica. 

Al estructurar el proceso mediante la co-autoría —evidenciada en publicaciones, antologías y producciones sonoras colectivas, donde la comunidad figura como protagonista y dueña de sus narrativas—, el proyecto garantiza que el conocimiento generado no quede atrapado en repositorios o bibliotecas universitarias. Por el contrario, retorna de manera directa al barrio en forma de recursos culturales, registros duraderos y redes comunitarias fortalecidas, garantizando que el compromiso con el territorio sea un proceso de devolución, respeto mutuo y ampliación de derechos.

Tanto en el disco que acabamos de sacar como en el libro de letras que publicamos en el año 2023, en las letras y en la identidad artística de quienes participan en el álbum, la periferia no ocupa un lugar secundario ni es un mero escenario de fondo; es el centro de gravedad desde el cual se piensa, se siente y se crea. Lejos de ser entendida como un espacio de marginación o pasividad, la periferia se consolida como el sujeto político y el motor estético de todo el proyecto.

En el plano lírico, el barrio popular se convierte en una cartografía viva de la dignidad y la resistencia. Las rimas no apelan a una romantización de la pobreza, sino a la narración genuina de la vida cotidiana en los márgenes: la autogestión frente a la ausencia del Estado, la cultura del trabajo no formal, la solidaridad en la olla popular, la identidad compartida en el potrero y la constante denuncia contra la violencia institucional y el sesgo mediático.

Al nombrar sus calles, sus esquinas y sus deudas históricas con sus propios modismos y tonadas, los artistas le quitan el micrófono al relato ajeno para construir una voz propia que transforma el estigma territorial en un profundo orgullo de clase.

La relación de trabajo con El Cubano y Martes 13 se construyó desde la afinidad territorial, el respeto por la trayectoria de ambos y una visión compartida de la cultura Hip-Hop como herramienta de transformación social. El primero, surgió en la escena local de los años 90, y formó parte de una legendaria agrupación de Hip-Hop argentino que llegó a trascender fronteras; el segundo de una generación más joven, forma parte de la producción de numerosos éxitos locales.

Lejos de posicionarse desde un lugar jerárquico o distante, ambos productores se sumaron al proyecto con una dinámica de acompañamiento horizontal y aprendizaje mutuo, poniendo sus herramientas técnicas y su sensibilidad artística al servicio de la construcción colectiva y del diálogo con los artistas de los cinco países.

El equilibrio entre la crudeza del Rap de los noventa y los lenguajes de las nuevas generaciones se logró mediante un diálogo intergeneracional directo y fluido, donde la tradición y la innovación no se pensaron como corrientes opuestas, sino como complementarias.

Apostar por una edición física que abarca el vinilo, el CD y el casete representa un acto de resistencia cultural y un homenaje directo a los orígenes del Movimiento. En una época dominada por la inmediatez, la volatilidad de los algoritmos y el consumo efímero del streaming, materializar el álbum en estos tres soportes es una forma de devolverle a la música su carácter de objeto preciado, tangible y duradero.

Editar Sin Fronteras en vinilo, CD y casete, junto a su distribución en plataformas digitales, es un gesto consciente para rememorar el Hip-Hop de la Vieja Escuela y volver a las fuentes más puras de la cultura. El casete evoca la era dorada de la autogestión y el mixtape, circulando de mano en mano entre los pibes del barrio; el vinilo rinde culto a la matriz misma del Movimiento, al arte de la mezcla, la aguja, el raspado y el crate digging que alimentaron a los primeros DJs en las fiestas de calle; y el CD simboliza la etapa de masificación e independencia discográfica que marcó a fuego a las generaciones de los noventa y dos mil.

Para el proyecto, esta apuesta representa tender un puente tangible entre la historia y el presente. Significa invitar al oyente a detenerse, abrir el arte, leer los créditos, contemplar las imágenes del proceso y escuchar el disco de principio a fin, tal como se hacía en los comienzos. Es afirmar que, aunque la tecnología digital nos permite conectar con cinco países en tiempo real, el objeto físico sigue siendo la encarnación de la memoria, un tesoro para los coleccionistas y amantes de la cultura urbana, y la prueba imborrable de que la historia de nuestros barrios quedó grabada para siempre.

Si, para quienes crecieron intercambiando casetes grabados de la radio, buscando CDs importados en disquerías independientes o cuidando los vinilos como tesoros, la relación con la música se construyó a través del tacto, del objeto físico y de la paciencia.

Traer de vuelta el vinilo, el casete y el CD en pleno auge digital es un guiño de complicidad hacia esa Vieja Escuela de melómanos que concibe al álbum no como un puñado de tracks aleatorios para una lista de reproducción, sino como una obra integral

El desarrollo del proyecto y la consolidación de la red comunitaria en Haciendo Rap Juntxs encontraron en la tecnología un aliado indispensable. Lejos de ser un mero soporte técnico, la tecnología actuó como el puente que hizo posible materializar la grabación del disco y conectar los procesos creativos de artistas provenientes de cinco países diversos. Gracias a las herramientas digitales de grabación, edición y comunicación a distancia, las barreras geográficas se diluyeron para dar paso a un trabajo colaborativo y mancomunado, donde distintas realidades, acentos y vivencias convergieron en un mismo territorio sonoro.

Esta articulación técnica y humana no es casualidad, sino la continuidad de una raíz histórica: hablar de Rap y de Hip-Hop es, indiscutiblemente, también hablar de democratizar la tecnología. La esencia misma de este Movimiento nació ligada a la apropiación y reconfiguración de los medios técnicos disponibles. Desde los primeros sound systems en Jamaica y su posterior desembarco en Nueva York -donde la figura del DJ transformó las bandejas giradiscos y las mezcladoras en instrumentos musicales-, hasta el hito del apagón masivo de 1977 en Nueva York, evento que permitió la democratización e independización del acceso a equipos de sonido en el Bronx, la tecnología siempre fue el catalizador que le dio voz a quienes no la tenían.

En Haciendo Rap Juntxs, esa misma impronta democratizadora de la tecnología vuelve a activarse. Así como los pioneros del Bronx tomaron los amplificadores y tocadiscos para construir una cultura global, hoy las redes de comunicación y la producción musical descentralizada permiten que raperos y raperas de distintas latitudes se reconozcan, produzcan colectivamente y fortalezcan una red donde la música sigue siendo la principal herramienta de transformación y encuentro. Sin embargo, no romantizamos el uso tecnológico: entendemos también que las redes, la internet, las plataformas, tienen dueños, poseen lógicas de mercado, y que el famoso “algoritmo” no está para ayudar a este tipo de procesos colectivos. 

A través del intercambio a distancia, el cruce de maquetas y el diálogo entre raperos y raperas, se identificaron ejes temáticos comunes que atravesaban sus realidades. Cada canción se constituyó como un capítulo conceptual que aporta a un relato general: la identidad territorial que trasciende fronteras geográficas para afirmar el valor de la cultura comunitaria y la esperanza colectiva. 

La letra de Barrio de Barro, nace del reconocimiento mutuo de las periferias. Aunque los artistas provienen de distintos puntos geográficos, la experiencia de habitar el barrio popular -sus calles, sus deudas históricas, la autogestión y el barro cotidiano- es una vivencia compartida. La letra de Lenguaje Universal surgió del propio proceso de integración cultural y técnico del proyecto. Al encontrarse con dialectos, modismos y acentos de cinco países distintos, los participantes identificaron que el Rap actúa como el código articulador que rompe cualquier barrera comunicacional.

El tema Uni2 se definió en torno a la práctica del trabajo colaborativo y la red comunitaria. El tema conceptualiza la alianza estratégica entre artistas de distintos lugares, haciendo énfasis en el esfuerzo mancomunado frente al individualismo que predomina en la industria musical. Por último, el tema El Futuro se gestó a partir de la mirada proyectiva de las pibas y pibes que participan en el Movimiento. Frente a contextos adversos que suelen limitar el horizonte de las juventudes de los barrios populares, las rimas se orientaron hacia el mañana, la juventud y la transformación social.

Creemos que nombrar el terruño o lugar del que venimos es mucho más que una simple mención geográfica: es el pilar fundamental de la identidad, la credibilidad y la narrativa del artista. Al rimar sobre sus propios barrios, los raperos construyen una geografía narrativa que sirve como escenario de sus historias y como una crónica social que da voz a comunidades periféricas habitualmente invisibilizadas por los medios masivos. Así, el territorio define el contexto social, los peligros y las vivencias que moldean la mentalidad del MC, transformando la canción en un archivo histórico de la realidad urbana.

El lanzamiento del álbum no marca el final del camino, sino el punto de partida y la prueba de concepto de lo que esta red es capaz de lograr. Más allá del disco como objeto artístico, la verdadera meta de Haciendo Rap Juntxs: Sin Fronteras es que el tejido humano, político y cultural que se construyó a lo largo de estos dos años de trabajo autogestivo permanezca vivo, autónomo y en permanente expansión. El objetivo es que los puentes tendidos entre Argentina, Colombia, Uruguay, México y Honduras sigan funcionando como un canal fluido para la gestión de futuras colaboraciones musicales. 

Se busca que las herramientas técnicas, las metodologías de trabajo colaborativo a distancia y la alianza estratégica con instituciones como la universidad pública queden a disposición de los barrios como un recurso acumulado. La intención es que las pibas y pibes de las distintas periferias sepan que no están aislados en sus luchas locales, sino que forman parte de una trama continental organizada que puede auto-gestionar sus propios medios de producción y difusión.

En última instancia, lo que se espera es que Sin Fronteras trascienda como un modelo replicable de articulación popular. Un espacio donde las futuras generaciones de raperos y raperas encuentren un refugio de contención, una escuela de formación y una trinchera colectiva desde la cual seguir pensando, creando y transformando la realidad de toda América Latina.

El mensaje que quisiéramos dejarle a cada pibe y piba que hoy agarra un cuaderno o un micrófono en cualquier rincón de América Latina es que no esperen a que nadie les otorgue el permiso para hablar; su voz ya es legítima y su realidad vale la pena ser contada. La historia del Hip-Hop nos enseña que esta cultura no nació en los grandes estudios ni en las alfombras rojas de la industria, sino en las plazas, en las esquinas y en la necesidad urgente de responder al olvido con arte, dignidad y organización.

Les diríamos que no se dejen encandilar por la lógica del éxito individual o las métricas vacías del mercado. El verdadero poder del Rap no está en cuántas vistas junta una canción en solitario, sino en la capacidad de construir comunidad y tejer red. Cuando se comparte el micrófono, cuando se trabaja de manera mancomunada con el de al lado y se busca al compañero de otro barrio, de otra ciudad o de otro país, la rima deja de ser sólo una melodía para convertirse en un martillo colectivo capaz de derribar cualquier frontera y cualquier estigma.

Apóyense en la tecnología disponible, aprópiense de las herramientas que tengan a mano y ejerzan la autogestión sin miedo. La periferia no es una carencia, es una usina inagotable de identidad, poesía y potencia transformadora. Confíen en su raíz, defiendan su oralidad, respeten la historia del Movimiento, y, mantengan la ternura y la solidaridad comunitaria como bandera. Háganlo juntos y juntas, porque cuando las periferias de nuestra Patria Grande cantan unidas, no hay muro, prejuicio ni silencio que pueda apagar la fuerza de su voz.

Contactos de HACIENDO RAP JUNTXS:

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