Más de tres décadas de trayectoria han convertido a Hernán Laguna y a Laguna Mental en nombres fundamentales para comprender la historia y la evolución del Rock boliviano desde una perspectiva profundamente personal, libre y alejada de las fórmulas.
Desde sus primeros pasos en Sucre, pasando por Viuda Negra, La Logia y El Silencio, hasta una discografía marcada por la exploración y la libertad creativa, su música ha sabido construir una identidad propia, alimentada por el Folklore, el Jazz, la Música Clásica y, por supuesto, el Rock. Esa búsqueda alcanza un nuevo punto de inflexión con Sueños Conscientes, un álbum nacido de experiencias oníricas y sueños lúcidos, y desarrollado a lo largo de un complejo proceso de producción que atravesó los años de pandemia.
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Laguna Mental, sueños, rock y una vida dedicada a la creación

En este nuevo capítulo, Laguna también contó con la participación de destacados músicos y productores vinculados al universo de Gustavo Cerati, entre ellos Fernando Nalé y el recordado Martín Carrizo (+), cuya huella permanece profundamente ligada al proyecto. El resultado es una obra de sonido renovado que dialoga con su pasado sin renunciar a la experimentación y que reafirma una filosofía esencial: dejar que cada canción encuentre por sí misma la manera de ser vestida.
Con más de 33 años de carrera y nueve discos publicados, Hernán Laguna continúa mirando hacia adelante y ya trabaja en Lattice, su próximo desafío. En exclusiva desde LaCarne Magazine, conversamos con él sobre sus raíces, sus sueños, la creación, la pérdida, el Rock boliviano y la necesidad de continuar construyendo obra sin detenerse.
Han pasado más de tres décadas desde que comenzaste tu camino en el Rock. Mirando hacia atrás, ¿qué momentos consideras decisivos para convertirte en el músico y compositor que eres hoy?
Sí, siempre tengo en mente momentos clave impulsores, en principio recibí mucha música por parte de mi familia y mi entorno en Sucre, desde Ópera, Cueca chuquisaqueña, Jazz, Folklore autóctono y por supuesto Rock, tener a mi alcance la guitarra criolla de mi abuelo; mi primer encuentro con la guitarra eléctrica en el colegio católico, ver por primera vez En Vivo a Moby Dick (banda chuquisaqueña iconoclasta), conocer a mis futuros compañeros de banda (Viuda Negra) y tener nuestro primer ensayo juntos.
Mi primer encuentro con Juan Calderón (+) en Potosí, el rugido del público en un concierto masivo en el Estadio Sucre -mi ciudad- en 1994, George Cronenbold de Wara diciéndome que se sentía orgulloso de mí en el Conservatorio de Música, después de oír mi versión de la canción Wara -justamente-, mi padre reconociéndome como compositor, recibir un Premio Nacional que ponía a mi disco Rupestre en el podio, mi primer concierto compartiendo escenario con mi hijo Diego, y por último, Fernando Nalé al teléfono con una frase contundente: “te lo merecés”.
Desde Viuda Negra, La Logia, El Silencio y tu proyecto Laguna Mental, ¿qué ha permanecido inalterable en tu identidad musical y qué ha evolucionado con el paso del tiempo?
Todos tenemos una marca registrada al momento de escribir, cantar o ejecutar nuestro instrumento, eso no cambia, puede evolucionar -en mi caso- con el canto, en el sentido de menos desafinaciones y cosas así, pero la esencia y la particularidad son parte de uno siempre. El audio (grabación, mezcla y mastering) creo que, sí ha dado saltos, en especial con Sueños Consientes.
El título Sueños Conscientes despierta mucha curiosidad. ¿Qué representa este álbum a nivel personal y artístico dentro de toda tu discografía?
Obedece a momentos en los que uno siente como una elevación del Espíritu, donde puedes despertar en un sueño sin acceder al plano físico y transmutar todo eso en canciones; aparte que el hecho de, aparecer sin siquiera “soñarlo”, grabando un disco de mis canciones con gente que milita en las ligas mayores, y, que encima grabaron discos con mi ídolo máximo del Rock latinoamericano, marca para mí un punto de inflexión y literalmente era soñar despierto, sin duda es un pico alto.
Has mencionado que las composiciones nacieron de sueños lúcidos. ¿Cómo logras convertir esas experiencias tan íntimas en música capaz de conectar con el público?
En este caso, las canciones prácticamente vinieron así de origen, es decir, desde algunos sueños lúcidos; creo que conecta con el público porque todos hemos tenido ese tipo de experiencias, que, en el plano místico significan mucho; lo demás, es decir, la grabación y todo su proceso, siempre tiende a ser prácticamente lo mismo, con variaciones a gusto personal.
Estar en diferentes ciudades -por el tema de la pandemia- jugó primero en contra y luego muy a favor; después están las letras, que siempre me cuestan mucho y se identifican con ciertas imágenes de esos sueños y los sentimientos a los que fui proclive en esos momentos.
A diferencia de tus trabajos anteriores, comentaste que este disco incorpora sonidos más modernos. ¿Qué nuevas influencias o recursos musicales decidiste explorar en esta ocasión?
Decidí que esta vez yo no iba a producir el disco -como siempre lo había hecho-, no quería estar predispuesto a nada de lo que ya había hecho antes, y les pedí a Martín Carrizo y Fer Nalé que sean los productores del disco, más adelante Nalé tomó las riendas absolutas de la producción musical, eso llevó a un audio general bastante moderno, donde obviamente se podía sentir una presencia ceratiana en los audios logrados.
En diciembre del 2021 aproveché de ser parte de la producción de guitarras y el resultado final fue como una especie de amalgama de mundos, con lo que quedé muy satisfecho, la mezcla y mastering a cargo de Hernán De Micheli, también jugó un rol decisivo en cuanto al resultado acústico final, muy moderno y distinto a todo lo que había hecho antes.
El proceso de grabación se extendió entre 2019 al 2022 y estuvo marcado por la pandemia. ¿Cómo influyeron esos años de incertidumbre en el resultado final del álbum?
Al principio, la pandemia fue una noticia devastadora, Fer tenía que estar en Sucre en abril del 2020 para acabar de grabar el disco, y de paso, tomarse un descanso, y, eso ya no iba a ser posible. Sirvió mucho el encierro para dejar madurar el disco y re pensar mucho, en mi caso: las letras.
Fernando después del encierro comenzó a ir al Estudio Sonorico, y así, con idas y venidas de lo que se grababa en ambas ciudades, se completó muy relajadamente el proceso de grabación; seguramente hubiera tardado muchísimo menos, pero tardé demasiado en encontrar mi voz para todo lo que se había trabajado.
Uno de los aspectos más llamativos del disco fue la participación de músicos vinculados a Gustavo Cerati. ¿Cómo recuerdas el momento en que Fernando Nalé aceptó escuchar tus composiciones y qué significó para ti esa oportunidad?
La historia es algo larga, pero yo -la verdad- no había pensado nunca en la posibilidad de algo así, me hicieron pensar en la posibilidad, pero desde una broma llena de sarcasmo negro.
Meses después contacté a Fer a través de un correo electrónico para alumnos de bajo que él utiliza, y que aparecía en las redes, no pensé que respondería, me escribió preguntando qué tenía en mente, yo le dije que quería grabar un disco, y, él sin oír nada me dijo que le encantaría ser parte, en ese momento dudé si era él realmente, le envié canciones sueltas de Rupestre, él me respondió haciendo análisis profundos de mi obra y además me presentó a Martín Carrizo y lo propuso para realizar la pre producción, coproducción y grabar las baterías.
En ese momento yo estallé, de verdad no lo podía creer, un año después lo asimilé y comencé a hablar de lo que estaba ocurriendo, seguramente quedando de “loco” la mayoría de las veces.
La pérdida de Martín Carrizo fue un golpe para la música latinoamericana. ¿Qué enseñanza te dejó haber trabajado en la preproducción junto a él y cómo cambió el rumbo del proyecto tras su fallecimiento?
Su energía y entusiasmo eran contagiosos, cuidaba y miraba con atención cada detalle y buscaba desde la razón, la belleza que se podía ocultar en aspectos a los que nadie le habría prestado atención, su poder de convencimiento era un espectáculo.
Cuando supe de su enfermedad, estaba seguro que la iba a superar, justamente por esa tenacidad y su capacidad de hacer que las cosas sucedan desde su ferviente deseo que sucedan, como ocurrió con el hecho de tocar con su también ídolo Gustavo Cerati. Su partida dejó una herida abierta en el disco y mucho dolor, la posta se la dimos a mi coterráneo Carlos (Zega) Zegada, gran batero y un fan declarado de Martín, que estudió mucho la pre producción y nos entregó un trabajo magistral de batería en el disco.
Música, identidad y una mirada propia
¿Qué diferencias encontrará el público entre Sueños Conscientes y discos como Laberinto, Rupestre o Litio en cuanto a composición, sonido y concepto?
Creo que están ya acostumbrados a la sorpresa, ninguno fue de los que sigue un estilo en particular, le decimos Rock Progresivo, porque creo que es el que más acorde está a lo que hago, libertar pura y dura; dejar que la canción pida cómo ser vestida. Un común denominador, es la línea conceptual de cada uno de mis discos, siempre hay un hilo conductor.
Fábula, Sin piel y Cerca de ti fueron los primeros adelantos del álbum. ¿Por qué elegiste precisamente esas canciones para presentar esta nueva etapa?
La verdad, es que, porque son las que a mi criterio están mejor logradas.
El videoclip de Fábula fue realizado en apenas 50 horas dentro del Sucre Filma Rally. ¿Qué importancia tiene para ti el componente audiovisual al momento de presentar tu música?
No soy de hacer videos, hice uno de Me Pierdo, pero la canción es tan larga que tuvieron que cortarla -por temas de presupuesto-, y también dos intentos fallidos con Cenizas de Rupestre y La Marcha de Litio, la producción de videos es bastante cara, muchísimo más que un disco, y, salvo que uno vaya a entrar en un proceso de promoción que -por ejemplo- implique vivir de la música, no vale la pena erogar tanto para un medio como el nuestro, que no te permite -por diferentes razones- ejercer de artista.
Encima, los temas son largos y eso significa mayor costo también. Lo del Rally fue espectacular y nos permitió tener un genial video clip.
Has compartido escenario y proyectos con varias generaciones de músicos bolivianos. ¿Cómo percibes la evolución del Rock nacional desde los años noventa hasta la actualidad?
Para mí, la pureza del Rock boliviano tiene que ver muchísimo con su capital, pero el centralismo es una barrera, el tema es escabroso y no soy de mirar mucho a los lados, sería injusto e irresponsable hablar desde un escaso conocimiento de la obra en su totalidad, estoy seguro de que en cada ciudad de Bolivia hay algo valioso, pero está oculto.
Tus influencias van desde The Beatles, Queen y Led Zeppelin hasta Soda Stereo y el patrimonio musical de Sucre. ¿De qué manera conviven todas esas referencias en tu forma de componer?
No pienso en las bandas que me gustan a la hora de componer, simplemente las canciones llegan, y con seguridad, a la hora de producir brotan algunas influencias (como le debe ocurrir a todo el mundo), cuando me doy cuenta, suelo ir por otra ruta.
En tiempos donde predomina el consumo digital, decidiste lanzar una edición física de lujo del último álbum y no así en streaming. ¿Qué valor sigue teniendo para ti el formato físico y el arte del disco?
Tiene que ver con la prevalencia del arte en términos generales, si hubiera estado a mi alcance también habría salido una edición en vinilo.
Después de celebrar más de 33 años de trayectoria y nueve discos publicados, ¿qué desafíos personales continúan motivándote a seguir creando?
Este año comencé la pre producción de mi nuevo disco Lattice, eso me mantiene alerta y representa un desafío mayor que Sueños Conscientes, ¡es muy ambicioso y una locura como siempre!
¿Cómo fue el reencuentro con el público durante la presentación En Vivo de Sueños Conscientes y qué sensaciones te dejó interpretar estas nuevas canciones sobre el escenario?
La verdad, pensé que nadie iba a asistir, he evitado la difusión, las entrevistas, etc., huyendo absurdamente de una fama que en Bolivia es ficción y hasta perjudicial. El hecho de difundir el trabajo desde las redes sociales, y gracias a las menciones de Fer Nalé en la prensa argentina, al parecer, han cultivado -también gracias a los años- un público al que se le suele denominar como “de culto”.
Presenté el disco en el Paraninfo Universitario (que es un lugar muy atípico para una presentación de un grupo de Rock) con un lleno total, fue muy gratificante.
Observando el panorama del Rock boliviano actual, ¿qué oportunidades y desafíos identificas para las nuevas generaciones de músicos independientes? ¿Algunas bandas sugerencia?
El problema es la difusión, calidad hay por doquier, alguien en las altas esferas se tiene que proponer poner a la música contemporánea boliviana en el éter latinoamericano -al menos-. Me gusta NUKEM, una banda local en la que mi hijo es el compositor y guitarrista.
Para finalizar, ¿qué mensaje te gustaría compartir con los lectores de LaCarne Magazine en Latinoamérica y Europa, y qué pueden esperar de Hernán Laguna y Laguna Mental en los próximos años?
No hay que parar la obra bajo ninguna circunstancia, ese es mi mensaje, los sueños se realizan para el que persevera con pasión, siempre habrá un disco nuevo de Laguna Mental esperando a ser grabado.
La conversación con Hernán Laguna deja la sensación de estar frente a un artista que ha entendido la creación musical como un camino de búsqueda permanente, donde la experiencia, los sueños, las pérdidas y las distintas etapas de la vida terminan convirtiéndose en materia prima para nuevas canciones.
Sueños Conscientes representa justamente ese espíritu: una obra construida desde la libertad, pero también desde la perseverancia y el deseo de explorar territorios sonoros diferentes. Su recorrido junto a músicos de gran trayectoria, la huella imborrable de Martín Carrizo y el aporte decisivo de Fernando Nalé, forman parte de una historia que trasciende un álbum y habla de la capacidad de seguir creyendo en una obra propia.
Hoy, mientras prepara la preproducción de Lattice, Laguna demuestra que más de tres décadas de trayectoria no han disminuido su inquietud creativa; por el contrario, parecen haberla convertido en un desafío todavía mayor. Su mensaje final resume una filosofía que atraviesa toda su carrera: “No hay que parar la obra bajo ninguna circunstancia”.
En un panorama donde muchas veces la difusión resulta tan difícil como la propia creación, continuar haciendo música, defender una identidad y perseverar con pasión se convierte también en una forma de resistencia. Laguna Mental sigue adelante, demostrando que siempre habrá un nuevo sueño por transformar en canciones y un nuevo disco esperando ser grabado. ¡Un orgullo nacional!
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