Figaro – En la plaza de mi pueblo

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   Me junté el día de marras (¡¡¡por fin salía de su habitáculo habitual1 La Orquesta de Extremadura!!!) con mi amigo, compositor y músico, Carlos Ojeda2, pero antes estuve charlando, camino de comprar unas cervecitas fresquitas (que no frías, ya que me las agenciaba en un restaurante paquistaní3 de la calle de los bares4 de la capital cacereña, y estos colegas, los pakis, no saben lo que es la cerveza fría, no la beben, no trasiegan alcohol y rezan cinco -5- veces al día mirando a La Meca), con el señor Bernal, antiguo profesor mío en la Universidad (Literaturas en General, Decimonónica en Particular -lo que suspiraban por él las compañeras; también lo hacían, el suspirar, digo, por otro profesor, en este caso, por el de filosofía, el señor don Isidoro Reguera, una lumbrera europea especialista en Wittgenstein-), y me dijo, “tú que sabes de esto (eso lo dijo él, no yo), ¿qué opinas de…?”, y puso cara de, “en fin, esto es lo que hay”, y se refería a la Oex y a su concierto en la Plaza Mayor de Cáceres, aquel que en su día atrasaron, en el mes de junio, por miedo a la lluvia (¿qué carajo iba a llover ni ná, lo que pasa es que dijeron, no los músicos, claro, sino los dirigentes políticos e intelesstualeh, “ahora no tocan en la plaza mayor del pueblo, y en cuanto haya un evento digno de ser agasajado, los sacamos y quedamos como dioses”). Le respondí al señor Bernal diciéndole que me parecía de puta madre el que salieran a la calle, los de la orquesta, y que cuándo estos profesionales se habían visto rodeados de tantos oyentes o escuchantes, porque lo cierto es que si tuvieran que vivir de las entradas o de los abonos que venden, por los cohones iba a tener Extremadura una orquesta como la que tiene, una orquesta, que en el argot, “pita”, o sea, que suena (bien, bien, bien).

    Llevamos al concierto a [email protected] crí@s, y me gustó verlos correr y jugar por allí, más allá del público, parándose y escuchando, casi extasiados, o extasiados del todo, en los momentos en que la orquesta atacaba5 los pasajes más vistosos y estruendosos (recuerdo cierto viaje con La Grillería, ¡¡aúpa Tuna!!, a Alemania, en el que llegamos a Bremen –por aquello de hacerle un homenaje a sus famosos músicos6– y en la plaza Unser Lieben Frauen Kirchhof de la ciudad nos encontramos con un concierto dentro de la semana dedicada a Schubert, una “Schubertiada” de las muchas que se celebran en Alemania; allí había muuuucha gente congregada, y además de todas las edades, de cero a cien años, y nadie, nadie, nadie se movía, y además cantaban, muy por lo bajini, eso sí, acompañando a la soprano que interpretaba “La novicia”, sobre un texto de Craigher, y todos pensamos, “joder, qué cultura musical tienen estos cabrones”).

La OEx salió a la calle, a la Plaza Mayor de mi pueblo (de mi pueblo al mundo) e interpretó a Bellini, Mussorgsky, Verdi, Chapí, Giménez y Moreno-Torroba. Se echó de menos, por parte de los entendidos (entre los que por supuesto no me cuento, por supuesto), algo cantado (que para eso hay un Coro oficial vinculado a la OEx, ¡coño!). Nos lo pasamos muy bien, y espero que dicha iniciativa se repita con asiduidad si fuera o fuese posible.


NOTAS
1¿Cuál es el “habitáculo habitual” de la Orquesta de Extremadura en Cáceres? Antes era el Auditorio, pero desde que lo han hecho Palacio de Congresos… se han quedado en el Gran Teatro, donde los músicos están como sardinas en lata (apretados).
2Ha preparado un disco junto con Jesús Figueroa, Kinky Attitude, que es la rehostia.
3El K2 (Ketu).
4General Ezponda.
5Cuando una orquesta, o conjunto musical inicia algún pasaje, o concierto, a esa acción de tocar, de empezar, en un argot más o menos “músico-intelesstuà”, se la denomina “atacar”.
6Los músicos de Bremen es un cuento de los hermanos Grimm (burro, perro, gato y gallo) que transcurre en Dibbsersen, en la Baja Sajonia, en los alrededores de Bremen.

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