Hablar de Mariano Rucci es recorrer buena parte de la historia del Rap argentino desde sus primeros años, cuando la cultura Hip Hop todavía estaba construyendo sus propios espacios, códigos y formas de difusión. Desde aquellos primeros encuentros musicales en la adolescencia y su paso por 9 milímetros, hasta la producción, la composición y las nuevas búsquedas sonoras, Rucci ha transitado más de tres décadas entendiendo la música como una herramienta de expresión, aprendizaje y transformación.
Su historia también habla de una generación que hizo crecer una escena prácticamente desde cero, a fuerza de autogestión, encuentros, escenarios, cassettes, volantes y una profunda convicción artística.
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Mariano Rucci, Del Rap argentino al Tango Urbano

Pero su recorrido no se detuvo en el Rap. El encuentro con el Tango abrió una nueva dimensión creativa que con el tiempo desembocaría en proyectos como Yira y ATR- Argentina Tango Rap, además de colaboraciones con artistas de nuevas generaciones como YSY A.
Entre el barrio, la poesía, la memoria, la experimentación y las posibilidades que ofrecen las herramientas digitales, Mariano Rucci continúa buscando nuevas formas de hacer música sin perder de vista sus raíces.
En esta entrevista exclusiva para LaCarne Magazine, repasamos su trayectoria, los momentos decisivos de su carrera, la evolución de la cultura urbana y esa exploración permanente que él mismo define como la de un “buscador insaciable de conocimiento y emociones musicales”.
Mariano, para comenzar este recorrido por tus 35 años de carrera, queremos volver a tus primeros pasos. ¿Cómo nació tu relación con la música?
Mi relación con la música empezó a los 12 años, cuando aprendí a tocar unas canciones —en guitarra— de una iglesia a la que concurría. A los 14 me compré —con mis ahorros— mi primer bajo eléctrico (un FAIN usado). Vivía —por supuesto— con mis padres y, junto con mi hermano, improvisábamos canciones de todo tipo en la pieza. Él en la batería y yo con el bajo.
¿Qué circunstancias de tu adolescencia te llevaron a descubrir el Rap, la cultura Hip Hop y la posibilidad de convertir la música en una forma de expresión propia?
Teníamos un disco de Public Enemy (no recuerdo el nombre), alguno de Run D.M.C., todo en cassette, y compañeros míos de la secundaria me pasaban material de Rap y Hip Hop (me voló la cabeza). Empezamos a tocar sobre esos cassettes y traté de buscar información en Parque Rivadavia de este «nuevo género»; terminé la Carrera de Magisterio en Artes Visuales y, con el acceso a la cadena MTV, me llegaron los Beastie Boys. Ahí perdí el control y empecé a estudiar música seriamente, a los 15 años, con un profesor particular.
Ese era mi canal de expresión, la música. Tocaba sobre discos de todo tipo. Desde U2 hasta Parliament-Funkadelic.
Cuando hablamos del Rap argentino de los años 90, hablamos de una escena que todavía estaba construyendo su identidad. ¿Cómo recuerdas aquellos primeros años y qué significaba hacer Rap en Argentina cuando todavía no existía la infraestructura, la difusión ni las plataformas que existen actualmente?
Estábamos creando una escena, sí. Difundíamos los shows con volantes (lo que hoy se llama flyers), hechos a mano, y hacíamos 5 mil fotocopias. Nos íbamos a recitales en Cemento y volanteábamos. ¡Tocábamos todos los fines de semana en cualquier lugar! Nuestra intención era hacer música y encender el motor del Movimiento. Se comenzó a hacer ruido y a nuclearse entre otros grupos de Hip Hop, una cofradía de amigos y colegas músicas. ¡Todos muy jóvenes!
9 milímetros se convirtió en una banda fundamental dentro de aquella primera generación profesional del Rap argentino. ¿Cómo nació el grupo? ¿Quiénes lo integraron?
Cuando empezamos los primeros ensayos con 9 milímetros, éramos 2faces en voz, Alejandro Rucci en batería, DJ Bart en bandejas y yo en el bajo. Dimos unos cuantos shows con esa formación y luego se integró Chalito Gómez en la guitarra.
¿Qué buscaban expresar musicalmente cuando comenzaron a trabajar juntos?
Teníamos un mensaje que dar y lo hacíamos sin pelos en la lengua. Una mezcla de enojo y consciencia adolescente. Pura pasión; técnicamente, todos estudiábamos música y eso destacaba en los shows. Queríamos expresar que el Rap era el Movimiento representativo de los jóvenes de los 90.
Compartir aquella experiencia con tu hermano Alejandro Rucci seguramente tuvo una dimensión musical y personal muy particular. ¿Cómo funcionaba esa dupla creativa y qué aportaba cada uno a la identidad de 9 milímetros?
La dupla de los Rucci Brothers (como nos llamaban los conocidos) era la base fundamental de la formación. Nos pasábamos horas ensayando las bases, escuchando música, improvisando. Fue una etapa muy fuerte —emocional y profesionalmente— haber compartido toda la aventura juntos; mágico. A Ale le decían El Pulpo; en los shows ejecutábamos solos de batería y bajo juntos, una locura para la época y nuestra edad.
9 milímetros consiguieron algo que para aquella época era especialmente significativo: editar profesionalmente su material y alcanzar distribución a través de Universal. ¿Cómo vivieron ese salto desde la escena independiente hacia una estructura discográfica profesional y qué aprendiste de aquella experiencia?
La experiencia con una multinacional no cambió mucho nuestra realidad, sólo que veías en todas las cadenas de venta de discos nuestro primer álbum. Tuvimos que financiar nosotros la realización del disco. Nada del otro mundo; sí fue un apoyo en la distribución, nada más.
También existe una dimensión documental alrededor de aquella historia a través de La Evolución del Flow. ¿Qué representa ese libro para vos?
La Evolución del Flow creo que generó una comprensión histórica —a través del tiempo— de lo que fue la escena del Hip Hop en Argentina. Acercó a otras generaciones a las raíces de la cultura Hip Hop y motivó a la lectura a jóvenes inquietos por saber más. Un aporte cultural enorme.
¿Qué aspectos de aquella primera generación del Rap argentino consideras fundamentales para comprender cómo evolucionó la cultura Hip Hop?
La autogestión y una verdadera “sed” de trasmitir el mensaje de lo que pasaba en nuestras vidas, en nuestros barrios, en la época política-económica que vivíamos y la pasión por el género fueron fundamentales.
Con el cambio de siglo, muchos artistas de aquella generación tomaron caminos diferentes. ¿Qué ocurrió musicalmente con Mariano Rucci en ese momento?
En el 2000, 9 milímetros se disuelve por diferentes motivos personales y musicales. Nace mi primer hijo y, con 23 años, mi amor por el Movimiento no desaparece, aunque sí mi permanencia. Pude comprarme un sistema de sonido y me puse a producir eventos en los cuales podía participar como artista también.
¿Qué necesidades creativas comenzaron a llevarte hacia otros territorios sonoros?
Improvisaciones de Jazz, Funk o Soul me llevaron hacia otros campos y otras búsquedas. Necesitaba expandir mis conocimientos musicales y en esa búsqueda estuve muchos años.
Con Yira aparece una transformación muy interesante: Tango, Rock, Electrónica, instrumentos acústicos y una fuerte narrativa urbana. ¿Cómo nació Yira y qué encontraste en el Tango que te permitió continuar desarrollando tu identidad como compositor?
Yira nace como un proyecto casi solista. Junto a Nacho Cabello (un gran músico de Tango argentino) y con mi Home Studio, armamos las primeras canciones. Luego quedé solo en el proyecto, aunque asociándome con otros colegas; en el 2003 terminé el primer disco de la Orquesta Electroviaje Porteño. En el Tango encontré —y sostengo— una similitud narrativa escrita muy empática: en las milongas el cantor recita sus dilemas como así lo hace el Rap.
Muchos años después explicaste que encontrabas un vínculo profundo entre el Tango y el Rap porque ambos podían funcionar como voces del barrio. ¿Cuándo descubriste personalmente ese puente?
A fines del 90, mi tía Tona me regaló una serie de casettes y me dijo: «Esto es lo que vos querés hacer». Era Edmundo Rivero y su disco En Lunfardo. ¡Tremendo! No se equivocó. Ahí un poco descubrí cómo era la película en la que quería ser protagonista y lo fui.
¿Qué significó para vos comprender que aquellas dos músicas aparentemente separadas tenían tanto en común?
De ahí en más me seguí identificando con el género, que humildemente lo llamo Tango Urbano. Las letras de Rivero y las de colegas y artistas de Hip Hop nacionales, a mi entender, tienen una enorme afinidad. De narrativa y poética, de discusión y excesos, de barrio. Ambos géneros nacieron en los suburbios, de la clase baja trabajadora. No son sólo coincidencias, son casualidades.
Raíces, identidad y evolución sonora

Sus letras transitan por personajes, noches, barrios, códigos, marginalidad, conflictos y situaciones cotidianas. ¿Cómo trabaja la construcción de esos personajes y cuánto hay de observación de la realidad, experiencia personal e imaginación en tus letras?
En mis letras hay un poco también de introspección. Relato vivencias mías y de personajes comunes cotidianos. Hablo de la sombra y luz de la persona, del desamor, de algunos excesos, la noche, la soledad y el desvelo. La justa causa común: observo y relato, miro y registro. Para los discos de Yira escribí más de 100 canciones; por supuesto que muchas las considero una porquería, aunque es parte del camino y de esa búsqueda creativa tan ansiada.
En 2018 se produce un momento fundamental: vuelves a encontrarte con Smoler Bazz y Alejandro Rucci, compañeros de aquella escena de los 90, para comenzar una nueva etapa alrededor del Tango y el Rap. ¿Cómo fue ese reencuentro después de tantos años y qué conversación hizo posible que volvieran a trabajar juntos?
Una felicidad enorme, ¡imagínate! Mis hermanos de la vida, de sangre y de escenario, de recorrido. Hablando con Martin Biaggini —un amigo primero—, sociólogo y escritor, investigador del Movimiento, nos convoca a Ale y a mí para formar parte de un capítulo con 9 milímetros. En la charla se me ocurrió proponerle hacer el bonus track del libro y quedó la idea flotando. Activamos rápido —por esa misma sed que sentíamos en la adolescencia— y Ale lo llamó a Smoler; fuimos a su Estudio en Morón y empezó la magia. Muchos recuerdos, respeto y admiración mutua. Estábamos para escribir una nueva hoja en blanco juntos.
De ese encuentro nace ATR — Argentina Tango Rap, concebido no solamente como proyecto musical sino también como movimiento cultural. ¿Qué objetivos tenían originalmente y qué querían recuperar o transmitir a las nuevas generaciones?
Soñamos con generar un Movimiento artístico entre la música urbana y nuestra música popular, el Tango. No como tradicionalistas ni fundamentalistas, sino para desarrollar obras que tengan un sonido a nuestras raíces musicales.
Que todos y todas quieran un beat tanguero, en principio, era una tarea de mucho tiempo. Hicimos un gran trabajo en la corta etapa del proyecto.
Uno de los momentos más significativos de esa etapa fue el encuentro con YSY A y la creación de Traje unos Tangos. ¿Cómo fue aquella primera sesión de Estudio y qué ocurrió cuando comenzaste a trabajar con bandoneones, pianos y cuerdas e YSY A empezó a improvisar sobre esa música?
Estábamos ensayando en las salas de la editorial que compartíamos con varios artistas, entre ellos un YSY A en subida, en desarrollo y con una altísima proyección. Se acercó Don Roque (su representante) y me dijo que era fanático del Tango, y me ofreció producir algo juntos para YSY. Siempre lo imaginé, pero este encuentro fue muy especial: no sabía cómo iba a subirse a una instrumental tanguera.
Llevé al Estudio un disco rígido, con decenas de samples y grabaciones mías, y con él elegimos la que más le gustó. Fue muy rápido; no buscamos mucho, él es un enorme autor y compositor. Me sorprendí —al instante— al ver cómo componía la letra y cantaba improvisando. ¡Increíble! Una fluidez de otro planeta. Así, junto a otro productor que me ayudó con las programaciones y el productor de ese momento de YSY, logramos lo que, para mí y sólo para mí, es la primera obra de Tango Urbano.
Vos perteneces a una generación que construyó el Rap argentino cuando prácticamente todo estaba por hacerse, mientras YSY A representa una generación que creció con otra tecnología, otra industria y otra forma de distribuir música. ¿Qué aprendiste de esa nueva generación y qué crees que ellos encontraron en la generación de 9 milímetros y ATR?
Fue un encuentro generacional y cultural muy importante. En los 90 no existía nada de tecnología ni aplicaciones ni redes ni plataformas, sólo cassette, CD y vinilo. Esto quiere decir que la industria del disco físico también desapareció y este quiebre impulsó a los artistas a difundirse y trabajar de otra manera. El ejemplo de YSY y trabajar con él y su equipo me dejó un gran aprendizaje: sacar música constantemente, sin parar, obra tras obra, con los elementos que se tienen a mano.
Esa experiencia me hizo reaprender el valor del trabajo diario y permanente. Y creo que ellos, desde su lugar y su reciente carrera, pudieron tomar la experiencia de las pausas y la serenidad, de la honestidad y compromiso con el que se hizo ese trabajo.

A lo largo de tu trayectoria fuiste desplazando también el centro de tu actividad: intérprete, autor, compositor, músico y productor. ¿En qué momento descubriste que la producción musical podía convertirse en una herramienta tan importante como interpretar una canción?
El camino de la producción en mi carrera se fue desarrollando luego de haber estudiado música. Comencé a interpretar sobre canciones que me gustaban y tratar de acercarme al mismo sonido; copiaba la armonía y melodía, y la transportaba a otra tonalidad. En diversos géneros musicales exploré muchísimo la composición, la estructura y luego me sumergí en el armado completo de la obra.
Como productor, trabajé con muchos artistas en estos años y aprendí mucho de cada uno de ellos. Fui adquiriendo herramientas de trabajo para desarrollar una metodología propia. La producción es potenciar el Espíritu de una canción, no cambiarle su esencia, desde mi punto de vista y desde lo que aprendí de músicos y productores que hoy son referentes de la escena.
En esta etapa aparece RucciVazquez, proyecto asociado a una nueva producción de canciones y colaboraciones. ¿Cómo nace y qué diferencia existe entre trabajar desde tu identidad individual y hacerlo desde este proyecto junto a Amílcar Vázquez?
RucciVazquez como productora nace en el año 2023. Después de la convocatoria de parte del Sr. Don Rouch (manager en ese momento de YSY), convoqué al Gringo Vázquez para compartir la producción y grabación de la canción Cuál? (del álbum YSYMO), sobre una composición que ya tenía armada. El encuentro fue muy positivo y enriquecedor para cada uno y decidimos armar la productora, trabajando con el género Tango Urbano en principio.
En los últimos años aparecen singles como Poesía Negra, Suelto, Barrio Puro, Tango Sin Estribo y otras colaboraciones que vuelven a cruzar Tango, Rap y música urbana. ¿Qué posibilidades te ofrecen actualmente las herramientas digitales que no existían durante tus primeros años de carrera?
La digitalización en la ingeniería musical fue fundamental para el camino del crecimiento compositivo de cada artista. Yo comencé a usar programas como el FL, Cubase o Sound Forge en el año 2003. Bastante limitado mi conocimiento, pero así lancé el primer disco de Yira. O sea que no fui indiferente a la hora de emplear las herramientas digitales que se van aportando constantemente para la creación de música.
Después de aproximadamente 35 años atravesando el Rap argentino, 9 milímetros, la industria discográfica, Yira, el Tango, ATR, la colaboración con nuevas generaciones, la composición y la producción, ¿cómo definirías hoy a Mariano Rucci como artista?
Un buscador insaciable de conocimiento y emociones musicales. Que la música siga haciendo el efecto que hace todos los días de mi vida (hasta el último). Un trabajador del arte, con algunos años de experiencia y muchas vivencias para compartir.
¿Qué te queda todavía por hacer y hacia dónde quieres llevar esta historia de Tango, Rap y Cultura Urbana?
Sacar el mejor álbum de mi vida en cada lanzamiento, dar lugar y apoyar a las nuevas generaciones a que recorran el camino de la música con consciencia, compromiso y fe. Acompañar a las nuevas generaciones a enfrentar las vicisitudes que la carrera de artista conlleva y estar en las buenas y en las no tanto. Invertir tiempo de calidad en cada proyecto.
Para finalizar, ¿qué significa la música para Mario Rucci?
La música para mí es el combustible del Alma para vivir.
La historia de Mariano Rucci demuestra que una trayectoria artística no se construye únicamente a través de discos, escenarios o proyectos, sino también desde la capacidad de permanecer en movimiento, aprender y volver a comenzar. Desde aquellos primeros años en los que ayudó a construir la escena del Rap argentino hasta su exploración del Tango Urbano, la producción y el diálogo con nuevas generaciones, su búsqueda conserva una misma esencia: hacer de la música un espacio de identidad, conocimiento y expresión.
Para Mariano Rucci, la música no es simplemente una profesión ni un género: es, como él mismo afirma, “el combustible del Alma para vivir”. Tres décadas después, continúa trabajando con la misma curiosidad de aquel joven que descubría nuevos sonidos, convencido de que todavía queda mucho por crear, compartir y transformar. ¡Le deseamos el mejor de los éxitos ahora y siempre!
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