La inteligencia artificial se ha colado en todas partes, en nuestros hogares, en nuestra forma de trabajar, en el arte, y como no, la música tampoco se iba a quedar exenta.
Con este artículo, os quiero plantear un intenso debate, y es que, aunque me fastidia tremendamente tener que decir que cuando escuché la canción, “Open The Box” de The Hollow por primera vez, me encantó, después descubrí que hay una decena de canciones que sonaban genial, pero resulta que no es una banda de carne y hueso, de que no existen integrantes, pues es una “banda” generada por IA, y me llevé un chasco tremendo.
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Abrir la Caja… y no saber qué sentir: The Hollow y el dilema de la música creada por IA

Ese chasco no vino solo por la sorpresa, sino por lo que representa. Porque cuando una descubre que The Hollow, no es una banda real, que no hay músicos detrás, que no existe un local de ensayo, ni noches sin dormir, ni discusiones creativas, ni un escenario al que subirse con nervios y sudor, algo se rompe. No es solo una cuestión de romanticismo, es una cuestión de respeto por el proceso creativo.
La música —al menos como muchos la entendemos— siempre ha sido un acto profundamente humano, incluso cuando es imperfecta, o incluso cuando desafina y no suena “limpia”.
Y ahí es donde empieza el conflicto interno que provoca The Hollow.
Porque sí, “Open The Box” funciona, suena bien, igual que el resto de canciones que puedes encontrar en su canal de YouTube o en Spotify. Son canciones que tienen una estructura sólida, una atmósfera oscura y una voz que, precisamente por sonar tan familiar, activa nuestras referencias emocionales. Y eso es parte del problema.
Cuando escuchas una canción así y descubres que la voz recuerda sospechosamente a la de un cantante real, que los patrones compositivos replican estilos ya existentes y que todo el proceso ha sido generado por inteligencia artificial, la pregunta deja de ser musical y pasa a ser ética. ¿Estamos escuchando creatividad o una imitación extremadamente bien entrenada?
Aquí podemos escuchar otra de sus canciones, “The Only Cure”.
No se puede negar que The Hollow, ha sabido jugar sus cartas con transparencia. En sus perfiles se indica claramente que se trata de un proyecto creado por IA y que la producción no es humana. Y eso, en un contexto donde muchas propuestas no lo aclaran, es un punto a favor. También indica que todas las letras de las canciones son escritas a mano, pero ¿Por quién?
Aun así, el revuelo está servido. Porque una cosa es saberlo racionalmente y otra muy distinta es procesarlo emocionalmente como oyente.
El debate no es menor. Mientras miles de bandas reales luchan por visibilidad, por un espacio en plataformas digitales saturadas, aparece una “banda” que no necesita tiempo, descanso ni recursos económicos tradicionales. No hay gira, no habrá directo, no habrá error ni evolución orgánica. Y para quienes amamos la música en vivo, ese es quizás el golpe más duro: The Hollow, nunca podrá mirarte a los ojos desde un escenario, ni equivocarse en una nota y hacer de ese error algo memorable.
Y sin embargo —y aquí viene la parte incómoda— las canciones me gustan. Y admitirlo es casi como una pequeña traición personal. Porque demuestra que el conflicto no está en el resultado sonoro, sino en el origen.
“Open The Box”, como el resto de canciones, son pegadizas, están bien construidas y consiguen generar una reacción.

Investigando un poco entre los comentarios de la gente, hay un comentario destacado del supuesto creador de esta música, que al parecer es posible que su nombre sea “Dan Holloway”, (de ahí que se llame el grupo The Hollow) en el que asegura estar atrapado en el medio de una tormenta de palabras y sonidos que no paran de repetirse en bucle, reproduciéndose en su mente, una y otra vez, y que necesitaba “pintar”, con cualquier pincel.
Él mismo dice en el comentario con sus propias palabras:
“El vacío no se trata de cómo se crea. Se trata de lo que te hace sentir. Eso es lo único real”
Quizás ese sea el mayor peligro de este tipo de proyectos: que nos acostumbremos a consumir música como un producto perfectamente optimizado, sin fricción, sin contexto humano. La música siempre ha sido un refugio, un lenguaje compartido, una forma de reconocernos en otros. Cuando eso desaparece, algo esencial se diluye.
No se trata de demonizar la tecnología. La inteligencia artificial puede ser una herramienta increíble al servicio de los músicos reales, una aliada creativa, un apoyo en procesos de producción. El problema surge cuando sustituye por completo al creador y ocupa un espacio que históricamente ha pertenecido a personas que sienten, dudan, fracasan y vuelven a intentarlo.
Como periodista musical, no puedo ignorar fenómenos como The Hollow, sería ingenua y poco honesta. Forman parte del presente —y seguramente del futuro— de la industria. Pero como amante de la música, de la música real, me resisto a aceptar que esto sea el camino principal.
No quiero playlists llenas de bandas fantasma. Quiero voces que envejezcan, discos que reflejen etapas vitales, en definitiva, canciones que cambien de significado con los años.
The Hollow, ha abierto la caja, sí. Y dentro hay curiosidad, polémica, avance tecnológico… pero también una pregunta incómoda que todavía no sabemos responder del todo:
¿qué estamos dispuestos a sacrificar para que la música siga sonando perfecta?
Quizás el verdadero reto no sea decidir si la música creada por IA es válida o no, sino asegurarnos de que, en medio de todo este ruido digital, la música hecha por personas no se vuelva invisible.
Encontrarás más información sobre The Hollow en YouTube, Spotify, Instagram.




