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SMOR expande su universo sonoro con un disco que desafía los límites del rock alternativo
Todo artista tiene ese escenario o destino soñado que representa un objetivo a alcanzar, un lugar donde tocar sería como hacer realidad un sueño. ¿Hay algún destino o escenario en el que siempre hayáis soñado tocar?
Más que un lugar geográfico, el sueño es encontrar espacios que permitan una experiencia de inmersión total. Aspirar a recintos con una historia y una acústica impecables, tanto en Europa como en América. En España, recintos emblemáticos como Razzmatazz y la Sala Apolo en Barcelona, o La Riviera en Madrid, lugares que son auténticos epicentros de la música en vivo. En Buenos Aires, el Estadio Obras, un templo con una mística ineludible, además de espacios de una calidez única como La Trastienda o el Café Berlín.
Todos esos escenarios donde nuestra arquitectura sonora —ese viaje entre la tensión del post-punk y la introspección pop— pueda envolver completamente a la audiencia y convertirse en una experiencia inolvidable.
¿Recordáis el momento exacto en el que decidisteis formar la banda? ¿Qué fue lo más difícil al comenzar este proyecto y qué ha sido lo más gratificante hasta el momento?
SMOR comenzó en 2018 como mi apuesta por la reinvención personal tras cerrar un ciclo fundamental de 15 años con Fradiavolo —una etapa de shows y música para cine que me definió—. Lo más desafiante fue, precisamente, soltar el control absoluto de la producción solista que mantuve en mis dos álbumes anteriores y sencillos para aprender a delegar.
Sin embargo, encontrar la complicidad y el soporte de Marcelo Mangiantini en la batería —quien ha estado conmigo desde el inicio—, junto a la sensibilidad de Albert Martin en guitarras y Paul Slomi en el bajo, cambió todo. Lo más gratificante hoy es esa ‘plena realización’: ver cómo la visión original ha cobrado una identidad colectiva mucho mayor, donde la energía que generamos al tocar es el resultado de una comunión real.
La música, como la comida, puede ser una mezcla de sabores y texturas que nos sorprende y nos deja con ganas de más. Comparar vuestro estilo con un plato puede revelar mucho sobre cómo os definís como banda. Si pudierais describir vuestro estilo musical con una comida, ¿cuál sería y por qué?
Definiría a SMOR como una cocina de autor que fusiona lo crudo con lo sofisticado. Tiene la contundencia y la calidez de un plato tradicional argentino —cargado de profundidad lírica y pasión—, pero ejecutado con la técnica y el minimalismo de la alta cocina europea. Es una propuesta transatlántica, diseñada para un paladar que busca matices inesperados y no solo un impacto inmediato; un plato que es, simultáneamente, reconfortante y desafiante
Las influencias de la infancia siempre permanecen, incluso aunque cambien con el tiempo. Esas primeras canciones y artistas que escuchamos suelen ser las que siembran la semilla de nuestra pasión por la música. ¿Qué música escuchabais de pequeños y cómo ha influido en vuestro estilo actual? ¿Qué música escucháis ahora?
Mi identidad sonora es una geografía que traza puentes entre España, Argentina y el rock anglosajón. Crecí nutriéndome de la narrativa y la épica del rock de autor en español, una escuela que me enseñó el valor fundamental de la palabra y la emoción directa. A esto le sumo la riqueza sonora del rock alternativo, con su búsqueda constante de texturas envolventes, atmósferas cinematográficas y la sofisticación del pop experimental.
Esta mezcla es el ADN de SMOR: un sonido que abraza la tensión y la atmósfera, sin sacrificar nunca el sentido de la melodía. Mi radar sigue sintonizado en esa misma búsqueda; escucho música contemporánea que se atreve a romper moldes, priorizando siempre la honestidad en la expresión. Ese es el filtro que aplico para construir mi propio sonido, manteniendo una versatilidad que me permite, ante todo, huir de los lugares comunes y encontrar, en cada composición, una voz auténtica.

Hablemos del presente, que suele ser donde está la parte más emocionante de la historia. ¿Qué proyectos tenéis entre manos en este momento?
Estamos totalmente volcados en el lanzamiento de Todo se puede apagar, que verá la luz el próximo 26 de junio de 2026. Es una obra conceptual de nueve tracks concebida como un examen profundo de nuestra propia humanidad. Ya pueden disfrutar del primer adelanto, ‘Sentimientos de papel‘, en todas las plataformas digitales.
Actualmente, el foco está en la producción de nuestro show integral: una puesta en escena diseñada para presentar el álbum de principio a fin, respetando su arquitectura narrativa, pero integrando piezas de mi repertorio anterior que dialogan perfectamente con esta nueva piel sonora.
Gracias por vuestro tiempo y por compartir estas historias y reflexiones con nosotros. Antes de cerrar esta entrevista, ¿os gustaría dejar unas últimas palabras para vuestros seguidores o para los lectores de LaCarne Magazine?
Muchas gracias por el espacio. A quienes nos siguen y en especial a quienes no, los invito a estar atentos a nuestras redes sociales y plataformas digitales para el estreno del álbum. Todo se puede apagar es una invitación a habitar el presente con intensidad.
Mi consejo para la primera escucha es simple: busquen un momento de calma, pónganse los mejores auriculares y permítanse sumergirse en este viaje. Es un disco diseñado para conectar con lo que realmente somos, lejos del ruido. ‘Todo se puede apagar para volver a empezar’.
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