Ozzy Osbourne: un año sin la leyenda del Heavy Metal

Hablar de Ozzy Osbourne es hablar de toda una vida. Hoy, 22 de julio, a un año de su partida en 2025, amanecimos emocionados todos sus seguidores. En las redes sociales, un montón de comentarios.

Su viuda –Sharon– decía que: ¡suene fuerte la música de Ozzy! Y fue así, estoy seguro que todos los fanáticos y seguidores alrededor del planeta pusieron sus casetes, sus CD’s, o sus vinilos a todo volumen en este mundo maravilloso. 

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Ozzy Osbourne, El Rey del Heavy Metal

ozzy osborne

Los compañeros de su carrera musical, como Geezer Butler y Tony Iommi, o Zakk Wilde postearon emotivos homenajes en su honor. Reseñas por aquí, palabras por allá de grandes referentes del Metal, desde Pantera hasta Anthrax; Duff McKagan de Guns N’ Roses se tatuó un pequeño murciélago en la mano derecha. Hubo actos de homenaje en su natal Birmingham, donde se oficializó la fecha como el “Día de Ozzy”, así la ciudad se vistió de negro – violeta y organizó conciertos gratuitos, exhibiciones (Ordinary Man), proyecciones de películas y recorridos por los lugares más emblemáticos de la trayectoria del legendario artista. ¿Quién olvidaría al Príncipe de las Tinieblas?

Todo el santo día he tratado de rememorar cómo conocí a Ozzy Osbourne, y, ¿me creyeran que no lo recuerdo? ¿Cuál fue la primera canción que escuché de él? ¿Cómo me marcó cuando lo ví? La primera imagen -clara- que se me viene a la mente, es ver el disco de vinilo del álbum Bark at the Moon en una tienda de música en la ciudad de Cochabamba, ¿sería a finales de 1992 o inicios de 1993?

Quedé flasheado. Yo no tenía tornamesas ni dinero para adquirirlo, y me impresionó ver esa portada, que me persiguió en la cabeza durante meses. Volviendo a mi ciudad (La Paz), dije: tengo que conseguir ese material. Me llamó tanto la atención, que, cuando logré hacerme pedido del cassette desde EE.UU., ¡aluciné para siempre! So Tired, Now You See It (Now You Don’t), Waiting for Darkness, Centre of Eternity, o el tema homónimo, me penetraron por siempre el corazón. Esa cinta se volvió una joya dentro mi colección. 

Si mal no recuerdo, continué escuchando una copia en cinta del álbum Paranoid de Black Sabbath, prestado por mi amigo y hermano del alma, Franz Ballivián. Me dije, ¡wow!, está bien, pero a mí me gusta la actitud de él, y, no tanto su banda de los inicios, además era un tape sin portadas, nada impresionante. Usualmente se me viene a la mente, el Ozzy -jovenzuelo- en esas revistas, tal vez Metal Hammer, Kerrang o RIP, que llegaban a Bolivia -como saldos- retrasadas años después. Me sitúo en 1992, cuando empezó mi melomanía metalera. Yo a mis 15 años me decidí por la música y empecé a adquirir casetes. 

Fue subliminal cuando pude adquirir el Blizzard of Ozz, Diary of a Madman, No Rest for the Wicked, los En Vivo (Live & Loud, Just Say Ozzy, o el Tributo a Randy Rhoads), en cintas originales. Era alucinante sentir ese olor de las portadas, leer los créditos y escuchar la música. Nunca he sido de traducir letras, yo era de escuchar la música y envolverme en ella, disfrutar Mr. Crowley, I Don’t Know, o Crazy Train, era pasar a otra dimensión. Amo su música, que me acompañó toda mi adolescencia y me permitió vivir el luto tras la partida de mi amado primo Alejandro Thielen Pantoja, que en 1991 falleció abruptamente en un fatal accidente.

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Agradezco a Ozzy profundamente, ya que en toda esa etapa de adolescencia y de duelo, él estaba conmigo. Paso a paso me fui culturizando, anoticiándome que había más discos -de los que pensaba- por escuchar. De una u otra manera nos llegaba la información, tal vez de boca a boca, tal vez revisando esas revistas antiguas, así conseguí los posters de la Metal Hammer o alguna de esas clásicas magazines, donde Ozzy sonreía como loco sosteniendo un hacha, o el póster gigante del cover art de No Rest for the Wicked, que alumbraban mis paredes. Mirarlo todos los días al despertarse para ir al colegio, y, tener un contacto visual, era fundamental para mi Alma, yo no lo sabía. 

Una vez que pude obtener algo más dentro de su vasta obra musical, como el Ultimate Sin, que mi hermano Pepe se lo trajo por pedido, y, me lo terminó cediendo, donde alucinábamos con Killer of Giants o Shot in the Dark, me di cuenta de que me había convertido en un nuevo seguidor y fanático de este gran personaje. El No More Tears, que siempre lo bichaba en las disqueras, pero no lo pude comprar, me lo trajo -en CD- mi señor padre José Luis tras un viaje -de trabajo- por USA. 

Luego llegó el tiempo de ponerse al día y esperar ansiosos la salida del Ozzmosis (1995). Ya había MTV al alcance de la TV por Cable, ya podíamos estar un poco mejor informados. Sabíamos lo que pasaba en la actualidad musical, en Bolivia estaba operando la Sony Music, el sello disquero que editaba su música, y en las tiendas se distribuía el material -a tiempo -.  Es así que cuando ya entré a la universidad, lo más emocionante fue comprarse en CD este gran álbum en las fechas de su lanzamiento. 

Ya habíamos escuchado y visto el videoclip de Perry Mason, después nos llegaron a tocar el “Corazón de Metal” canciones como I Just Want You, See You on the Other Side (mi preferida), o Ghost Behind My Eyes. Ozzy, otra vuelta, me acompañaba en una nueva etapa de mi vida, la resiliente, donde yo -a mis 18 años- empecé a estudiar Ciencias de la Comunicación Social, quería ser artista musical, estaba decidido e influenciado por él. Definitivamente, no es mi ídolo, es una gran referencia blindada, se podría decir, al día de hoy. Así que, con este álbum, el Ozzmosis, me entretuve -y contuve- bastante tiempo. 

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El merchandising, a comparación de lo que es hoy, era escaso de obtener. Es así que yo tenía -ya en tiempos de la escuela- una polera muy alocada, donde estaba en la parte delantera Ozzy Osbourne tipo caricatura, más o menos de la época del No More Tears, y atrás su mano cortada, los dedos arrancados, en un dibujo muy alucinante. Esta remera les hacía dar miedo a los compañeros de curso. No por nada me gané en 1993 el apodo de Sekadiablo. Yo andaba de negro, de duelo, de luto, y la música de Ozzy Osbourne me ayudaba a pasar esos momentos tristes. 

Con esa actitud metalera pude confrontar los momentos de desazón, tiempos de incertidumbre. Mr. Crowley era como para escuchar a todo volumen en el cuarto y hacerse erizar la “piel de gallina” con su introducción. Tener el cassette del Tributo a Randy Rhoads y escuchar algunas piezas de Black Sabbath como Iron Man, Children Of The Grave o Paranoid, era importante porque te mantenía con los pies en la Tierra. Luego llegó -a la colección privada- el disco Nativity In Black / Tributo a Black Sabbath (1994) o el Ozzfest, disco publicado en 1997, ambos materiales plagados de grandes bandas de la época. 

En 1999 me tatué los dedos con mi sobrenombre (SEKA), al igual que Ozzy Osbourne, una locura total para aquel Alfonseka. Ya para inicios del Siglo XXI apareció el alucinante Down to Earth (2001). Y así, la espera de 6 años por un nuevo álbum de Ozzy se había acabado. Dreamer se convirtió en un himno que se repitió una y otra vez en mi reproductor de CD. Tenía un Discman para escuchar discos compactos a toda hora y en todo lugar. Esa producción discográfica sí que disfruté demasiado: Get Me Through, No Easy Way Out, Junkie, etc. Ozzy Osbourne, sin saberlo, iluminaba mi camino, ahora como Marraketa Blindada

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El 2007 sale el Black Rain, justo cuando nace mi primogénito (Tenshi André). No tengo muchos recuerdos y casi le pierdo el hilo a Ozzy Osbourne en esa etapa. Una época de felicidad, pero con incertidumbre, ya que luego de mi separación con la madre de mi hijo (2008), recaí en el alcoholismo y las drogas. En el ocaso existencial, me pude sostener intensamente gracias al álbum Scream (2010), y en especial al tema Life Won’t Wait, que me hacía llorar a moco tendido, fue un catalizador para estabilizarme. El desahogo era justo y necesario.

Durante esos años turbios y desenfrenados, apareció el álbum 13 (2013) de Black Sabbath, que incluía a la formación original -excepto Bill Ward a la batería-, y, volver a escuchar -a tiempo, gracias a la era digital y el internet- las melodías vocales de Ozzy Osbourne fue refrescante. Loner fue el nuevo himno dentro mi Ajayu (Espíritu), indiscutiblemente.  Las borracheras y desmanes tenían su musicalidad nuevamente: God Is Dead?, End of The Beggining, Zeitgeist. Este material se convirtió en mi preferido de la banda junto al primer LP homónimo Black Sabbath (1970), que gracias a mi estimado tío Juan Carlos Mérida, lo tengo de herencia en disco de vinilo de la época.

En la vorágine existencial hay muchos vórtices, unos que te absorben hacia adentro y luego te escupen como flema desagradable al piso, para que te seques bajo el fuego del Ser. Tratando de volver a formar una nueva familia, llegaron mis retoños (Nashla Ayten -2015- y Matías Suh -2017-) y en el provisorio nuevo hogar, la música de Ozzy Osbourne siempre estaba presente, musicalizando una nueva etapa en mi existencia solar, acompañando en la crianza: mamaderas, pañales, trasnoches, pediatras, sabores y colores, casi siempre junto al Heavy Metal del Príncipe de las Tinieblas, su especial voz era la canción de cuna. 

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Para la llegada de la pandemia COVID-19, meses antes del ocaso mundial, aparecieron -por streaming- los primeros singles Under the Graveyard (diciembre 2019), Straight to Hell (enero 2020) del álbum Ordinary Man (2020), que nos acompañó en plena cuarentena, indudablemente nos brindó paz en el caos. Un álbum “non stop” durante esas épocas de contingencia sanitaria en la historia de mi humanidad. Así llegué a sobrevivir al virus, sosteniendo mi fe en el poder del Heavy Metal. 

Patient Number 9 (2022) marcó otro tiempo y espacio. Luego de la catástrofe espiritual de mi segunda separación, redimido del dolor existencial, recluido en la Doble A, comprendí que Ozzy Osbourne era como un soundtrack en la película de mi vida, así como en la de millones de personas. La aceptación ante el fracaso del Ser y estar, la comprensión y tolerancia ante el dolor, eran más digeribles cuando su música me acompañaba en silencio. 

Ahora, a mis casi 50 años de edad, empecé a pensar y razonar que Ozzy Osbourne ya era un Espíritu Libre, atemporal, una especie de Dios del Rock & Roll, tal como titula su última canción -pública- que salió en colaboración junto a Billy Morrison feat. Steve Stevens (febrero 2025). No me la podía creer cuando aparecía en público, En Vivo y En Directo, era surreal, tal como lo fue el Back To The Beginning, que se realizó el 5 de julio de 2025 en Villa Park, Birmingham, Inglaterra, y fue su concierto de despedida, además de la última actuación de la formación original de Black Sabbath.

De vuelta al principio”, no recuerdo cómo conocí a Ozzy Osbourne, con qué canción entré en su “Omniverso”, pero ahora puedo aseverar que él no sólo fue “El Príncipe de las Tinieblas” cuando tomaba los escenarios -que eran como su hogar- sino que fue “Un Ángel de Luz”, en la totalidad de todos los universos posibles, incluyendo diferentes realidades, dimensiones, líneas temporales y multiversos. 

Al fin de cuentas, la muerte es la puerta a la vida eterna. ¡Gracias por iluminar nuestras existencias amado Ozzy

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