Hay discos que nacen de una idea y otros que parecen surgir de una necesidad. Al Filo, el nuevo trabajo de DELLFUTURO, pertenece claramente a esta segunda categoría. Tras dos años de silencio discográfico, el artista extremeño regresa con el proyecto más personal y ambicioso de su trayectoria, un álbum construido desde la reconstrucción, la búsqueda de identidad y la convicción de que incluso los momentos más difíciles pueden transformarse en música.
Detrás de DELLFUTURO hay un músico que conoce el proceso creativo desde todos los ángulos. Productor, ingeniero de mezcla y alma de La Puerta Roja, ha pasado por diferentes etapas artísticas hasta encontrar un lenguaje propio que él mismo define como Rock del futuro: una fusión en la que conviven guitarras, sintetizadores, electrónica, instrumentación real y una producción minuciosa al servicio de las emociones.
En esta conversación hablamos del origen de Al Filo, de las heridas que dieron forma a sus canciones, de la importancia de rodearse de otros músicos para hacer crecer un proyecto tan íntimo y de cómo se prepara para llevar este universo al directo.
Una entrevista sincera, sin artificios, en la que DELLFUTURO abre la puerta a uno de los momentos más decisivos de su carrera y demuestra que, a veces, volver a empezar es la mejor manera de encontrar la propia voz.

Orígenes y sonido del proyecto
Antes de entrar en materia, bienvenido. Han pasado dos años desde tu último trabajo en solitario y ahora vuelves con una nueva etapa bajo el brazo. ¿Cómo estás viviendo las semanas previas al lanzamiento de Al Filo y qué sensaciones predominan en este momento?
El nervio y la incertidumbre. Por una parte, hay mucho curro del disco, y por otra, tengo también mucho curro como técnico. Veo salir el sol y ponerse la luna cada día. Poco tiempo, momentos de angustia y de llanto, pero también de risa y amor con los míos.
Antes de convertirte en DELLFUTURO, pasaste por proyectos como Marcos W, El Niño del Futuro y ASINA. ¿Qué aprendizajes de cada etapa siguen presentes en tu música actual?
De las primeras etapas me llevo, quizás, la espontaneidad y el navegar sin un camino trazado. Muchas veces es justamente eso lo que me lleva a resultados tan dispares. De ASINA me llevo el hacer música ‘que haga sentir’, y ahora todo eso converge con una evolución personal y un aprendizaje musical mayor.
Tu trayectoria ha estado muy vinculada a Extremadura, tanto desde la creación artística como desde la producción musical. ¿De qué manera sigue influyendo tu tierra en tu forma de entender la música?
Yo nací en la calle Los Naranjos, arriba del pilar de Mariaño. He vivido en el pilar de Espantaburros, y ahora vivo al lado de la cooperativa de aceite. Cada persona que se cruza conmigo me saluda y me conoce. Tengo el privilegio de contemplar el más bonito de los cielos a cualquier hora.
Yo no necesito unas castañuelas pa’ sentir mi tierra. Vengo de donde la gente trabaja antes que el sol salude los campos. Mi tierra la llevo dentro y la siento cada día. Es sencillamente inevitable.
Además de artista eres productor, ingeniero de mezcla y diriges tu propio estudio, La Puerta Roja. ¿Cómo conviven esas distintas facetas cuando trabajas en tus propias canciones?
Es muy útil saber de todo en audio, hasta soldar un cable si es necesario o arreglar un amplificador. Sin embargo, es importante saber cuándo estás componiendo y cuándo estás haciendo un mastering para un cliente.
Si me ves componiendo, verías a una especie de científico loco con todos los cacharros encendidos y los instrumentos conectados, percusiones por el suelo por si las necesito, y así con todo. Sintiendo el momento. Cuando me ves mezclando, soy una sala blanca de investigación farmacéutica: sé lo que tengo que hacer para que suene gigante, y lo hago.

Después de dos años de silencio discográfico, ¿qué necesitabas encontrar antes de volver con un proyecto en solitario?
Sobre todo, necesitaba recuperarme del revés que me dio el destino.
Como todo en la vida, fue un cataclismo, un suceso que no pedí. De un día a otro no tenía amigos, ni pareja, ni proyectos musicales activos, ni casa. Ni siquiera pude conservar mi dignidad como persona, y mucho menos mi honor.
Tuve que volver a ganármelo todo. Volví de la oscuridad para contar algo, y eso es Al Filo.
Al Filo: un disco sobre el cambio y las decisiones
Al Filo se presenta como tu trabajo más personal y arriesgado hasta la fecha. ¿En qué momento sentiste que este era el disco que necesitabas hacer?
Uno nunca piensa ‘esto o esto otro me va a pasar a mí’, hasta que pasa, y te ves en la necesidad de levantarte a decir algo. No está bien que te borren de la historia como si nunca hubieses existido, y no pienso quedarme callado. Por eso, hace ya unos dos años que llevo escribiendo sin parar sobre quién soy, para recuperar, por una parte, aquello que perdí, y por otra, lo que se me arrebató.
El concepto del “filo” atraviesa todo el álbum como una metáfora del cambio, la incertidumbre y las decisiones importantes. ¿Cómo nació esa idea y cuándo supiste que podía sostener un disco entero?
El que fuera o no un disco, sinceramente, no lo supe hasta hace unos meses, quizá un año, cuando empecé a reunir valor y confianza, y me di cuenta de que podía tener suficiente material como para hacerlo.
Musicalmente combinas electrónica, pop, rock y música urbana con una importante presencia de instrumentación real. ¿Cómo fue encontrar ese equilibrio entre lo orgánico y lo electrónico?
Para mí es sencillo: he hecho rap, electrónica, punk, funk y muchas más cosas, tanto como productor como técnico. Sé configurar un sintetizador para que suene exactamente como yo quiero, y también sé cómo poner micros de spot en una orquesta.

Has grabado el álbum íntegramente en La Puerta Roja, ocupándote de la composición, la producción, los arreglos e incluso buena parte de la interpretación. ¿Qué ventajas y qué desafíos supone asumir prácticamente todo el proceso creativo?
En este proyecto tenía claro que quería hacer algo mucho más grande y con más proyección que cualquier otra cosa. Arreglos vocales inmensos, orquestaciones, armonías imposibles… y sabía que no podía hacerlo solo.
Cuando tuve todas las producciones encaradas —y no digo a guitarra y voz, digo ‘para salir’— reuní a dos productores musicales, cada uno de estilos diferentes, y, como un consejo de sabios, nos encerramos los tres durante tres días a hacer que este disco fuese más grande que la vida.
Cuando he visto documentales de artistas grandes, nunca vi al artista solo grabando todo. Eso es simplificar en exceso la realidad de la música. La música es el idioma universal que se crea entre las personas, y por ello quería contar con personas para llevarlo a cabo.
Para Michael Jackson fueron Quincy Jones y Rod Temperton. Para mí, Elio Andújar Sánchez y Pedro Fernández Parejo.
En el disco participan músicos y colaboradores como María Motrico, TRESKA, Jon Uribarri, Manuel Nuño o KelOnTheBeat entre otros. ¿Qué aportó cada uno para enriquecer un trabajo tan personal sin perder tu identidad?
Lo primero de todo, agradecer la suerte de poder contar con las personas que me gusta decir que son mis amigos: amigos que son pedazos de músicos, con talento y arrojo.
Para mí no pierde mi identidad, sino que la expande. Al final, en el momento de la grabación, yo dirijo su interpretación, ya que soy el que tiene el sonido en la cabeza; pero hay más, mucho más: ellos tienen su propia impronta e interpretan la canción a su manera, y la composición final se nutre de ello, sus propias aportaciones están en los masters finales. No quería instrumentistas de sesión, quería amigos que aportaran amor al disco.
Hay una sensación constante de vulnerabilidad, pero también de reconstrucción y esperanza. ¿Hasta qué punto Al Filo refleja experiencias personales y hasta qué punto busca conectar con vivencias universales?
Siento al 100% las letras de este disco como mías. Quiero decir que vienen de mí y de mi alma. Sin duda alguna.
Y, por supuesto, sé que van a conectar con las experiencias de mucha gente. Pienso que, si a ti te gusta y te hace sentir, a mucha gente como tú le hará sentir lo mismo. Es el poder de la música.

Si tuvieras que elegir una canción del álbum que resuma mejor su esencia, ¿cuál sería y por qué?
Sin duda sería «Esperanza». Una composición ascendente hasta llegar a un punto de la canción donde todo muere para reconstruirse de nuevo, hasta el clímax. La canción explora géneros rítmicos como el break beat, el trap y el techno, haciendo que nunca te canses y siempre te sorprenda en cada escucha. A pesar de ello, es sonoramente minimalista: tendrá solo unos 4 o 5 instrumentos en toda la canción; sin embargo, suena gigante, en parte gracias al arreglo vocal.
Como casi todas las canciones, está llena de corales y armonías que contrastan con partes secas y a la cara. Por otra parte, la letra es sencillamente ‘yo’. Un resumen perfecto de mi situación durante estos dos años de soledad, depresión, lucha y ascenso al poder de volver a ser yo mismo.
Con un mensaje final claro y potente:
‘Voy a ganar, a ganar y ganar,
nacido para brillar, si quieres puedes mirar,
voy a ganar’.
¿Qué crees que descubrirá el público cuando escuche Al Filo de principio a fin, más allá de los sencillos de adelanto?
Pienso que será una sorpresa para todo el que siga un poco mis trabajos anteriores, y que todo el mundo sabrá un poco más quién soy yo.
«Deprisa Deprisa»: la carta de presentación
Has elegido «Deprisa Deprisa» como primer adelanto del disco, aunque comentas que es una de las canciones más directas y diferentes del conjunto. ¿Por qué era la mejor puerta de entrada a Al Filo?
El título original o alternativo es «Tiempo», ya que esta canción refleja mi problema principal tras el punto y aparte de mi vida hace dos años: el tiempo.
Tiempo que necesitaba para estar bien, tiempo para dar a los que no me hablaban por miedo, vergüenza u odio, tiempo para reflexionar sobre mis actos y los actos de mis verdugos. También tiempo para reaprender quién soy, tiempo para ser feliz, tiempo para recuperar mi honor…
Y es que «todo va siempre tan deprisa…» que «no tenemos tiempo de vivir la vida». Esta canción es el primer mensaje que describí de mí mismo hacia fuera.
Musicalmente, comprende bastante bien el género musical del disco. Es algo nuevo que me gustaría presentar y que es lo que he estado buscando toda mi vida, algo que me gusta llamar “Rock del futuro”. Es complicado debido a mi gusto por la remezcla, y por ello mismo he tenido que inventarlo.
La canción habla de la velocidad con la que vivimos y de esa sensación de que el tiempo se nos escapa. ¿Crees que esa prisa define especialmente a la generación actual?
Sí, por desgracia, sí. Esta generación, en la que me incluyo, va extremadamente deprisa; ya no nos sorprenden los suicidios ni las depresiones. Esto es preocupante y dice mucho de nosotros como sociedad. No podemos hacer broma de la salud mental.

Musicalmente «Deprisa Deprisa» mezcla guitarras, electrónica y unos coros con un aire casi cinematográfico. ¿Cómo fue el proceso de producción para conseguir esa intensidad sonora?
Fueron varias fases. Como en todas las canciones, primero escogí la máquina de ritmos, la 808 con el bombo de la 707, sintetizadores analógicos y guitarras. Hice algunas grabaciones de voz y la dejé respirar durante varias semanas; al volver a ella, la maticé casi por completo.
Después, Pedro (Treska), en la guitarra eléctrica, hizo su magia con guitarras funk y un solo súper retro.
Luego dedicamos casi una semana solo a la producción vocal, y volví a dejarla respirar para no viciarme. Así seguí hasta que sentí que no podía hacer más por ella, y supe que estaba terminada.
Directos y próximos planes
Un disco tan cuidado en el estudio plantea un reto importante sobre el escenario. ¿Cómo estás preparando el directo para trasladar toda esa riqueza sonora al público?
Te confieso que mi mayor ilusión sería hacer una banda: batería, bajo de sintetizador, guitarra, corista, teclado…
De momento estaríamos Pedro en la guitarra principal y corista segundo, María (Mía Valtri) de corista primera y percusión, y yo de voz líder y teclados. Estoy en la búsqueda de completar la alineación con un batería y un bajo de sintetizador.
¿Qué papel tendrá la banda y cuánto espacio habrá para la electrónica y los elementos visuales en esta nueva etapa en directo?
La banda y el playback serán uno en el directo. Piensa que hay corales de más de 50 pistas, pianos, secciones de cuerda completas, batería, bajos, guitarras, sintetizadores… Es imposible empezar este proyecto queriendo llevar 15 músicos a una sala de conciertos y pretender que todos salgamos ganando. Con lo cual, siempre habrá playback de los elementos secundarios, como coros, sintes de apoyo y demás, pero todo lo que se pueda me gustaría que fuese en directo. No voy a hacer una banda de rock al uso, no pretendo ser el mejor músico en un escenario; quiero hacer algo más grande que mis propias capacidades.
Esto es a lo que llamo Rock del futuro, a la fusión entre el secuenciador y el intérprete.
Tras el lanzamiento de Al Filo, ¿qué objetivos te marcas para esta nueva etapa de DELLFUTURO? ¿Hay fechas, gira o festivales ya en el horizonte?
Pues sí, gracias al trabajo previo ya hay algunos conciertos confirmados y hay muchos planes de marketing ya en funcionamiento, pero de momento no quiero anunciar nada; solo diré que he apostado todo por esto.
No pienso parar hasta cumplir mi objetivo. Nunca nada me ha parado, y no lo va a hacer ahora.

Para terminar, si dentro de unos años alguien vuelve a escuchar Al Filo, ¿qué te gustaría que encontrara en este disco y qué crees que dirá sobre el momento vital en el que lo compusiste?
Si en algún momento le arrancase una sonrisa o le floreciera una emoción, estaría satisfecho. Esa es mi meta en esto: hacer sentir a las personas.
Muchas gracias por dedicarnos este tiempo y por compartir con nosotros los detalles de este nuevo proyecto. Te deseamos el mayor de los éxitos con el lanzamiento del álbum y esperamos volver a encontrarnos muy pronto para seguir hablando de la música que está por venir.
Gracias a vosotros por dedicarme este tiempo, y a las personas que nos leen y que escucharán el disco, por acompañarme hasta aquí. Al Filo es la prueba de que puedes caerte y levantarte con algo que merece la pena contar. Si alguna de estas canciones acompaña a alguien en un mal momento, o le hace bailar y sentirse vivo un rato, habrá merecido la pena.
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