Javier Saldías , nacido para hacer música

javier saldías

Javier Saldías “lo último que pierde el músico es la ilusión”

Conversar con el Maestro Javier Saldías fue gratificante para mi persona y para el ajayu (espíritu). La mirada clara y llena de vida, la voz con tono de un joven guerrero que aprendió, con el ejemplo de vida, a llegar a la cima y volver a bajar, para nuevamente subir. La charla se realizó en su hogar de toda una vida, en el barrio de Miraflores.

Descargar ahora!Ver ahora!

Ha perdido la cuenta, y los nombres se le escapan de la mente cuando le pregunto sobre los proyectos o agrupaciones musicales que integró y/o fundó. En la actualidad, continúa en la carrera junto a Luz de América. Un señor con la actitud y caballerosidad que solamente los años te dan, menciona con cariño a su primera banda: The Black Birds, influenciados por los Beatles y el Movimiento BEAT.

Javier Saldías es un convencido que nació para hacer música, y fue así que con los cuates del barrio armó su banda que a la larga sería de culto, Climax. También recalcó el grupo Black Jack, entre una larga lista de esas que se borran sin querer.

Dichoso de estar junto a un ser digno de toda mi admiración y con actitud ROCK, me envolví en su misticidad, que ya me había cautivado el día que recibimos en acto protocolar el Galardón “Chukuta de Oro” de manos de la Honorable Asamblea Plurinacional de Bolivia (un reconocimiento que viene de parte del Estado), donde mi instinto me hizo sentarme junto a él para hacer buenas migas (como se dice popularmente cuando quieres ser cuate de alguien). El momento era propicio para acercarme a un artista pleno y consagrado.

Uno, como colega en cierta medida, admira esta cerca de un artista que se hizo a puro instinto en esto del ROCK & ROLL, que fue puliendo su talento, y hoy en día enseña lo aprendido a razón de entrega y sudor en el Conservatorio Plurinacional de Música.

El curso es de “Ensamble de Rock”, y al cuestionarle sobre cómo se siente transmitiendo la información y sabiduría, pues sentencia que uno va creando cuervos que te sacaran contratos de trabajo, en muchos casos es lo que es.

Me conecté con sus memorias sobre su viaje al Norte de América para vivir en el corazón de los EE.UU. (Colorado), donde pudo empaparse de los grupos que estaban en boga: Jimmy Hendrix, The Doors, Cream, entre otros…, y al preguntarle por qué no se quedó allá, me responde que para qué llevar leña al monte.

Ya el hecho de estar en su cuarto de música, viendo sus cuadros y reconocimientos, las fotos de sus inicios y conocer a su hijita (Jade), era demasiado honor para este rapero de calles y cementos. El hogar de un personaje reconocido musicalmente vibra de manera grata y armónica como dulce melodía a la viditay.

javier saldíasVegetariano por muchos años, me confiesa que le ayudó mucho en la salud y en el espíritu. Hoy en día es un amante del jazz, y disfruta demasiado reunirse con sus amigos a escuchar discos de vinyl.

Reflexionamos de herencias hacia los hijos, y Javier Saldías concluye que solo podemos dejarles los valores del amor y el respeto por la vida, recordando una frase de su señor padre, que le decía: “solo un quijote por generación”.

Cree que sus wawas no caminarán por el mismo rumbo de la música que, lamentablemente, en este país tiene un sabor ingrato y amargo, pues tenemos que tragarnos un sinfín de mal momentos al carecer, por ejemplo, de seguros sociales o médicos, políticas culturales a favor del artista y mercado (público) accesible.

Javier Saldías no cree y discrepa cuando se lo etiqueta de “ícono” o “leyenda”. “Simplemente este hecho te da por muerto, impide que se te valore en el momento actual por lo que haces y por lo que todo músico sueña: crear una mejor canción. Anularte en vida con esos títulos es verdaderamente ridículo”, ultima el bajista que vivió en carne propia la vanguardia en el rock boliviano.

Anti politiqueros rosqueros y corruptos, ha cantado para la libertad del ser humano desde sus inicios.

Mientras conversamos sobre su amigo guitarrista, que sufre de pánico escénico y en su última presentación se puso a tocar de espaldas al público, o sobre el cuate que cayó preso en USA por llevar su colección de “bretes de jales” (sobrecitos con residuos de cocaína) en la billetera, escuchamos el nuevo disco del guitarrista Carlos Santana, y continuamos charlando de situaciones anecdóticas, que encierran enseñanzas tan claras como que ya no es tiempo de andar torciéndose, echándose a perder, consumiéndose.

Él es un sobreviviente a la “Nación Woodstock”, y recalca que ya no es tiempo de andar quemándose todo el tiempo, hay que cuidarse y mantenerse en buen estado físico, mental y emocional.

Debido a un accidente quedó 2 años sin tocar, y gracias a un buen funcionario que ejercía de cónsul en Santiago de Chile, logró recuperar la movilidad del brazo izquierdo con injertos de nalgas. Reconoce que anteriormente fueron negligentes las dos operaciones que recibió, llegando casi a perder la articulación.

En Bolivia hay que buscarse otra actividad para salir adelante, pues la música es como una suerte de azar, y la voz de la sabiduría que tiene Javier Saldías hace que uno reflexione, se replantee acerca del asunto, y escuche con atención cada palabra vertida en unísono: “yo estudié hasta tercer año de medicina, por complacer a mis padres, pero lo dejé. Otra hubiese sido mi historia si terminaba”, sella en tono seguro y directo.

“No te olvides que lo último que pierde el músico en la ilusión”.

Las dos horas que conversamos se transformaron en un leccionario, donde encontré información revitalizadora, emotiva y que motiva a seguir rodando por estas avenidas de ritmos, cantos y escenarios. También encontré a un nuevo amigo que admira mi propuesta en rima, llegándome a decir que soy un “agitador” y que vengo “recargado”, opiniones bien merecidas que inspiran a un título de disco.

Las nuevas tecnologías favorecen a que uno se mantenga comunicando y difundiendo el arte, obviamente el formato mp3 y lo digital ha quitado la magia del LP o del cassette. Javier Saldías se confiesa melómano con una gran cantidad de discos de vinyl y cintas en su colección, las que hasta la fecha siguen siendo colocadas con esa magia única que cautivaba en su época: “para conseguir música tenía que viajar por toda la ciudad, de casa de un amigo en la zona norte al otro en la zona sur, y de paso esperar las ganas para que te graben”, finaliza el bajista mientras se cae la tarde.

Somos de colegios antagonistas en la tradición paceña, e hinchas de equipos rivales clásicos, también de distintos géneros o movimientos, de generaciones distantes y diferentes. Ante todos estos contrastes le he pedido humildemente hacer un proyecto musical que será intitulado SLS, abreviaciones del apellido y que planteo al calor del momento, ya sin pelos en la lengua. La propuesta conllevará una fusión única en la música contemporánea boliviana. Una primicia para LaCarne Magazine, que ante la respuesta positiva del Maestro, se empezará a planear en las primeras semanas del 2017.

Orgulloso me retiro del épico espacio que tuve la suerte de habitar para realizar mi artículo, recordando la frase que me dio un músico de cepa con el Rock & Roll en las venas: “No te olvides que lo último que pierde el músico en la ilusión”.

Gracias por brindarme su tiempo y conciencia. Muchos éxitos para este nuevo 2017.

DEJA TU OPINIÓN

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

trece − tres =