Mozart no pensaría esto – La mascota disecada de Críptido

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En el momento de transición que va desde que Arín Dodó se desintegró hasta que encontré unos nuevos compañeros en Músicalibre hicimos una grabación que enviamos a Modisti titulada “La Mascota disecada de Críptido”. Hicimos ahí una mezcla de los distintos componentes que fueron pasando por Arín Dodó durante esos años. Estuvieron conmigo Mike “Creosota” al ordenador, Ruvenigue con el didge, la percusión y clarinete y Fermín con la voz, el bajo y la guitarra. Fue una buena despedida para recordar los buenos tiempos pasados. No sé si esa mascota disecada a la que hace referencia al título sería el desintegrado espíritu arindododiano. Se puede descargar aquí: http://modisti.com/13/2013/03/07/arin-dodo-la-mascota-disecada-de-criptido/

Además la portada fue un regalo de Enrique Cordero, el diseñador gráfico que inventó el logotipo de Arín Dodó. Una buena forma de despedirse.

La primera pieza es una mezcla de sonidos creados en el ordenador de muy alta frecuencia mezcladas con trompetas y trompas distorsionadas y enchufadas a amplificadores de guitarra, tratadas con efectos de delay. Una de las inquietudes de Arín Dodó y de su precursor Kobold era utilizar cualquier tipo de herramienta para obtener sonidos. Aquí valen los papeles de celofán rozando con el micrófono. La voz espacial de idioma alienígena completa la atmósfera extraña creada por el ordenador.

La segunda pieza es más clásica en instrumentación, al aparecer una guitarra acústica, clarinete y un cajón flamenco. Además la improvisación de la voz es bastante melódica para lo acostumbrado. Es una voz cantada y con melodía. Bueno…hay que hacer un poco de todo.
Y en la tercera pieza volvemos a las andadas. Ruvenigue trajo unos sonidos sacados de un Spectrum de los años 80, mientras Fermín y yo nos entreteníamos grabando voces en una cinta magnetofónica y la reproducíamos al revés o le cambiábamos el pitch.

La cuarta pieza es la que mejor resume la idea arindododiana: encerrados Ruvenigue, Fermín y yo en un cuarto de baño con los trastos para grabar le sacamos el mejor rendimiento posible al agua corriente de la taza del wáter y a los objetos que iban apareciendo por ahí. El didgeridoo con efectos analógicos suena etéreo mientras la voz aterradora y la armónica se lamentan por la falta de espacio.

Así es como se gestó esta obra arindododiana; una de las últimas, y de la que creo que hay que dedicarle un capítulo en exclusiva, porque en mi opinión es una de las mejores cosas que nos salieron y merece la pena que en La Carne Magazine se publique algo así.

Atentamente, J.G. Entonado & Arín Dodó (contacta desde aquí)

facultad de música

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