Rut Alonso: memoria colectiva, migración y resistencia cultural

La música de Rut Alonso nace desde la memoria, el territorio y la resistencia. Charanguista, compositora e investigadora Qichwa-Aymara, su obra une ritmos ancestrales, experiencias migratorias, y, reflexiones sobre identidad y desarraigo. En Warmikuti, su álbum debut, transforma la nostalgia en un refugio sonoro atravesado por el charango, las lenguas originarias y una mirada política vinculada a la memoria colectiva y la Pachamama.

Con canciones como Manifiesto Kawsay, Rut construye una propuesta artística donde música, espiritualidad y reconstrucción identitaria dialogan constantemente. Agradecemos a la artista por compartir esta conversación exclusiva con LaCarne Magazine.

Quizás también te interese leer:
Gorillaz sorprende con The Mountain, un viaje conceptual sobre muerte y redención
Lamb of God firma con Into Oblivion el capítulo más decisivo de su carrera
PsychoMosher: el Crossover colombiano que lleva “Trapped Into the Madness Vortex” a Europa

Rut Alonso, memoria viva, resistencia y reencuentro con el territorio 

rut alonso

Warmikuti fue creado desde la necesidad urgente de expresar la nostalgia de vivir fuera del territorio que acunó mi crianza. Necesitaba expresar lo que muchas veces sentía que no se podía mencionar, en principio, violencias que vivimos las mujeres en la cotidianidad dentro y fuera de nuestros territorios, desigualdades estructurales como el acceso a trabajos dignos, acceso a servicios básicos, discriminación, xenofobia y la lista lastimosamente es infinita.

Así Warmikuti me condujo hacia un refugio en forma de algunos sonidos y ritmos que escuchaba en las fiestas y radios comunitarias cuando era niña. Todo este proceso -hasta el día de hoy- para mí representa habitar un camino sanador e introspectivo. 

Creo que el dialogo está presente en los ritmos y en las letras que decido tocar, escribir y cantar. Por lo general recuerdo e investigo sobre los ritmos de las comunidades qichwa y aymara que escuchaba cuando era niña, algunos de ellos me recuerdan a mi mamá, a mis abuelas, a la crianza que me contaba que tuvo mi papá, a las melodías que mi papá tocaba en su charango cuando yo era niña, y a todo lo que me pueda recordar cuando vivía con ellos.

En las letras que escribí en Warmikuti abrazo mi vida en forma de manifestación social, recuerdo que siempre habrá un reencuentro con mis seres queridos y visibilizo el trabajo de las palliris en un ritmo que siempre escuché que se cantaba a los varones mineros. 

El charango para mí representa familia y vivir en diversidad, abrazo con el alma saber que el charango llegó a mi vida por herencia familiar tanto aymara y qichwa. Después, en mi curiosidad profundicé en su historia y me encontré un universo de variedades de charangos que se tocan en festividades marcadas por el calendario agrícola, esa diversidad es la que trato de honrar todos los días, y que desde mi percepción lo comprendo como resistencia y memoria viva. 

El proceso no tiene ninguna fórmula, creo que más bien es intuitivo, a veces siento muchas ganas de tocar un ritmo que escuché cuando era niña, o también recuerdo alguna canción que tenía un ritmo en particular. A veces recuerdo frases o vivencias que tuve y considero que me gustaría escucharlas y tocarlas en algún ritmo en particular, y por supuesto que mi curiosidad me lleva a investigar sobre el ritmo e incluso sobre algunas problemáticas.  Considero que es un proceso flexible donde elijo divertirme. 

Creo que tiene que ver con las experiencias familiares y personales que tuve y tengo, por ejemplo, en mi niñez viví muy de cerca una guerra que fue denominada como la “Guerra del Gas”, también viví represiones policiales y experiencias de discriminación en la escuela primaria. Y cuando decidí migrar la cosa no cambió mucho, porque tuve experiencias de discriminación, racismo, pero ahora por ser mujer migrante qichwa-aymara. Así que creo que todo eso tuvo mucho que ver en la decisión de poder combinar mi música con expresar problemáticas sociales. 

YouTube player

En mi proceso migratorio un día me di cuenta que empecé a olvidar palabras, fiestas y acciones que había aprendido, me reconocí habitando mucha tristeza y melancolía. Así que empecé a recordar todo lo que me estaba olvidando, decidí abrazarme fuerte, decidí abrazar mi vida desde el momento que respiré por primera vez hasta el presente que sea que esté viviendo, cada vez que recordaba algo el charango aparecía como mi ancla de vida. Recordé que, aunque me sienta perdida y en mucho caos, la raíz de mi crianza qichwa y aymara siempre me acompañará vaya a donde vaya. 

Manifiesto Kawsay más allá de que puede ser entendido como un mantra, lo escribí en forma de un manifiesto a modo de protesta social, sólo que en este manifiesto hablo de vivir y de todo lo que acompaña al estar vivo en armonía con la Pachamama.

La verdad nunca lo había pensado, pero gracias por preguntar, porque ya debe ser momento para reflexionar sobre mi camino musical y mi camino como investigadora. Puede que no exista una influencia en particular, porque antes de componer me dedicaba a interpretar canciones de otros compositores, y me animé a componer cuando quería expresar lo que pensaba, cantando y tocando en el charango. 

Pero creo que son caminos que se retroalimentan continuamente, porque muchas veces decido investigar desde lo que pude expresar en la música o decido componer desde lo que investigué. Ahora, lo que investigo -por lo general- tiene mucha relación con el mundo de intereses que habito, por ejemplo: temas migratorios, desigualdades laborales, acceso a la salud, extractivismos territoriales y extractivismos simbólicos. 

Y, por otro lado, siento que mi camino musical está más relacionado a un trabajo introspectivo que es muy personal y mi camino como investigadora creo que le aporta claridad en lo que quiero expresar. 

Pues es algo que no puedo negar, porque forma parte de mi vida a través de experiencias y sentimientos. Y mi música muchas veces sostiene esos sentires sobre mi propio proceso migratorio, pero también suele comunicar las desigualdades sociales que habitamos las poblaciones migrantes. 

Ahora, me gustaría sentir y cantar sobre otras cuestiones, seguro que sí, pero mi realidad es la de una mujer qichwa y aymara que tuvo que migrar hacia un país limítrofe, y aunque esos límites sean imaginarios, soy parte de la población que discriminan y construyen políticas públicas para legalizar persecuciones que atentan a los derechos humanamente dignos.

Creo que parto de que es un proceso muy personal, y al ser personal, las decisiones fueron y hasta ahora están siendo intuitivas. Sostenerme en la memoria y en los universos de pensamientos, experiencias y posturas que voy descubriendo y construyendo hace que el proceso de mi reconstrucción identitaria se refleje en los ritmos de las comunidades qichwa y aymaras a las que pertenezco y de las que son mis padres. 

También siento que se refleja en las letras que están pensadas para expresarse en idioma qichwa y aymara, o a veces combino la escritura qichwa, aymara y castellano, otras veces qichwa y castellano o aymara y castellano. La idea -por ahora- es que sea una forma para no olvidar palabras, oraciones y prácticas que son acompañadas de sonoridades me fueron enseñadas, y a esto, me gusta agregarle mi propia visión del mundo.

En principio es un trabajo en equipo, que con el tiempo y experiencias me llevó a trabajar con directoras, directores, realizadores audiovisuales y artistas que pertenecen a comunidades originarias. Principalmente la comunicación que tenemos como equipo busca reforzar visualmente el mensaje de la canción que estemos trabajando, así que buscamos retratar desde el respeto, la vida de nuestras comunidades, y desde las experiencias personales que tenemos cada uno.

Aunque el trabajo es de autogestión e Independiente, considero que la parte visual cumple la función de reforzar el mensaje que esté abordando la canción, ya sea que tenga letra, o sea instrumental.

Raíces que siguen cantando

rut alonso

Este trabajo audiovisual fue concretado entre varias hermanas y hermanos que pertenecemos a diferentes comunidades originarias. En principio contacte a Luciana Quispe, codirectora del videoclip, con ella desarrollamos ideas entorno a la canción. A raíz de las ideas que fuimos construyendo, conformamos un equipo profesional interdisciplinario de hermanas y hermanos que trabajan en fotografía, video y danza. 

Convocamos a Kuntur Vargas, hermano de la Comunidad El Cóndor, para sumarse en la codirección, llamamos a Magdalena Zerpa, hermana de Humahuaca, para que nos acompañe en danza, convocamos a las abuelas Irma Valerio y Elvira Benicio de la Comunidad Cueva del Inca, que lastimosamente meses posteriores de grabar, la comunidad sufrió varios intentos de desalojos, donde la policía llego a golpear a la abuela Elvira

Por otro lado, convocamos a Juventud Villa Cortez (grupo de danza de Pujllay), por el ritmo en la que está creada la canción. También convocamos a Yesica Patto, para la dirección de fotografía y cámara, a Nahuel Martínez, para foto y montaje, y, a Victoria Meza, para el desarrollo de la parte de producción.

Desde nuestras áreas artísticas construimos ideas entorno a la canción, al ser un proyecto Independiente nos planteamos como objetivo dignificar nuestro trabajo como artistas originarios y retratar nuestra manera de vivir desde la lógica del “Sumaq Kawsay” (buen vivir). Como equipo elegimos retratar desde el respeto nuestra diversidad territorial e identitaria. Así, decidimos representar el recorrido personal guiado por una joven y dos abuelas que me conducen hacia un camino espiritual y de reivindicación al “Sumaq Kawsay”. 

La dirección y fotografía representó minuciosamente el viaje por el territorio, el aprendizaje, el compartir y la música que había olvidado, y se representaron como fortalecedores de la memoria y comunidad los momentos compartidos a través de la ofrenda a la Pachamama, la danza de Magdalena, la danza del ritmo del Pujllay y el canto.

Para concretar el videoclip, a un inicio realizamos rifas donde se sumaron varios artesanos y emprendimientos independientes que donaron sus productos para la rifa, posteriormente se sumaron algunos sponsors como la Fundación Quita Penas de Mendoza, Argentina. Por otra parte, el proyecto fue seleccionado en las Becas Creación 2024, Producción Creativa – Grupal y en el Apoyo a la Realización de Video Clips del Instituto de Artes Audiovisuales de Jujuy y de la Comisión de Filmaciones de Jujuy.

Este relato es un resumen de la experiencia de nuestro proceso creativo, pero nos gustaría que se supiera que la realización audiovisual de Manifiesto Kawsay, más allá de ser un videoclip, es una canción en forma de manifestación social, es un reencuentro en territorio, y como dijo Magdalena Zerpa: “es volver a la comunidad como único camino posible”.

Y a modo de actualización, el año 2025 nuestro trabajo fue seleccionado para ser proyectado en el Festival de Videoclips SMA de San Martin de los Andes, Argentina. Actualmente recibió la Mención Honorífica en la categoría de Cortos Audiovisuales – “Tesoros Vivos, Memoria y Territorio”- por el Programa IberCultura Viva, este reconocimiento nos dio la posibilidad de que nuestro trabajo sea subtitulado en portugués y proyectado en la Teia Pontos de la Cultura pela Justiça Climatica en Espiritu Santo, Aracruz, Brasil. 

Y con gran felicidad, también nos anunciaron que fue seleccionada en el 11° Festival Internacional de Cine de las Alturas para ser proyectado en el Teatro Mitre de la ciudad de San Salvador de Jujuy, Argentina.

La música para mi significa vida, expresión, resistencia y restitución, significa acompañar al pueblo que me crió y que me recibe. Agradezco al charango que en forma de sonidos y notas musicales me acompaña en este viaje llamado vida.

En principio estoy agradecida porque siento tener un privilegio, donde la vida me está dando la oportunidad de viajar para mostrar mi trabajo musical.

En los viajes que hice -hasta el momento- tuve la oportunidad de compartir con comunidades originarias, donde sin planearlo, socializamos sobre varias problemáticas que atraviesan nuestros territorios, aprendí sobre rituales y ritmos particulares que interpretan colectivamente, y eso que muchas veces nuestro diálogo no se daba en el mismo idioma, pero podíamos dialogar desde la música y comprender que nuestros territorios actualmente se encuentran en peligro. 

En las comunidades que visité, siempre me sentí en casa, porque se sentía la reciprocidad de la comunidad donde crecí y de la comunidad donde visitaba a mi abuela.

Respecto a lo que percibo, siento que nuestra música es recibida con mucho respeto y curiosidad. Recuerdo que la primera vez que hicimos una gira por Brasil después de tocar Manifiesto Kawsay, las personas que nos fueron a ver al teatro se pararon mientras nos aplaudían, para mí representó un homenaje a mi vida, porque no podía creer que aquello que había escrito en la soledad, había traspasado la frontera de lo personal y en otro idioma, también recuerdo que en ese viaje me cautivé del sonido del cavaquinho y la Comunidad Chorinho me enseñó a tocar y me dio la oportunidad de que los acompañe con mi charango.

Rut es una mujer qichwa y aymara que toca charango desde su infancia y que con el tiempo tomó la decisión de cantar junto a su charango para no olvidar lo aprendido en su comunidad que la vio crecer. Creo que la vocación la obtuvo tras escuchar los sonidos de las celebraciones de su comunidad, y a raíz de esto fue construyendo su camino en la música. 

De adolescente aprendió a leer partituras en charango, y tuvo su primer acercamiento con la Antropología Social, y, la Etnografía y Folklore en la Escuela Nacional del Folklore Mauro Nuñez Cáceres, también formó parte de varias orquestas de charangos y de instrumentos andinos.

rut alonso

Lo viví con mucho agradecimiento, es un recuerdo que se siente como si hubiera pasado hace un par de días. Esta experiencia para mí no sólo fue una oportunidad de llegar a grabar en el Estudio CIAM de Tecnópolis, uno de los estudios más reconocidos de Argentina, sino que significó expresar el recuerdo valeroso que tengo hacia mis abuelas aymaras, que hasta el día de hoy defienden nuestros territorios y derechos por una vida digna para nosotras, sus nietas e hijas.

También junto a mis compañeros del Ayllu musical, comunidad sonora que me acompaña, Elio Gutiérrez, Andrés Cazón y Facundo Barrios significó manifestarnos desde la sonoridad del ritmo Awki Awki. Y mostrar un charango diferente -en forma de walaycho- también significó comunicar y difundir la diversidad del mundo sonoro de nuestro charango.

Con relación a los reconocimientos, personalmente no los busco, pero los agradezco porque impulsa y visibiliza nuestro trabajo colectivo en el área musical y audiovisual.

Primero, en relación al trabajo, disfruto los momentos de crear. Pero ese disfrute se debe por trabajar la tierra, para recordar el ritmo del tiempo y el ritmo de la vida, en mi día a día suelo sembrar, cosechar y sanar de alguna enfermedad -de manera natural- con algunas frutas y verduras de temporada. Y de manera personal también suelo practicar algunos cuidados personales, que a veces los suelo compartir con mi entorno más cercano.

Es una faceta que actualmente estoy disfrutando mucho. Actualmente doy clases individuales y grupales -hasta dos personas- de manera virtual, donde tengo estudiantes de varios países, y doy talleres presenciales -según el grupo o la persona que quiera aprender-, en las clases y talleres trabajamos según el objetivo personal, siempre priorizando el cuidado del cuerpo. 

Este proceso de trasmisión, para mí significa difundir las lógicas de interpretar del charango, acompañar el camino personal de cada estudiante y difundir la memoria histórica de nuestro charango.

Para más adelante me gustaría jugar con otros ritmos y otras variedades de charangos que no pude presentar en el álbum Warmikuti. Por ahora la primicia es que se vienen canciones inéditas en ritmos que me hacen sentir muy cerca de casa.


La obra de Rut Alonso trasciende la música para convertirse en un ejercicio de memoria, identidad y resistencia. A través del charango y las lenguas de sus ancestras, construye un relato donde la migración, el territorio y la memoria colectiva se transforman en experiencias sensibles y compartidas. Su música reafirma al arte como refugio, denuncia y camino colectivo dentro de la escena Independiente latinoamericana contemporánea. ¡Éxitos y bendiciones! 

Encontrarás más información sobre Rut Alonso en Facebook, Instagram, YouTube, Spotify.

Valora este contenido

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación 0 / 5. Recuento de votos: 0

Hasta ahora ¡no hay votos! Sé el primero en puntuar este artículo.

Ya que has encontrado útil este contenido...

¡Compártelo con tus seguidores y amigos!