Música interactiva, Música inclusiva

Grandes festivales, millones de euros invertidos por las administraciones públicas, estrellas del rock y estadios llenos con entradas a precios desorbitados. Estos son los datos que los medios nos venden como el «gran éxito» de la escena musical: la realidad de Rosalía, Coldplay o Shakira. Sin embargo, este relato se aleja de la cotidianidad del músico mayoritario, cuya situación se precariza cada vez más en favor de una industria en manos de unos pocos. Se apuesta por una cultura pública sin techo de gasto, pero sin reciprocidad hacia la ciudadanía, beneficiando a inversores a los que la música no les interesa en absoluto.

Hoy me toca hablar del caso contrario: de esa realidad que no nos venden habitualmente. Os voy a hablar de Manel, Blas, Kevin y Jorge. Músicos de barrio, de calle y de escenarios pequeños; músicos de carretera, de vida, de corazón y de compromiso.

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El latido de los barrios

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Estos cuatro músicos colaboran con Música Interactiva, un proyecto de la Fundación Amiba (www.amiba.org) ubicado en Badalona. Desarrollan su labor en barrios de clase obrera como La Salut, Llefià, Sant Roc o La Pau, zonas que se han construido a sí mismas acogiendo a personas llegadas de todos los rincones de España y del mundo.

Pertenecen a generaciones distintas —jóvenes, adultos y seniors—, pero todos comparten un mismo espíritu joven y vital. Su labor es fundamental: imparten, entretienen y educan a través de la música en colectivos donde la administración pública no llega. Mientras se destinan miles de millones a macroeventos, apenas quedan recursos para quienes trabajan con jóvenes en situación de vulnerabilidad, personas con discapacidad o personas mayores. Por eso, estamos aquí para reivindicarlos y dar a conocer su trabajo.

Manel y Blas: La experiencia al servicio del barrio

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Cada jueves, Manel y Blas dedican su tiempo como voluntarios en un centro público gestionado por el ayuntamiento, trabajando con jóvenes del Aula de Suport Auec. (Visitar Web)

Quedé con Blas cerca de su casa. Es un músico jubilado de origen extremeño, concretamente de Badajoz. Aunque no ha vivido profesionalmente de la música, esta siempre ha sido el motor de su vida. Fue baterista de Five & Co, una banda que en las décadas de los 60 y 70 fueron conocidos como «los Sírex extremeños». Recorrieron toda su región tocando temas propios y versiones de los Beatles, Fórmula V, Pink Floyd o The Who. La búsqueda de un futuro mejor lo trajo a Cataluña, donde se inició en diversos trabajos y activismo social hasta jubilarse como funcionario de la Diputación de Barcelona.

Caminando con él hacia Llefià, descubres su importancia para la ciudad: los vecinos lo saludan y se detienen a hablar con él. A sus 75 años, Blas desborda una energía envidiable. Mientras paseamos por l’Escorxador o la Plaça de la Dona, me narra historias de lucha social y reivindicaciones políticas que han dado forma a la Badalona actual.

Al llegar al centro Badiu Jove, nos espera Manel, también jubilado y músico autodidacta. Ambos comparten años de compromisos políticos y luchas sociales. Manel me confiesa, entre risas, que empezó con la guitarra «por culpa» de su mujer: ella se apuntó a un curso, se cansó a los dos días y él decidió aprovecharlo para no perder el dinero. Desde entonces, la guitarra ha sido su compañera en batallas, protestas y alegrías.

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En la clase, el respeto es absoluto. Los chavales escuchan a dos personas que no solo saben de música, sino que conocen la vida y el barrio a la perfección. Blas enseña el ritmo en la batería, pidiendo a los alumnos que traigan sus canciones favoritas para intentar replicarlas. Manel, por su parte, introduce sonidos nuevos a jóvenes de Sant Roc que, aunque traen el flamenco y la rumba en la sangre, descubren con él otros acordes y estilos. Aquí se siembran semillas: puntualidad, compromiso y la capacidad de extrapolar el esfuerzo de un instrumento a la vida misma.

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Kevin: Sensibilidad y compromiso

Los martes y miércoles es el turno de Kevin, quien recorre centros de salud mental, pisos tutelados y residencias en Sant Roc, Gorg y el centro histórico. Kevin es músico profesional; vive por y para la música las 24 horas del día. A pesar de ser unos 40 años más joven que Blas y Manel, tiene la misma predisposición y energía. Su currículum es extenso, habiendo colaborado con artistas de la talla de Lia Kali, Lozano o Júlia Isern. Pero su verdadero talento brilla en la distancia corta.

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Al entrar en el piso tutelado, es evidente el cariño que sus alumnos le profesan. Con una paciencia infinita y una sensibilidad especial, Kevin dirige una sesión de guitarra y canto donde suenan desde Los Chichos y Camela hasta Mecano o Habaneras. Es una hora de emociones a flor de piel: risas, bailes y algún llanto. Es una forma de vivir la música que no entiende de «likes» ni de seguidores en redes sociales; es humanismo puro y transmisión de valores a través de una guitarra y cuatro hojas de canciones.

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Jorge: El «tardeo» con sentido

Los viernes cierro la semana con Jorge, trabajador de la Fundación Amiba y responsable de las sesiones de música interactiva en el centro de día del barrio de La Pau. Jorge, también de origen extremeño, tiene una trayectoria de más de 20 años como DJ de música electrónica, compartiendo cartel en festivales con nombres como Pet Shop Boys, Vitalic o Ladilla Rusa.

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Su escenario actual es distinto, pero igual de gratificante: el salón del centro de día frente a los «abuelitos» y «abuelitas» que esperan con ansia su sesión semanal. Jorge utiliza clips musicales en una smart TV para dinamizar la media mañana. No hay límites en su repertorio: desde Lola Flores y Peret hasta Rigoberta Bandini o La Pegatina. Cada viernes es una aventura sonora diseñada para estimular la memoria cognitiva, pero sobre todo para generar disfrute y alegría antes de la comida.

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Conclusión: Una música que transforma

A lo largo de la semana he sido testigo de cómo la música se convierte en un método educativo, terapéutico y vital. Es una labor de «picar piedra» desde el anonimato, la cercanía y la paciencia.

Frente a lo efímero de la industria actual y la superficialidad de los asientos VIP, estos músicos nos recuerdan que el verdadero poder de la música reside en el contacto humano, en el compromiso con los más vulnerables y en la capacidad de transformar los barrios desde el “ritmo” del corazón.

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