Fígaro – Seguimos perdiendo

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Como dijo Johan Cruyff (por cierto, cada vez me gusta menos el puto fútbol, con sus niñatos tatuados, sus peinados “a ver quién la tiene más grande”, sus negocios extradeportivos, su blanqueo de pasta, y sus malditos cantantes, porque si el Sabina, “ese que canta”, es del Atlético de Madrid, el “perfectísimo”, Plácido Domingo, es del Real Madrid, el Serrat es del Barcelona y Francisco –estoy a ver si me pongo en contacto con su representante… pero náh!- es del Valencia; de todo hay en la viña del “deporte rey”), digo, que como manifestó Cruyff, <<las comparaciones son odiosas, y más, cuando se pierde>>. He hablado aquí, en este espacio que me dejan los de LaCarne (siempre les doy las gracias por poder escribir lo que quiero, y así mismo les pido perdón por mis escandalosos retrasos) sobre ciudades o pueblos de la geografía patria (je, je) que se dedican, que montan, que organizan saraos muy bien montados, y casi mejor publicitados, alrededor de la música clásica (lírica o no), y en esto aparece, refundándose a sí misma, en el mapa de los festivales, otra vez la ciudad de Cuenca.
Recuerdo una película protagonizada por Koke Malla, el de “Los Ronaldos”, en la que se decía, “¿Cuenca, y qué coño tiene Cuenca?”. Creo recordar que llevaba por título <<Nada en la nevera>>, y los protas se iban hasta allí, apenas un tiro de piedra, hastiados de un Madrí incomestible, no a ver el Museo de Arte Abstracto Español (de Cuenca) con todos sus “sauras”, “canogars” o “millares”; ni tampoco marchaban a escuchar nada de nada de su Semana Musical Religiosa (patrocinada, entre otros, poooorrrrrrr… ¡¡Tacháaaannn!!, la Embajada de Austria y el Instituto Goethe… ¡¡mierda, mierda, mierda, “Las semillas de la civilización” de las que habló Gregor Von Rezzori!!), en donde una compositora afincada en Extremadura, y profesora del Conservatorio de Cáceres, fue programada en el 2009 con una de sus obras (“Le loingpres”) y que aquí, en Xtremahùra (muy buena política cultural, por cierto, con un Monago entregado a la causa “loquillera”, por no hablar de la medalla dada al Robe Iniesta -¿qué discursito más pueril, verdad?- y un Loquillo genuflexionando su gran corpulencia hacia nuestro presidente autonómico, ¡¡puro rocanrol!!), no se ha escuchado todavía. No, tampoco partían para escuchar, o para ver, esa “santa dualidad que atesora la música”, como asegura Sollers, los protagonistas de <<Nada en la nevera>>, las Jornadas de Zarzuela de Cuenca, ya que estas solo llevan dos años, peroooooo… pero la Fundación Jacinto e Inocencio Guerrero está detrás de ellas y no solo hay conciertos y concursos, sino que también hay encuentros entre cantantes, compositores, libretistas, público, mecenas (me-ce-nas, o sea, los que dan y ceden gratuitamente algo para que sucedan cositas), agentes culturales (uummhhh) y autoridades competentes (¿saben qué me dijo un responsable político cuando fui a verlo hace dos años? “yo no sé nada de esto”)…; exposiciones sobre el atrezzo, las ropas, los decorados, los libretos, los bocetos…; feria de música con instrumentos “raros” o museísticos… En fin, de todo un poco, y más.
Como escribí al principio, “las comparaciones son odiosas, y más, cuando se pierde”. Francamente, ¿no se podría hacer algo parecido aquí, con toooooodo el patrimonio que tenemos y que podría servir de maravilloso marco a cualquier cosa relacionada con la música clásica? Sigo diciendo, ¿saben que somos la única autonomía (“café para todos”, eso sí, a unos con más leche que a otros) que no tiene un premio, un concurso dedicado al canto lírico (presenté hace unos años un proyectino sobre el asunto, para que estuviera dentro de aquel embarque/embauque del “Cáceres Capital de la Cultura Europea 2016”, pero me dijeron que no era el momento, ¡trakatón!)? Pues eso, que seguimos perdiendo.

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