Hablamos con Raúl Navajo de improvisación libre

Raúl Navajo es un asiduo en los encuentros de improvisación libre organizados por Raras Músicas, y las reuniones de la Orquesta de Improvisación Libre del mismo nombre.

Creativo y muy interesado en el tema y músico de dilatada experiencia, esto, más que una entrevista, es un conjunto de sus reflexiones sobre la música y la improvisación libre.

Espero que les interesen!

improvisación libre

Improvisación Libre con Raúl Navajo

Dime cuál es tu procedencia musical. Si tienes formación académica, me interesa que me cuentes tu experiencia en las escuelas de formación de música o en el conservatorio, y que me lo compares con tu experiencia en la improvisación libre y en la música experimental, aunque sea compuesta.

A mediados de los 70 en Madrid, las posibilidades de iniciarse en la música, para alguien sin conexión ni antecedentes familiares en la materia, eran la formación clásica o la autodidacta.

Si el panorama pedagógico ya era desolador, no lo era menos tener una familia refractaria al arte y contraria a cualquier vocación que no despertara la admiración de familiares y vecinos, y vaticinara una pronta cartilla de ahorros y un futuro prometedor.

Yo tuve la posibilidad de hacerme con un tocadiscos a los 10 años, y mi devoción por la escucha atenta del arte fonográfico palió mi momentánea frustración por no poder ser ejecutante, y a día de hoy considero que la mejor escuela para un músico y su mayor virtud es saber escuchar.

El tiempo en la adolescencia es curioso, mientras tú quieres crecer y alejarte del acné, él se empeña en dilatarse y ser generoso en oportunidades y encuentros con gente afín que te enseña y orienta, y si le pones tesón y aprovechas ese «momento esponja», acabas pronto tocando con otros y formándote en el conservatorio o en las olvidadas academias de barrio, que eran las puertas de entrada a este mundo infinito de los sonidos.

Mi comienzo fue un hilván de guitarra clásica, ragtime y blues que aprendí de músicos callejeros y sacados a oreja de los discos, y el jazz, que junto con el folk y la música que llamamos contemporánea (entreguerras y mediados del siglo pasado en adelante), más los sonidos étnicos, cuanto más puros y ancestrales mejor, forman la base de lo que toco y mi principal influencia.

El rock y el pop y otras músicas comerciales (salvo casi todo el rock de los 70) del que conservo una memoria emocional tremenda, apenas me ha influido, por lo que siempre he sido bicho raro entre los míos, digamos progres, hippies residuales y rockeros progresivos.

Por último, sobre la cuestión títulos y currículo («ridiculum vitae»), teniendo en cuenta la ausencia de estudios reglados en materia de jazz y armonía funcional o moderna en mi primer periodo de formación (el arte es un aprendizaje de vida y de por vida), pude estudiar con nombres y en lugares comunes dentro y fuera de España, presencialmente y a distancia. Léase Barry Harris, Charlie Haden (call arts missouri) Dan Rochlis, Agostino di Giorgio, Juan Cerro, Félix Santos (el único referente serio en materia de armonía moderna del Madrid de los 80), Royal School of Music (guitarra y armonía clásicas), Masud Razey (guitarra clásica), y bastantes más etcs. que se prolongan en el tiempo, y ayudaron a perfilar mi espíritu autodidacta hace un cuarto de siglo.

A todos mil gracias, pero este tema lo comento muy a pesar mío, ya que el postureo de los titulillos así sin más hablando de arte me produce grima.

Sólo diré que nosotros fuimos pioneros en lo que a música popular creativa e improvisada con fundamento se refiere cuando esto era un erial, y aun así nos hemos buscado la vida para dar la talla en un oficio que requiere miles y miles de horas de estudio, y un bagaje de conocimientos que ninguna memoria aguanta si no es con la ayuda de un conocimiento profundo y un continuo reciclaje, y la asunción de un mundo laboral casi nulo y lleno de privaciones.

La mayoría de gente con talento y dos dedos de frente, muy a su pesar abandona.

En una sociedad que exige imagen tras imagen, tiene el oído atrofiado y necesita un tipo de sonidos que alivien su frustración y les haga patalear en cualquier cercado o redil para recomponer su autoestima, con estribillos ya futboleros, ya edulcorados, y ritmos refritos y chabacanos, cabe poca conexión con lo genuinamente tribal, lo bello, o lo trascendente.

A ver, improvisa un poco sobre tu manera de ver la música y la improvisación libre…, una experiencia fractal, cómo dices tú.

La música tiene un componente abstracto en sí que induce al inconsciente del oyente.

El ejecutante, asimismo, lo es al crear imágenes y estados de ánimo que conforman al mismo tiempo una experiencia individual y otra grupal. Autor ejecutante y oyente, u oyentes, acaban siendo parte del proceso creativo aún en el caso de una grabación, el clima, la tensión…

En un directo la interrelación es aún más mágica y puede llegar a convertirse en una cocreación autor- ejecutante- oyente, por tanto, el clima de una audición forma parte del hecho creativo.

Si en la música no improvisada esto se nota en el énfasis y el espíritu que se dé a la interpretación, en la improvisación, la incertidumbre, la capacidad de sorpresa y el riesgo se agrandan, y el abismo atrae a músicos y público.

El jazz representa para mí el mejor ejemplo de perderse y volver a casa, es como la vida misma. Un ciclo tras otro se repite el mismo guión, pero la capacidad del creador-improvisador y sus acompañantes hacen que el paisaje se transforme y parezca que se sale del lienzo que lo sustenta.

Por suerte, uno siempre lleva a mano mapa o brújula, y ha de saber leerlos para hacer el mejor relato posible de ese viaje. Esto exige una comprensión del oyente que para poder disfrutar necesita entender, como en los toros o en el deporte, las reglas del juego.

Ni que decir tiene que el profano sólo sacara en claro que se empieza con una melodía, luego por turnos unos tocan por encima de los demás, más tarde llegan a un acuerdo rítmico, vuelven a la melodía, y fin, suficiente como para procesar más allá.

Y llegamos a la improvisación libre y estas son mis impresiones:

Bajo mi punto de vista, cuando el artista quiere acceder a un nivel de comunicación donde no existen clichés rítmicos, ni convenciones tonales, ni melódicas, entra en un terreno confuso, aflora una rebeldía primaria y el Dr. Jekyll tiende a convertirse en Mr Hyde, y se tiende al derribo de materiales más que a la construcción no convencional.

Para mí, esa catarsis es un buen punto de partida para reinventar el proceso de, valga la redundancia, procesar sonidos a partir del desguace, y dar forma a esos «materiales de derribo” sin volver a los clichés conocidos, ni caer en el amaneramiento snob y rupturista más propio de un rockero alienao, o un performer sin recursos.

Desde esa perspectiva de consciencia de la ausencia y presencia del todo, siempre bajo mi punto de vista, que afortunadamente es eso, sólo un punto en el vacío, se puede uno lanzar a la improvisación libre individual y colectiva.

Hay unos preceptos estéticos en determinada pintura japonesa, basada en capturar el instante, que me parecen muy interesantes, tanto para el arte como para la vida en general.

PRINCIPIOS ESTETICOS

ASIMETRÍA: Desprenderse de la idea de perfección que impide el acceso al camino. El pensamiento de perfección bloquea. Buscar el fluir, aceptar la impermanencia, no someterse a norma alguna.

AUSTERIDAD: Eliminar lo innecesario y superfluo, no adornar, menos es más, sobre todo en un lenguaje que se inventa sobre la marcha.

DIGNIDAD: Dejar que salga nuestra naturaleza interior, y ser nosotros un mero vehículo, actuar con elegancia.

SINCERIDAD Y NATURALIDAD: Eso significa penetrar lo que se está creando, borrando todo esfuerzo consciente y toda distancia entre el intérprete y su obra, entre la mente y el sonido.

Si se sopla, ser aire; si se frota o percute, ser el material que produce el sonido (esto es casi experimentar un estado alterado de consciencia).

BUSCAR LA RESONANCIA más profunda desde nuestro ser, y hacer partícipe a nuestro instrumento. Hemos traspasado el velo de las formas, y estamos en el abismo de las resonancias. Somos eco del eco.

DESAPEGO: Liberación de lo que hemos creado, no es nuestro, nosotros sólo hemos sido un canal, no actuamos, «SOMOS MOVIDOS POR LA INTENCION PREVIA AL PENSAMIENTO» (ésta es para mí la madre del cordero).

TOMAR CONCIENCIA DE LA REALIDAD CIRCUNDANTE: ¿Somos el cielo que se refleja en el estanque, o su reflejo? ¿Lo que interpretamos es nuestro reflejo, o lo somos nosotros de dichos sonidos?

Parafraseando a Groucho, aquí tienes estos principios si no te gustan busca otros.

Se recomienda intentar esta receta partiendo del silencio, y si la interpretación es grupal, comenzar con una pequeña meditación de minuto y medio, con los ojos cerrados, visualizando el silencio.

A mi modesto entender, este tipo de actitudes previas refuerzan la sincronía con el grupo, el público y el acto creativo poniendo todos los relojes a cero.

Soy relativamente nuevo en el género de la improvisación libre – colectiva. No llevo ni un lustro practicándola, pero sí he aprendido los códigos y pautas fundamentales: respeto, escucha, no tocar si no sientes que vas a aportar algo a lo que se ha creado, y saber refrescar ideas que se agotan en el colectivo ejecutante, entrar y salir con elegancia sin pisar a nadie, y ser decidido en la aportación de ideas.

Como puñado de actitudes válidas es suficiente, aunque me consta que me ha enseñado mucho más de lo que creía.

Este último año he participado en pocas sesiones, y la verdad es que echo de menos los encuentros por el magnífico material humano que «perpetra» estas locuras, por la terapia de limpieza de prejuicios frente a otros colegas, y por su transversalidad en cuestión de niveles y gusto musical.

Para mí, alguna de la gente que practica este género me ha llegado muy dentro, ¿por qué será?

Tanto si construimos con los materiales que nos facilita el conocimiento musical, como si nos zambullimos en el caos y seguimos la regla de oro que es tocar con corazón, daremos con alguna de las infinitas variantes que nos llevan a la geometría sagrada del origen de los sonidos. “Nosotros elegimos.com”

● Ser buen músico no es sinónimo de ser compositor, hace falta ser honesto y trabajarse un lenguaje propio durante años, no ser megalómano y centrarse en lo que quieres contar, aunque sea sencillo.

A mí me gusta componer y no se me da mal. Cuando tengo una idea, le doy forma y a otra cosa, pero ojo, buscando siempre el equilibrio entre fondo y forma. Eso, la interpretación, y el estudio diario por unas cuantas horas es la base del oficio para mí.

●Además, no siento mucha atracción por las grabaciones, hay que hacerlas y punto. Casi siempre he grabado con limitaciones de tiempo, y condicionado al producto o al sustento.

Espero que surja algún proyecto que me haga cambiar de opinión. En todo caso, no suelo recrearme en su escucha más allá de corregir errores. Debo tener bastantes horas grabadas de cosas variadísimas, pero solo guardo algo de lo que esté satisfecho por si me lo piden.

Por último, espero que estas reflexiones no ofendan a nadie, y sirvan como punto de vista sobre esta rama artística y los pájaros que en ella anidan.

P.D.: dedico, si es que hay alguna, mis reflexiones más lúcidas al maestro Jorge Cabadas, un ejemplo como músico y persona.

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