Improvisación libre con Miquel Àngel Marín

Hablamos de Improvisación libre con Miquel Àngel Marín. Qué disfrutes la entrevista!

Artículo incluido en LaCarne Magazine N66. Si quieres, puedes ver nuestro Monográfico sobre Improvisadores Libres.

¿Cuál es tu procedencia musical?
Procedo de una familia de agricultores y comerciantes del delta del Ebro, Cataluña, con abuelo materno clarinetista y abuelo paterno valenciano. Escogí el clarinete en lugar de la azada. En este gesto cósmico (¿cómico? ¿trágico?) radica mi procedencia musical. Leer pentagramas o frasear música como quien labra surcos en el aire.

improvisaciónEstudié en la Cava-Deltebre, Tortosa, Barcelona y Karlsruhe (Alemania). He tenido suerte con mis profesores de clarinete: Antoni Sebastià, Juli Panyella y Wolfgang Meyer. La musicalidad. La música es apertura, diálogo, ternura, casi diría dulzura, “prioridad del vínculo frente a la primacía de la separación” (Merleau-Ponty). No me sirve de otra manera. En Alemania (1993-97) viví una primavera musical y vital: encontré un entorno donde crecer como músico, 500 estudiantes de todo el mundo, enseñanza gratuita. La mejor escuela para mí.

Descubrí  la relación del clarinete con el cuerpo, todo el cuerpo en el sonido, todo el cuerpo implicado en la música, la articulación, la inteligencia. De aquellos años y los posteriores surgieron dos textos que después, gracias al poeta Carles Hac Mor, fueron dos libros editados: ‘Lo clarinet és l’aixada’ y ‘Música és enxampar mosques’. Estuve en la academia hasta los 30 años. Me costó mucho encontrar un camino como músico.

Trabajo y he trabajado en orquestas clásicas y grupos de cámara de aquí y el extranjero desde que tenía 20 años. Doy clases de clarinete desde hace muchos años: los niños son los grandes excluidos del pensamiento y la creación musical.

Se nos dice que son seres incompletos, que necesitan completarse unilateralmente por medio de cantidades ingentes de conocimientos, y se les echa encima multitud de exigencias y responsabilidades. No se nos dice que son seres plurales y completos en capacidades y potencialidades innatas, y que cada uno de ellos es único e insustituible, con una expresión musical genuina. La improvisación libre puede jugar un papel muy importante en la formación de los niños, por su naturaleza de expresión libre.

De este mundo me interesan los intersticios, los residuos irreductibles de vida musical, poética y jovial, los músicos-poetas, los artistas de la percepción que confían en lo que sienten y actúan, y que se basan en la observación/auscultación y no en los prejuicios.

En mi caso, identifico dos tradiciones o genealogías: la clásica oficial, con compositores y clarinetistas como Mozart, Stadler, Weber, Bärmann, Schumann, Schubert, Mendelsohn, Sphor, Hermsted, Brahms, Mühlfeld, Stravinsky, Messiaen, Gal, Deinzer, Portal, Meyer, Riessler…; y una tradición clásica bastarda, poco o nada reconocida por la tradición clásica oficial pretendidamente legítima o hegemónica: Satie, Dadá, Schwitters, Cage, Kagel, Minimalismo, Fluxus, Santos, Barber, Goebbels

Me aventuro a decir que con las piezas para clarinete solo de Stravinsky del año 1919 (años de dadá y de libertades) se inaugura la era del clarinete emancipado, que no necesita a nada ni a nadie para creer en sí mismo y presentarse en un escenario. Podría ser un km 0 de la improvisación libre y de la acción instrumental.

¿Cuáles son las influencias que te han ayudado al aprendizaje de tu lenguaje improvisatorio?
La primera persona que me viene a la cabeza es Llorenç Barber. Es mi amigo: su estímulo ha sido fundamental. Es un músico-poeta. Su música es el desborde del sonido, de lo sonoro a lo sónico, la música de las distancias, la liberación del sonido, romper la costra, como romper la barrera del sonido.

He leído todos sus escritos. Es el mejor escritor sobre música que conozco. Es un milagro en un medio como el musical, alérgico a la reflexión. Siempre me ha incitado a crear mi propia música, a improvisar, siempre me ha dado oportunidades para hacer música en sus festivales, en sus conciertos, en sus eventos.

Con los poetas y artistas Carles Hac Mor y Ester Xargay me viene a la cabeza la cita de John Cage: «una forma de componer música: estudiar duchamp». También son mis amigos. Ellos y sus libros forman parte de mi vida. Sus escrituras en libertad me han enseñado a improvisar, a crear música. Desde un primer momento me abrieron todas las puertas.

Encontré refugio en la poesía y en los poetas: sus palabras son música con la que me relaciono improvisando. Con ellos y otros poetas inventamos la bouesia, un festival de artes híbridas en el delta del ebro, y que duró 12 años. Aprender a improvisar y aprender a fracasar, y hasta aprender a hacer fracasar al mismísimo fracaso. Todos somos poetas.

John Cage y su libro Silence. Intolerable para muchos músicos. ¿Tal vez el primer músico-poeta? No, tal vez el primero fue Satie ¿Un músico escritor, un milagro? Después de leerle te lanzas a hacer música. Todos somos músicos.

Marius Schneider y su libro “El origen musical de los animales-símbolo en la escultura antigua”. Te conecta con una forma de pensar analógica, poética. Abres el libro y las pieles de cebolla de los prejuicios y demás rigideces caen sin remedio, llorando de alegría. Ha sido una inspiración contínua para improvisar y accionar.

Carles Andreu: él viene de los cantos populares españoles y del Free Jazz francés post mayo del 68. Improvisador de sonidos y palabras. Es un músico-poeta. Sus melodías son un milagro. Escucharle me dio seguridad para inventar cualquier tipo de melodía, consonante o disonante, que más da.

¿Cuándo y cómo llegaste a la improvisación libre?
Empecé a improvisar con discos de zakir hussain y brandford marsalis. Después se añadió el disco «My Song» de Keith Jarret y Jan Garbarek Trio. Sobre todo me fijaba en la libertad del sonido de los instrumentos de viento. Había como una expansión en el sonido que a mí me faltaba. Yo lo llamaba una “expansión al universo”, sin trabas, libre. Me cambiaba hasta la posición del cuerpo y la manera de tocar el repertorio clásico. Lo que hacía era dejarme llevar, cómodamente, siguiendo más o menos la tonalidad, sin ninguna presión de hacerlo más o menos bien. Sólo buscando buenas sensaciones en el tocar.

Tal como he dicho, empecé improvisando con discos por una cuestión de encontrar una libertad en el hacer música. Fue en Alemania, hacia el año 1995. La primera improvisación en público fue en el año 2001 en la Nova Jazz Cava de Terrassa, con el cantaor Duquende y el guitarrista Alfredo Lagos. Ellos venían de tocar con el clarinetista e improvisador francés Michel Portal, y surgió la posibilidad de tocar juntos.

Viví unas sensaciones muy buenas y nuevas: ya no había una partitura a la que atenerse, como tener un precipicio delante, sólo unos motivos que preparé y sobre los cuales improvisé. Ya en 2002 conocí a los poetas y artistas Dolors Miquel, Carles Hac Mor y Ester Xargay, y ellos me permitieron conocer la rica escena de poesía oral catalana, y empezar a improvisar casi sin parar.

¿Qué actividades desarrollas como improvisador?
Los primeros años improvisaba sólo con poetas (además de los que he nombrado) Javier Caballero, Benet Rossell, Andreu Subirats, Francesc Gelonch, Patrícia Carles, Eduard Carmona, Josep Pedrals… Tardé años en encontrar músicos con los que improvisar.

Estrené con Lara Torrecillas (Hata Yoga) el ‘Cuaderno de Yokohama’ de Llorenç Barber, música visual improvisada con yoga y clarinete. He participado en dos ediciones del ‘De sol a sol’, en el Arreciado (Toledo) junto a Llorenç Barber y Montserrat Palacios, una borrachera nocturna de improvisación en el monte durante 9 horas.

He participado como solista improvisador en el estreno de las obras de Llorenç Barber ‘L’apoteosi de l’escolta’, con la banda ‘La Armónica’ de Buñol en el teatro principal de Valencia, y ‘afectuosament’ con la Orquestra de Valencia en el Palau de la Música de esta ciudad.

Formo parte del Col·lectiu Freet’s: un grupo dedicado al sounpainting y a la improvisación libre, afincado en Lleida, formado por músicos, bailarinas, actores y una escenógrafa. Hemos recibido ya diversos encargos: hemos creado piezas a partir de la obra de Joan Brossa, Ramon Llull, Mestres Quadreny… Una forma de trabajar ad hoc, a la carta y de forma colectiva, multilineal, híbrida, más allá de la colaboración entre disciplinas.

He colaborado con músicos y grupos de la escena de barcelona como Joan Saura, Miquel Jordà, Mireia Tejero, Cabosanroque, Nico Roig, Xavi Lloses, Oriol Roca, Don Simón y Telefunken, Gerard Gil, Misaluba, Lucas Quejido, Mariona Sagarra, Carles Andreu, Javier Entonado (a.k.a. Arín Dodó), Primo Gabbiano, Juan Crek, Víctor Nubla…Lem, Fundació Tàpies, Macba, Heliogàbal, Arts Santa Mònica, Fundació Picasso, Horiginal, Barcelona Poesia, Espai Brossa

¿Cuál crees que es tu papel en la escena de la Improvisación?
Mi papel es improvisar en cualquier parte, en cualquier contexto. Cuanto más heterogéneo, mejor, y con cualquier grupo, persona, animal, vegetal o cosa, músico o no-músico. Cuanto más heterogéneo, mejor.

Mi papel como músico o no-músico improvisador es el de cuestionar (poner en juego) en todo momento los lugares comunes y los lugares institucionales, las certezas incuestionables, los dogmas…, frente a la energia centrípeta, la que da vueltas sobre sí mismo, la que cierra puertas, la que dice “esto es así o asá”.

El improvisador abre puertas de forma indiscriminada. Es un centrifugador, es un punto de fuego y fuga en el remolino codificador… Sobretodo, persistir en la libertad. Y la libertad también es llevarse la contraria a uno mismo, dado el caso.

¿Podrías explicar brevemente tu concepto musical?
Cualquier nota, sonido, instrumento, consonancia, disonancia, ruido, gesto, acción, iluminación, palabra, imagen, contexto…, es música. Cualquier relación entre nota, sonido, instrumento, consonancia, disonancia, ruido, gesto, acción, iluminación, palabra, imagen, contexto…, es música. Todo está permitido, todo me vale.

El único trabajo es deconstruir el edificio musical (cada quien tiene el suyo), romper la costra de la codificación y manifestar, revelar lo inédito. Y el arte musical (poético) no sabe de amos, ni es dominante, ni quiere tener siempre la razón, ni da órdenes, ni garantías, ni certificados, ni pontifica, ni alecciona, ni desprecia, ni condena.

A fin de cuentas, es el vientre quien manda (¿manda?) en la improvisación. El pensamiento ya ha pensado antes: todo está permitido. El vientre también piensa de alguna manera, va guiando. Cohabitación de vientre y pensamiento. ¿Consciencia e inconsciencia?

Improvisación, palabras, clarinete preparado o no, partitura, no-partitura, silencio, acción, humor. El uso es el significado (Wittgenstein). La improvisación me llevó de manera natural a la acción. Me encontré haciendo acciones antes de saber qué era una acción.

Los sonidos acababan convirtiéndose en gestos y palabras. Las palabras son importantes para mí: tienen altura de sonido, ritmo, tono, entonación, timbre, duración, silencio, fonética, semántica, y sintaxis. “Las palabras son tan importantes como los sonidos musicales” (Kagel).

También llegué al clarinete preparado sin saberlo. Lo cotidiano empezó a formar parte de la improvisación, objetos banales como prótesis amigas: embudos, lápices, papel de fumar, bolsas de paraguas, bolsas de vino vacías, bolsas de aire, bolitas de papel. El clarinete preparado me ofrece el azar y la posibilidad de lo inédito, y la libertad de no caer en la codificación (sonido estandard, giros melódicos trillados, imitación…).

El humor es el corrosivo que necesito (¿la necesidad poética?) para disolver la tragedia y la amenaza de la música mortalmente seria, domesticada y tensa, para desactivar los prejuicios y llegar a una actitud más abierta, sensible y libre.

Mi pensamiento musical surge sobretodo del tocar, de la práctica del clarinete, sea tocando el concierto de clarinete de Mozart (en el año 2017 lo habré tocado 7 veces con la orquestra de cambra catalana), sea improvisando con freet’s o con poetas o con músicos, o en propuestas a solo de música- palabra- acción… También por la confrontación con la obra musical y escrita de Carles Santos, Llorenç Barber, Heiner Goebbels, Mauricio Kagel, John Cage, Carles Hac Mor, Ester Xargay, Carles Andreu.

Y todo es aún muy tímido porque nos mantenemos dentro del código.

‘Desde siempre el arte aborda temas que para el resto de los mortales no merecen ninguna atención’. (Kantor)

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