Javier Colis, camuflaje sonoro y poesía

Javier Colis es un francotirador. Experto en innovadoras técnicas de camuflaje sonoro, siempre armado con energía guitarrera y poesía decadente, que te sorprende desde las sombras con andanadas de creatividad y ausencia de prejuicios.

Su bagaje musical es tan amplio y variado como bien conocido, pero ya que estamos dejadme recordarlo a vuela pluma.

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Javier Colis frente al espejo

javier colis

Sólo hace falta citar su participación con Demonios Tus Ojos en el disco homónimo de 1988, publicado por GASA, al lado de Javier Corcobado (voz), Javier Almendral (bajo) y Nacho Colis (batería).

Un álbum que de alguna forma enlazaba con “Algún Paté Venenoso”, el último registro de la anterior apuesta de Corcobado, Mar Otra Vez.

Antes, Javier Colis ya se había paseado por el sentimiento trágico de la vida con Vamos a Morir, que publicaron dos discos de igual título en 1990 (Triquinoise) y 1992 (Por Caridad Producciones), discográficas emparentadas por su fundador, Javier Piñango.

javier colis

Aunque personalmente sienta una especial predilección por Mil Dolores Pequeños, con una formación que incluía en sus diferentes personificaciones, además del propio Javier Colis, a Jaime Muñarriz, Javier Piñango, Ajo o Markus Breuss, entre otros, que recoge el legado de Vamos a Morir y lo expande hacia los límites del nihilismo.

Dejaron cuatro discos para la historia, de los cuales destaco su “Opio” de 1998 como el más maduro, y donde cobra más sentido que nunca la etiqueta de avant rock.

Armonías angulares, guitarras disonantes, y voces letánicas cercanas a la obsesión eran sus ingredientes principales. Todo un festival de creatividad.

Álbumes, por cierto, publicados en el sello Por Caridad Producciones, del que el propio Colis era miembro fundador junto a Ajo y Piñango, y que armaron un catálogo breve pero intenso con producciones de Accidents Polipoetics, Destroy Mercedes, Scorecrackers, Audiopeste o Superelvis (ayer mismo escuchaba aquella K7, “La Suma Persa”, al alimón con Macromassa bajo los apelativos de Macroelvis vs Supermassa).

Citemos también su participación activa en Femme Fakir, con un disco de igual título publicado por Luscinia en 2015, que incluye canciones directas, de apariencia sencilla y sin pretensiones, pero engalanadas de arreglos puntillosos que dan como resultado uno de esos discos creativos en su singularidad.

Pero es en solitario, opinión personal, donde la música de Javier Colis se muestra más elocuente. En contraposición al concepto, que es más minimalista y recogido, sus niveles de expresividad se expanden en progresión geométrica.

“Nadie en el Espejo” (Luscinia, 2016) es un buen ejemplo de ello. Un álbum sorprendente que se abre con “Espiral”, canción que etiquetarías de inmediato como proveniente del universo Corcobado, pero con inteligentes arreglos de cuerda gracias al violín de Alba Morín (también en “Mono No Aware” y “Plan B”).

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Inmediatamente después, una alusión “crimsoniana disciplinera” en “Ha Venido Tu Boca”, y sobre todo en “En Deconstrucción #01 y 02”, con esas guitarras sincopadas y contrapuntísticas con el sello personal de Colis, que resultan cortantes y ácidas en su perfecta ubicación con la sección rítmica de bajo (Javier Díez Enea) y batería (Adrián Ceballos).

Creedme que estos cortes no están muy lejos del “Electric Counterpoint” de Steve Reich en versión rock alternativo.

Ese carácter casi obsesivo permanece a lo largo de todo el disco en temas como “Y no está bien”, y “Je Vous Salue, Marie”, sólo disipada por momentos más, digamos, melódicos, como la hawaiana “Drácula Enamorado”, con Colis dándole al slack key o algo parecido.

Llegados a este punto, personalmente creo que estoy ante un refrescante álbum de rock progresivo si, de una vez por todas, consiguiéramos quitar las telarañas que acogotan el género hasta el reduccionismo. Pero ése es otro debate que no nos ocupa aquí.

El culmen del disco o, lo que es lo mismo, mis temas favoritos, llegan casi al final con “Influx Ground Control”, monumental pieza que parte de la improvisación hasta terminar en una implosión eléctrica, sucia y abigarrada, y la relajada y sombría, nunca mejor dicho, “Una sombra”, repleta de desamor y reproches y una guitarra planeadora que lo da todo.

“Notas de abajo” (El Muelle Records , 2018) muestra un sonido más expansivo, al menos en lo instrumental, que se inicia con las cargas de profundidad del saxo barítono de Daniel Niño en “Buon Giorno”, y deambula desde el rock crepuscular en “Oh, Dioses”, “No son Espinas” o “De Un Soneto (W.S. 44)” (con una introducción que no hace intuir su desarrollo), a la improvisación de “Bailey Sharrock Blues”, y avalanchas camerísticas de avant rock en las geniales “Notas de Abajo”, “Paseo de Otoño” (ambas con el violín de Alba Morín) o “La Sonnerie”, un festival o casi duelo contrapuntístico entre la guitarra de Colis, el bajo de Javier Díez Ena, la batería de Jesús Alonso, y el clarinete (barítono, ¿cómo no?) de Pelayo Fernández Arrizabalaga.

Y hablando de duelos, la tensa “Pat G en Embajadores” te transporta directamente a O.K. Corral justo antes de la masacre.

Y así va fluyendo este maravilloso trabajo, de forma lenta con cambios climáticos suaves que te zarandean a su antojo.  

Son sólo anotaciones escritas a pie de página (¡qué bien traído!) sobre esta colección de miniaturas musicales difíciles de etiquetar, como todo lo que se escora a la izquierda de la complacencia.

Un trabajo equilibrado y narrativo que puentea el rock progresivo con el convencional.

Debemos estar atentos a su nuevo proyecto con Juan Pérez Marina para dúo de guitarras improvisadas, llamado Sangre Fácil. Avisados quedáis.

Más información sobre Javier Colis en los siguientes enlaces:
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