Música efímera y Música inmortal

Más de una vez he oído en los medios de comunicación, en la música, o en el cine, frases relacionadas con la eternidad y la inmortalidad. Es una idea a la que nos aferramos constantemente, sin tener en cuenta el sufrimiento que acarrea el aferrarse a tales ideas.

En una película de Godard, le hacen una entrevista a un escritor cuando llega al aeropuerto, y dice que su aspiración es “morirse y después ser inmortal”.

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música

La imaginación humana siempre evita la realidad, y se cree que personajes como Mozart o Shakespeare van a estar en la memoria de todos para toda la eternidad.

Ya se demostró hace unos meses que 8 siglos de arte se fueron al garete en una tarde al quemarse Notre Dame. Hasta la todopoderosa URSS ha desaparecido de la faz de la Tierra.

Por eso no deja de sorprenderme la seguridad con la que se habla del “arte eterno”, y el empeño que tenemos en que hay alguna esencia eterna y la creencia de que alguna vez daremos con ella.

Soy más de la opinión de que tenemos derecho a 15 minutos de fama, pero no mucho más (si lo comparamos sobre todo con la escala geológica).

Entonces, lo que llego a preguntarme es qué sentido tiene intentar aferrarse a la eternidad o a la constancia en el tiempo en el arte, y cada vez me convenzo más de la “efimeridad” de todo ello, que dura como una respiración y como un suspiro.

Los sentimientos, las pulsaciones, las creaciones humanas, son vibraciones efímeras, y llego a pensar muchas veces que no tienen significado ni un propósito concreto.

Entonces para qué machacarnos interiormente si no hay nada perdurable, lo único constante es el cambio, y no habrá nada que nos satisfaga completamente.

La especie humana es incapaz de soportar grandes dosis de realidad, y por eso nos aferramos a conceptos como la “eternidad”, un discurso que nos repiten hasta la saciedad desde que somos niños, y nos venden esa ficción de la misma manera que los anuncios de coches nos hacen creer que si conducimos un determinado vehículo tendremos unas cualidades extraordinarias.

“Hazlo y a otra cosa…”, ésa es la premisa principal que yo veo en la improvisación libre y en la música. Por eso me parece más interesante crear obras sin ánimo de que sean “inmortales”.

Me conformo con que sean sinceras y que partan de sentimientos humanos, asumiendo que éstos son meras vibraciones efímeras que aparecen porque sí, sin un significado y un sentido determinado.

En mi caso, lo que hago sólo es música llena de vibraciones. Prefiero no esperar más de ello, simplemente el disfrute en el momento de crearla o de escucharla, sin más aspiraciones.

Así puedo “torear” al sufrimiento, que es algo que sobra en la mayoría de los sitios, y no hay necesidad de crear más de ello por las buenas.

P.D.: Muchas de las ideas que han salido en este artículo me llevan rondando por la cabeza hace tiempo, pero no habría podido expresarlas bien sin la ayuda de la lectura de varios libros donde venían mucho mejor expuestas de lo que yo soy capaz de hacer.

Disculpen mi informalidad y mis maneras heterodoxas al no citar estas fuentes, porque en el momento en el que escribo el artículo no recuerdo qué libros son, ni sus autores.

Y bueno, para amenizar un poco este “tostón” que les he soltado, ahí va un trabajo grabado recientemente y en el que hay música efímera, que en un tiempo breve se habrá olvidado:

Atentamente, J.G. Entonado & Arín Dodó.

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