Vinilo, un refugio cultural en Mercedes

“Cuando te quedás dormido en el tren que sale de Buenos Aires, al último lugar que llegás es a Mercedes”. Así explica Esteban Fauri, uno de los tres socios de Vinilo, en qué lugar del mundo se encuentra este particular restobar, que también funciona a modo de casa cultural.

viniloLas calles vacías por la noche tienen una puerta bastante particular en la esquina de las calles 23 y 24 de Mercedes. El #256 es un edificio de ladrillo visto que claramente tiene mucha vida adentro. El silencio se calla cuando entrás y encontrás el lugar repleto, no sólo de gente -aproximadamente cien personas-, sino de situaciones, de recuerdos y de instantes que prevalecieron en la historia de una ciudad de más de 50.000 habitantes.

Pensar en Buenos Aires es imaginar la pasión por la música a flor de piel, que salpica a donde el amor por los riffs llegue. Así es como, en una de las poblaciones más influenciadas por la cúpula católica de Argentina, en lo que durante muchos años fuera la frontera con el indígena, nace un espacio para la bohemia.

“Las conversaciones que escuchás acá, desde procesos personales hasta filosofías de vida, no las encontrás en otro lugar de Mercedes”, afirma Esteban.

Un negocio familiar en el que el reconocido disc jockey mercedino Quique Fauri (el padre), Gastón y Esteban (los dos hijos), llevan adelante.

“Viene gente de capital a comerse una picada, tocan y luego se van contentos”

Quique destaca que músicos importantes como Black Amaya, Miguel Cantilo, Daniel Maza, Bruno Roy, entre otros, fueron sus clientes, convirtiéndose en un lugar de culto, de esos indispensables para los viajeros amantes de la buena música. Perfecto para darse una escapada y comer una pizza, acompañado de una buena cerveza artesanal, cálido como un buen hogar.

En el lugar podés observar alrededor de 2.500 discos de vinilo, aunque en realidad la colección de Quique puede llegar a superar los 10.000. Entre sus tesoros más preciados están todos los discos de Almendra y los de Frank Zappa.

vinilo “Por esos tiempos, en el 68, llegaba el disco conocido como «La Vaca», que tuvimos que escucharlo mil veces para entender lo que era, no había internet ni nada parecido que nos diga qué cosa era Pink Floyd”, relata Quique, que llevado por la nostalgia vuelve a los 14 años cuando empezó con la adicción de coleccionar, y que a los 65 no se ha detenido.

“Probablemente es una de las colecciones de rock argentino más importante”, acota Esteban, que con una sonrisa amplia explica que allí también se hacen presentaciones de libros, se proyectan cortometrajes…, es una especie de plataforma para los artistas locales, no por nada sus paredes están cargadas de productos de artistas locales y que cualquiera puede dejar su huella.

“Éramos una disquera, pero con la llegada del Internet tuvimos que cerrar. Entonces hicimos un Vinilo bar para que la gente venga a escuchar música que no se escucha en otros bares”, relata Quique.

La misma existencia del lugar significa la formación de un público en la pampa húmeda que antes era indiferente a los recitales. Además, es el refugio incansable para quienes no encajan en las directivas de lo que está bien o está mal, y que insiste en la convivencia humana antes que lo digital, por eso tiene carteles que dicen: “converse, no hay wifi”.

vinilo Quique, que es el alma mater de este movimiento, creció en la misma época en la que el Rock se inventaba y se identificaban con esa rebeldía, y aunque lo de sus padres eran el tango y el folclore, con el tiempo absorbió esos géneros a los que ahora le declara su amor. Y es que aún disfruta al escuchar la calidad sonora, el viaje a través de los agudos, medios y graves propio del formato de vinilo, ese formato imposible de piratear y que se ha convertido en un objeto del deseo que devuelven las mejores formas de escuchar la música.

Podríamos hablar mucho de Vinilo, pero sería interminable conocer la historia de cada rinconcito. Lo recomendable es tomar la línea 57 de plaza Italia en capital y llegar hasta allí, de martes a domingo a partir de las 19:00, para conocerlo en carne propia, porque estas cosas hay que vivirlas.

“Está totalmente comprobado que hay que dedicarse a estudiar, al deporte, a no estar en la casa y a la cultura. Allí salimos todos buenas personas”, concluye Quique, que hizo del vinilo su vida, y que desea que todo aquel que lea esta nota los pase a visitar.

Más información sobre Vinilo en el siguiente enlace:
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