Walkman: el principio de todo

walkman historiaAutor invitado: Diego Mogrovejo

Solo los que vivieron su adolescencia durante la década de los ochenta y los denominados millennials, sabemos de evolución. Pero no me refiero a ‘El origen de las especies’ de Charles Darwin, me refiero a la música portátil. Desde el Walkman hasta los smartphones, se ha trazado un trayecto interesante y fugaz.

Durante más de 80 años la industria fonográfica tuvo muy pocos cambios en comparación a los 35 años de trayectoria de los reproductores portátiles. Diferentes formatos de vinilos, CD y el fracasado Minidisc, son nada en comparación a la evolución de la portabilidad de la música. Por su parte, el Walkman, Discman, Walkman minidisc, iPod, reproductores mp3, iTouch, smartphones e incluso mini tablets, son el fruto de un desarrollo tecnológico con menos de cuatro décadas. Una diferencia bastante notoria.

Walkman: el alfa

Todo empezó en 1979, cuando la compañía japonesa Sony lanzó el primer reproductor portátil de audio estéreo. Y fue así como la música pudo acompañarnos en todo momento. Empezamos a musicalizar nuestra realidad; nuestro día a día.

El Walkman utilizaba el cassette compacto de Philips, formato que alcanzó la popularidad gracias al reproductor de Sony, que había cambiado la forma de escuchar música para siempre. Dicho formato fue un catalizador en la industria de la música, que ayudó al punk y al underground rock a expandirse. Todo gracias a su resistencia y capacidad de ser regrabable.

walkman

Después de 25 años, Sony dejó de fabricar el Walkman el 24 de octubre de 2004. Sin embargo, según la National Audio Company (NAC) el 2014 fue uno de los años con más ventas de cassettes: 10 millones de ejemplares a 10 años de la desaparición del Walkman.

Se estima que actualmente los mayores compradores de cassettes son menores de 35 años, los denominados millennials. Y las ventas siguen siendo positivas. Pues revivir aquellos años está de moda, no sería sorpresa que fuesen unos de los artículos más buscados en páginas de compras por internet.

Discos para las mochilas y dígitos para los bolsillos

Todos los que tuvieron un discman recuerdan la necesidad de llevar una mochila a todas partes. No solo por su tamaño, sino para poder llevar con él una colección selecta de nuestros álbumes preferidos. Ciertamente su tamaño no era para apto para bolsillos, pero el poder ir de canción a canción con presionar un botón, era toda una novedad.

Al igual que el fenómeno de cassette, el CD se hizo aún más popular gracias al lanzamiento de su reproductor portátil. No obstante, pese a su buena calidad sonora, el minidisc portátil pasó desapercibido y pocos lo recuerdan actualmente.

Con la llegada del nuevo milenio surgieron los reproductores de música mp3. El iPod y sus competidores ofrecieron una nueva perspectiva: poder tener una gran variedad de canciones a nuestra escogencia para poder llevarlas en un pequeño dispositivo. Apple supo imponerse con su innovadora interfaz que nunca paró de mejorar, siendo este un referente para la música digital. Ofreciendo también la compra legal de música digital por medio de su plataforma, iTunes, introdujo una excelente alternativa al cambiante mercado de la música.

Ya no solo se había cambiado la forma de escuchar música, sino también de cómo comprarla.

Smartphones y mini tablets, ¿el omega?

Una vez más, Apple rompió con todo lo establecido y dio a conocer el iPhone, un teléfono con cámara, conexión WiFi, pantalla táctil y reproductor de música. Un lanzamiento que cambió a la telefonía móvil y la forma de consumir música.

Es bastante difícil el poder enumerar todo lo que un smartphone es capaz de hacer, y pese a tantas posibilidades, el reproducir música es una de sus funciones más usadas.

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Actualmente, las aplicaciones de música por streaming, como Deezer y Spotify, han cogido impulso y son la nueva forma de escaparnos del mundo por medio de la música. ¿Qué vendrá después?¿Cuál será el siguiente paso?

A este punto, no me sorprendería que en el futuro podamos llegar oír música, en alta definición, en nuestras cabezas.

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