Divina Esperanza: Música, Memoria y Emociones

Divina Esperanza es una de esas bandas que parecen suspendidas entre la nostalgia y la eternidad. Nacidos en la efervescente escena oscura madrileña de los años noventa, su música siempre caminó entre la sensibilidad poética, las atmósferas cinematográficas y una forma muy personal de entender el rock emocional. Ahora, décadas después de aquellas primeras demos, el grupo rescata De Sueños y de Sombras, un trabajo restaurado y reinterpretado con el cuidado y la pasión de quien sabe que algunas obras merecen sobrevivir al paso del tiempo.

En esta conversación con LaCarne Magazine, Paolo Greco nos abre las puertas del universo de Divina Esperanza: los recuerdos de la escena underground madrileña, las influencias literarias y filosóficas de la banda, el proceso de recuperación del disco y la importancia de seguir creando desde la honestidad artística en tiempos dominados por la inmediatez digital. Una charla cercana, intensa y profundamente humana sobre música, memoria y emociones.

I. Orígenes y sonido de Divina Esperanza

DIVINA ESPERANZA

Un placer. Quien suscribe es Paolo Greco, cofundador de Divina Esperanza junto con Jose Meco (guitarra). Soy la voz de la banda, autor o coautor de los temas del disco De Sueños y De Sombras, además del productor del disco tanto a nivel musical como ejecutivo. El batería Oscar Varela sigue siendo parte inamovible de la banda. Alberto Bravo, el bajista habitual, nunca llegó a ser parte integral de la banda, pero siempre colaboraba en directo. Él tuvo sus propios proyectos musicales a título personal hasta que abandonó la música prácticamente por completo hace ya unos años. Por circunstancias personales, ahora mismo Jose no está involucrado en las actividades de Divina Esperanza.

Recuerdo aquella época llena de actividad musical. Yo tocaba en dos bandas (Divina Esperanza y Ecodalia), acababa de venir de otras tres (A Crying Rose, Tanta Nobleza y Librería Espiritual —banda que compartí con Antonio Bernardini, de Sôber—), y ya empezaba a hacer mis pinitos en producción musical, no solo con mi propio material, sino con el de otros como Onyria (la banda de Alberto) y otras bandas rock de amigos.

En cuanto a La Nada, ellos, junto a Ancient Tales, eran probablemente las bandas más conocidas en la escena oscura de Madrid. Aunque, fugazmente, son todas casi eclipsadas por unos efímeros Malas Artes, que vinieron a Madrid desde las Islas Canarias de la mano del productor del primer disco de Héroes del Silencio, Gustavo Montesano. Yo estuve en La Nada en sus últimos meses hasta que una mitad de la banda rechazó los temas nuevos en los que estábamos trabajando Jose y yo, y terminamos formando Divina Esperanza.

Yo diría que al principio fue de manera inconsciente. Quizá nos influían de manera mucho más tangible poetas como José Bergamín, Miguel Hernández y Quevedo. Antes de eso yo leía esporádicamente a Byron, Keats y Shelley, y algo de T. S. Eliot y Baudelaire. Pero no soy para nada un erudito. Era simplemente que me gustaban bandas que leían a esos autores. Y en cuanto mencionaban alguno, o hacían alusión a algo, yo me ponía a buscar como loco. Jose estaba mucho más puesto que yo y me pasaba cosas de Luis Cernuda, Pedro Salinas, Emilio Prados, Antonio Porpetta y Manuel Altolaguirre. Y luego Octavio Paz (México), Pablo Neruda (Chile), Bernardo Schiavetta (Argentina), Jose Lezama Lima (Cuba), etc.

Luego es habitual encontrar conexiones entre algunos de estos versos y conceptos estudiados por los grandes filósofos, no solo los existencialistas. De hecho, en el libro que acompaña al disco hemos incluido pequeños epígrafes antes de la letra de cada canción, haciendo alusión a diferentes obras de autores como Platón, Zubiri, Kant, Kierkegaard, Lorca, Octavio Paz, Cernuda, Molière, etc.

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Las manos de Jose a la guitarra. Yo les había visto tocar antes de ver el anuncio en el que buscaban cantante. Es más, cuando les llamé ni siquiera sabía que eran ellos. Fue al llegar al local cuando me percaté y, claro, me di cuenta de que faltaba Alberto, el bajista. Pero en cuanto oí lo que salía de la guitarra de Jose allí en directo, flipé. Vi que el equipo de Alberto aún seguía allí y pregunté si podía añadir una línea de bajo mientras cantaba. Y en cuestión de 15 minutos teníamos el esqueleto de La Luz de la Esperanza. El mismo día de la audición.

Cuando eres tan joven no te da por maquinar tanto… sencillamente quieres (como todos tus ídolos hicieron a su vez, todo hay que decirlo) simular de una u otra forma a quien admiras. Si eres superficial, te quedas con las pintas y el postureo. Aunque la música sea lo primero que te atraiga. Y si tienes pasta de friki… entonces ya te vas adentrando en el sonido, el equipo, la tecnología, las texturas, etc., y por medio de lo que se conoce como “ingeniería inversa” intentas deducir cómo demonios tal o cual banda suena de esta o de aquella manera.

En resumidas cuentas, producción. Pero al principio vas totalmente a ciegas y no eres consciente de que lo que estás recorriendo es una carrera que tiene su nombre. No como ahora, que cualquier niñato dice ser “productor” porque sabe descargarse cuatro loops y juntarlos en FL…

Lo que pasa es que por aquel entonces la tecnología no se había democratizado como ahora y casi todo era hardware. Eso imponía ya de entrada limitaciones de presupuesto y, por ende, de posibilidades. Pero con lo poco que teníamos y afinando lo máximo posible la oreja, procurábamos sonar lo más remotamente parecido a nuestras referencias musicales, que eran mayormente anglosajonas. Y las pocas españolas que nos molaban querían igualmente parecer anglosajonas…

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La distancia y el conocimiento técnico creo que son fundamentales. El disco ha sido producido muchos años después de aquellas primeras demos. En estos años, aquellos referentes musicales, aunque nunca nos han abandonado del todo, no están tan presentes. Escuchamos mucha música. Y ha dado tiempo a asimilar, a integrarlo en tu personalidad, en tu lenguaje, en lugar de simplemente imitarlo. Y, por otra parte, todos estos años de experiencia en estudios hacen que sepas conseguir o eludir un determinado timbre en el sonido, una atmósfera, o provocar una determinada sensación en función de cómo uses los procesadores o cómo uses los planos en una mezcla.

II. “De Sueños y de Sombras”: concepto, producción y legado

Orgullo. Aunque en primera instancia solo había incertidumbre. Yo me propuse coger solo un tema nuestro que fuera sencillo pero representativo del sonido de Divina Esperanza, implementarle mi experiencia a nivel técnico y ver si era capaz de hacerlo sonar “como Dios manda”. Una vez satisfecho, fui a por otro. Y luego otro. Luego hubo que rescatar bocetos de algún tema que nunca se llegó a grabar, etc. Y cuando tenía todo el material me di cuenta de que realmente tuvimos algo de gran valor que merecía ver la luz de una forma u otra. Pero la sensación de todos los que conformábamos la banda y algunos amigos cercanos era de satisfacción y aprobación total. Muy emocionante.

Como dice la letra de Esencia: “y es que la distancia da un encanto tan singular…”. La verdad es que emocionalmente fue más intenso restaurar un directo que Jose guardaba íntegramente de la sala Siroco. Oír al público, la energía de la banda, la seguridad en mi voz, el orgullo al presentar a los miembros como hacíamos siempre en mitad de La Luz de la Esperanza… eso sí fue un ¡WOW! La producción del disco en sí era más un tema técnico. Se trataba de obtener un resultado muy exigente. Ambicioso. Era como un reto.

Para ello había que rescatar las cintas ADAT, transferirlas a Pro Tools, descartar lo que no valía, restaurar audios defectuosos, regrabar algunas cosas, reemplazar de una santa vez aquella caja de ritmos del demonio, etc. Luego volver a mezclar en condiciones y ahora ya sí, sabiendo lo que uno hace, y finalmente masterizarlo de la mejor manera posible. Para esto último, hemos tenido el privilegio de contar con la ayuda de Stephen Marcussen (HIM, Sôber, The Cult, Sugarcult, etc.) y Ted Jensen (Tears for Fears, Simple Minds, Daughtry, Breaking Benjamin, Kill Hannah, etc.).

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Creo que eso viene “de fábrica”. De siempre nos han gustado músicas bastante atmosféricas, ya sean gélidas como Joy Division o más acogedoras como Sigur Rós. También es verdad que yo personalmente en todos estos años he trabajado bastante en bandas sonoras para proyectos audiovisuales y musicalizando producciones teatrales. Quizá eso también influye. Pero yo creo que acabé en ese mundo precisamente por mi tendencia a generar pequeñas escenas de entre 3 y 5 minutos a través de canciones.

Hay infinidad de bandas con ese deje atmosférico/cinematográfico: The Cure, Cocteau Twins, Dead Can Dance, Sigur Rós, Värttinä, Hedningarna, Stoa, Anchorage, Speaking Silence, Collection d’Arnell-Andréa, Clan of Xymox, Das Ich, Daughter, etc., pero es que la mera voz de una Billie Holiday te mete en ese mundo sórdido sin tanta parafernalia tecnológica. Solo su voz, su semblante y un puto micro.

Nos reconforta saber que se nota ese esmero. La verdad es que el 90 % estaba ya en las grabaciones originales cuando apenas pasábamos de la veintena de años. Yo ahora, que por los años de experiencia soy capaz de reconocer talento, a veces me asombro de la cantidad de ideas buenas que fuimos capaces de plasmar en aquellas demos. ¡¡Y solo contábamos con 8 pistas!! Flipante. Pero claramente ni teníamos los medios ni el oído desarrollado para que las mezclas salieran equilibradas y contundentes.

Ahí es donde yacía el grueso del curro esta vez. En darle a cada arreglo su espacio, su dimensión, su proporción. Que hubiera una correcta distribución en el espacio tridimensional de la mezcla. Que los detalles se oyeran bien y según su rango de relevancia, pero sin egos de nadie. Ahí es donde, sin lugar a dudas, la experiencia cobraba gran valor.

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Un privilegio y una lección magistral. Bueno, ¡dos! Una vez que las mezclas estaban terminadas y aprobadas por la banda, inevitablemente había que masterizar. A mí, personalmente, no es algo que me fascine. Y, por tanto, no le dedico las horas que requiere y nunca estoy ni la mitad de convencido que con mis mezclas. Yo soy como soy y no me gustan las medias tintas, si las puedo evitar. Primero hice una mini base de datos de quienes habían masterizado discos cuyo sonido final me flipase. La primera criba fue quedarme con aquellos que estilísticamente se asemejaran más a De Sueños y De Sombras.

La última shortlist constaba de siete ingenieros top, de los cuales uno, desafortunadamente, había fallecido: George Marino. Por trayectoria y reputación, finalmente opté por contactar con Jensen y Marcussen. Obviamente las tarifas son altas si quieres que mastericen ellos mismos y no alguien de su equipo. Y cuando digo altas, son realmente altas. Les envié temas distintos, con alguno en común, para hacer pruebas cruzadas y analizar diferencias que, aunque sutiles, las había. Una sonaba más gorda, pero con menos pegada en la caja; otra con las guitarras sacadas ligeramente de plano, etc.

Me quedé con lo mejor de lo mejor y el resto (aquí es donde viene la lección magistral) las hice yo tomando su trabajo como referencia, con toda la humildad del mundo. Son inalcanzables.

Pues hay un poco de todo. Si cogemos “Libertad”, por ejemplo, aunque hablo en segunda persona, no me dirijo realmente a nadie en concreto y hablo de la libertad como concepto, entendiendo por libertad no el hacer lo que a uno le da la gana en todo momento (que es más bien libertinaje), sino el hacer realmente aquello que no te coaccionan a hacer tus impulsos incontrolables, momento en el cual eres rehén, cuando no esclavo. Otras, como Latidos, Momento o Juegos Prohibidos, sí que están basadas en situaciones personales.

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Conceptualmente, el disco debía reflejar una mezcla de filosofía, poesía y sensibilidad artística. Yo he diseñado unos cuantos packagings antes, pero esto es otra liga. Me pareció que iba a ser mucho más sensato contar con alguien que tuviera más experiencia en temas de imprenta, materiales y acabados. Ahí es donde entraba Laura Blanco. La cubierta tiene un marco bañado en barniz precioso dentro del cual figura el logo de la banda en un verde metalizado por medio de hot stamping.

Según le da la luz, brilla de una manera o de otra. Ya eso, de entrada, te da a entender que aquí se hacen las cosas bien o no se hacen. Que no vamos ni a medias ni a escatimar en medios. En contracubierta aparece la Victoria de Samotracia como si el pedestal surgiera del fondo del mar. Y de fondo, una enorme luna llena que la ilumina casi a contraluz. Pero hay más detalles. Por ejemplo, la primera letra con la que empieza cada palabra de las canciones está capitalizada y ha sido elaborada a mano por ella. ¡Como los antiguos escribas! Cada pliego del libro contiene fragmentos de manuscritos de las letras o de alguna partitura.

No es que lo escribiéramos todo en partituras… pero algunas cosas sí, sobre todo los arpegios de guitarra y alguna melodía vocal. Por último, la galleta del CD, aprovechando que normalmente el fondo es metalizado, lo que se hizo fue taladrar, por así decirlo, el logo de la banda de tal forma que se viera plateado sobre un fondo verde oscuro.

Esto enlaza, para bien o para mal, con la capacidad del público actual para apreciar algo tan sensorial como lo que acabo de explicar. Si la música no se compra, el packaging es algo redundante. Y entonces, ¿cómo trasladas todo ello a través de algo tan sumamente impersonal y masificado como las redes sociales? Lo bueno es que no hay un manual del triunfo en RR. SS., y todo experimento es tan válido o no como el de al lado.

Las estrategias que funcionaban hace 5 o 10 años ya están obsoletas. O no. La paradoja de esto se produce cuando se vuelven a poner de moda los clubs de lectura (como en los años 30, 40 y 50 entre las amas de casa del siglo XX), cuyas reseñas nadie sabe si las ha redactado ChatGPT… Es todo un hiperbólico absurdo del tamaño de Esperando a Godot.

Sin duda, y así nos lo están empezando a hacer llegar algunos medios y las personas que han decidido comprar el disco, ya agotado. Desde luego, lo que sí suena es diferente a todo el rock convencional del siglo XXI, ni qué decir de la basura urbana para trogloditas y trogloditos antropológicamente inferiores.

III. Universo audiovisual y colaboraciones

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Poco a poco va cobrando más relevancia. No era un elemento con el que contásemos desde un principio, pero obviamente en RR. SS. todo es visual. Nosotros pensamos que, ya que nos ponemos con el tema audiovisual, vamos a hacerlo de una manera un poco más poética, siendo nosotros mismos los primeros que disfrutamos del proceso creativo y del resultado final. Aunque, por supuesto, cueste mucho trabajo y, como todo en la vida, dinero.

Esto igual suena a cuento chino, pero la verdad es que fue una especie de epifanía. Me desperté una tarde después de echarme una cabezadita tipo siesta japonesa con la “imagen” supernítida. Llamé a Alberto, que es quien más conoce a Santi de todos nosotros, y le planteé la idea. Al rato estaba ya en conversaciones con Santi que, la verdad sea dicha, es un amor y, con todo el cariño del mundo, se prestó sin miramientos.

Casi conseguimos alinear agendas a su paso por Madrid, pero finalmente no pudo ser y hubo que mandarle el playback a Zaragoza. Luego allí grabó varias voces, nos las envió y las empastamos con la mía. La primera estrofa es él solo al 100 %; en la segunda entro yo de apoyo, y en los estribillos él hace de apoyo.

Para mí y para Alberto, Niños del Brasil tuvieron bastante influencia musical en su momento. Algunas de sus canciones siguen conmigo como “De amor y espinas”, “Recuérdame”, “Mentiras”, “Viernes” y, por supuesto, “Sed de Venganza” y “La Modelo”. Representaban una mezcla perfecta entre la épica de unos Héroes del Silencio (que venían de un sonido más Mission/Cult) y las bases electrónicas de Depeche Mode. No nos parecían unos moñas como OBK, ni unos horteras como Viceversa, ni unos copycats como Santuario.

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Agü es un maestro de la ilustración, como aquellos del siglo XIX tipo Mihály Zichy. Aunque él es muy modesto y no se lo crea. Yo conocí su obra en la sección “Cuaderno de Bitácora” del programa Cuarto Milenio y flipé. Le contactamos y un día quedamos y me mostró sus obras en persona. Creo que flipé más aún al tenerlas delante. Nos hizo una docena de ilustraciones plasmando nuestras ideas y algunas de su propia cosecha.

Obviamente, hacer después un videoclip de ilustraciones estáticas iba a ser muy complicado. Él me enseñó cosas que otros habían hecho con sus ilustraciones, pero eran un muermazo. Así que me puse en contacto con Miguel E. Ojanguren (RATIO), que es un máquina con la posproducción y el CGI, y conseguimos darles un poco de vida.

La idea surgió escuchando el disco con un amigo mío. En realidad, se le ocurrió a él, pero para Latidos, solo que con danza contemporánea convencional. Es cierto que Latidos es muy dramática e invita a hacer un videoclip superteatral. Pero no es un single. Y para el Día Internacional de la Música ya habíamos publicado un score-video con la partitura del arreglo de cuerda (toca un octeto real en ese tema).

Entonces, pensando en esa idea, me vino a la mente la carga emocional que tiene Luna de Invierno. Como decía Emil Cioran en El aciago demiurgo, el acto mismo de coger aire se vuelve una metáfora de la “insoportable angustia de existir”. Insiste en que la vida es una “lucha contra un vacío insondable”, donde la búsqueda de sentido (“sed ilusa de alcanzar el cielo”, que dice mi letra) se enfrenta a la realidad de un mundo frío e indiferente (la luna de invierno). Y dije: “¡Ya está! Las cuerdas, las sedas, la pared…”. Veía humo, mucho humo, velas… y me puse en marcha y localicé a los chicos de ArteOlimpia.

Lo rodamos íntegramente en su nave en Embajadores con la realizadora Alba Muriel, que trabaja mucho con la Compañía Nacional de Danza. Si todo sigue como está planificado, saldrá en junio.

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Efectivamente, estamos trabajando en la posproducción de un videoclip que se rodó en el Teatro Principal de Burgos con la JOSBU (Joven Orquesta Sinfónica de Burgos). El Dolor de los Cuervos lleva desde su origen un arreglo orquestal hecho por mí hace mil años que, lógicamente, necesita un repaso para trasladarlo adecuadamente a una orquesta real. Y dado que la orquesta a menudo ensaya en la sala principal de dicho teatro, ¡qué mejor que rodarlo! He trabajado mano a mano en la orquestación con mi amigo Rodrigo Vázquez (Fénix Estudio), que es un máquina, y con la productora audiovisual 24&7.

IV. Directos y próximos planes de Divina Esperanza

Adrenalina. Evidentemente no somos una banda de grindcore, jaja. Cada género tiene su tipo de adrenalina. Pero si escuchas el directo restaurado de Siroco creo que eso es lo que transmite. Mucha intensidad emocional. Es muy visceral. Además, el tempo de los temas siempre es algunos BPM más rápido que en el estudio y eso influye.

Estoy trabajando en temas nuevos propios y empezando a colaborar con otro músico de la escena oscura de Alicante, muy en la línea de Divina Esperanza, para ver si aunamos fuerzas. De momento estamos probando con un tema suyo y, si la cosa cuaja, iremos viendo.

Un placer enorme hacer esta entrevista para vosotros y muy agradecidos por la oportunidad que supone. Un saludo para vuestros lectores y que indaguen en redes todo lo concerniente a Divina Esperanza.

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