Hablamos con Isabel Corullón de Improvisación Libre

Isabel Corullón apareció hace unos años en los encuentros de improvisación libre organizados por Raras Músicas, y a partir de ahí ha colaborado con bastantes de nosotros. Muy interesada en esta disciplina, y con unos criterios muy válidos e interesantes a pesar de iniciarse sin tener formación musical de ningún tipo.

Ella representa, en mi opinión, uno de los ejemplos paradigmáticos de que se puede llegar a ser un improvisador muy capaz sin tener una formación «adecuada y ortodoxa». De ahí mi idea de que cualquiera de nosotros tiene algo único que ofrecer, y que nadie más puede igualar esa oferta personal. Joseph Beuys decía que el arte se fusiona con la vida, y a partir de ahora cualquier persona puede ser un artista. Yo a Isabel la considero así, una gran artista.

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Hablamos con Isabel Corullón de Improvisación Libre

Isabel Corullón

Llegué a la música por azar. El origen de todo está en las clases que recibí de Miguel Ángel Corpas para desarrollar mi capacidad de comunicación. Estas clases, que empezaron en 2006 con una finalidad terapéutica y se prolongaron a lo largo de tres años, me ayudaron a descubrir mi voz, y a partir de ahí tuve una necesidad muy fuerte de expresarme a través de la música.

Corpas me descubrió la conexión entre el cuerpo y la voz, me enseñó también otra forma de escucha, y me inició en la técnica vocal. Todo esto me facilitó el camino para la experimentación, y para adentrarme en las técnicas de extensión vocal. Al tratarse de clases particulares, yo pude ir marcando mis preferencias, al tiempo que iba definiendo de alguna manera adónde quería llegar. En 2007 compuse mi primera pieza, Noctáluca noctácula, a la que seguirá en 2008 Sonando sondeando, en la que las técnicas de extensión vocal aparecen utilizadas para sondear lo profundo.

Yo no tenía formación musical de ningún tipo, y lo consideré una suerte porque esto me permitió mucha libertad. No tuve que desprenderme de ningún bagaje previo para desarrollar mi propio lenguaje a través del camino de la experimentación. Desde entonces he realizado numerosos talleres, y en 2012 tomé varias clases con Esperanza Abad, que me han ayudado tanto en el campo de la técnica vocal como en el de las técnicas de improvisación.

A pesar de que mis comienzos fueron en la composición, en 2008 entré en contacto con diversos artistas del campo de la performance, y comienzo a frecuentar Ven y vino, encuentro de performances organizado por el colectivo YEA, que se celebraba una vez al mes. El contacto con performers, artistas plásticos, poetas y videoartistas, me facilitó el paso a la improvisación, para responder a su demanda, ya fuera para participar en los eventos que organizaban (Tres en Suma, Cautiva luna, Homenaje a Mario Merlino, ARTÓN) o para colaborar en proyectos conjuntos, como es el caso de la videoartista Laura Cabrera.

La forma elegida siempre era la improvisación libre, en solitario, sin partitura previa de ningún tipo, pues mi experiencia de cara al público me decía que la obra preparada puede empobrecer la puesta en escena, hasta el punto de llegar a paralizarte. Consideré que era mejor dejar la puerta abierta a las sinergias que se producen en el ambiente, y dejarme llevar. Conocí la música instrumental de improvisación libre a partir de los conciertos organizados por Música Libre en la Casa Encendida. A través de amigos comunes, conocí a algunos miembros de Raras Músicas, y participé de sus sesiones de improvisación libre a partir de 2013.

Reconozco como una de mis influencias primeras la monodia del canto litúrgico cristiano medieval, sobre todo en el ámbito bizantino, que tiene mucho que ver en cuanto a la forma de utilizar la voz con la música tradicional del ámbito mediterráneo. Es lo que se aprecia en los cantos de siega, las tonadas cántabras y asturianas, llenas de ornamentos, las jotas…. La voz poderosa, resonante, de esos cantantes, en esas melodías sencillas a las que aplican numerosos ornamentos vocales, siempre me atrajeron. La música tradicional, de carácter culto o popular de otros países, también me ha interesado. He aprendido mucho escuchando a los cantantes iraníes, japoneses y mongoles.

En cuanto a la música vocal contemporánea, mi referente más inmediato al comienzo fue Fátima Miranda, por su maestría en la técnica vocal. Conocí también la obra de Joan La Barbara y Meredith Monk, pero de “las grandes” en este campo la que más me interesó fue Diamanda Galas, porque ponía los recursos de la extensión vocal al servicio de una mayor intensidad expresiva. Esto tiene mucho que ver con la atracción que sentí por la ópera, no desde un punto de vista formal, sino en cuanto a su esencia: la ópera como expresión del subconsciente. A través del canto operístico se expresan todas las pasiones, las pulsaciones más íntimas, los sentimientos extremos…

En cuanto a la improvisación, al principio me dejaba llevar por mi propio instinto, con la libertad que da la performance. Después, las sesiones de improvisación libre y las jam con Raras Músicas han sido mi verdadera escuela para la improvisación, sobre todo porque me enseñaron a desarrollar la capacidad de escucha. También ha sido muy importante realizar talleres impartidos por músicos improvisadores, y asistir a conciertos. Recientemente, gracias a Internet he ido conociendo la obra de otros artistas, como Yoko Ono y de Phil Minton, que me ha interesado mucho. Gracias a todo ello, mi concepto musical se va enriqueciendo y desarrollando poco a poco.

¿Qué es para ti “espacios en una pieza? Quiero decir, que si te dicen: “vamos a crear una pieza con “espacios”, ¿qué interpretas?

Por “espacios” entiendo aquellos momentos de menor intensidad sonora, que exigen una escucha sutil, de la máxima concentración, que puede dar lugar a que todo cambie y generar otro “tiempo” dentro de la misma pieza.

¿Consideras que la improvisación libre es un género musical autónomo?

Sí, considero que lo es. Pero en cuanto a la improvisación vocal, cuando se realiza en solitario, podría hablarse de un subgénero particular, a medio camino entre la música y la performance.

Hay músicos e improvisadores (como yo, por ejemplo) cercanos a la idea de hacer primeras tomas y de dejarse llevar por la intuición, la inmediatez y la espontaneidad. Hay quien dice, sin embargo, que esa forma de entender el arte lleva a fórmulas repetitivas y aburridas, y que el ensayo y la composición son necesarios para evitar esos inconvenientes. En mi opinión, las fórmulas y patrones se repiten en cualquier manifestación artística. ¿Qué opinas?

Yo también creo que la intuición, la inmediatez y la espontaneidad son fundamentales para hacer buena música improvisada. Es cierto que siempre se parte de fórmulas que son una especie de usos consolidados, sin que lleguen a estar definidas previamente. Son como un apoyo, a partir del cual se puede jugar, dejándose llevar por las sinergias que van surgiendo alrededor. En mi experiencia, la composición previa y el ensayo son contraproducentes para la improvisación, pues pueden llegar a paralizarme. En algunas ocasiones en que había preparado algo así como un tema principal en torno al cual podría girar la pieza, al llevarlo a cabo me ha salido un canto que nada tenía que ver con lo previsto. Es por eso que considero que la composición es poco útil a la hora de improvisar.

¿En qué proyectos has participado o estás participando? Tanto de música improvisada como compuesta.

He colaborado en varias ocasiones con la videoartista Laura Cabrera. Formo parte de la compañía Baba de Plata, creada por Marianela León. Se trata de interactuar con la voz en una danza que deriva del butoh, tanto a nivel personal, experimentando con la relación entre voz y movimiento, como con el grupo, poniendo música a su danza.

Colaboro también con la bailarina Lara Brown en un proyecto acerca de la relación de la voz en la música tradicional con la danza.

Tengo un proyecto iniciado hace años para llevar la improvisación vocal a las iglesias y otros edificios históricos, para experimentar con el espacio y la reverberación. Se trata de espacios situados en áreas rurales. Me interesa experimentar con un público de carácter local, que está en las antípodas de todo lo que tenga que ver con el acercamiento a la música experimental, pero que, sin embargo, puede reaccionar cuando oye una expresión vocal. Es éste el público más exigente de todos, y se trata de conciertos muy arriesgados, pero son los más gratificantes también, pues es muy bonito llegar a un público amplio.

La improvisación libre en Madrid adolece de este problema: el público lo componen casi exclusivamente los propios músicos y algún aficionado aislado.

Estoy trabajando también ahora mismo en un dúo con el percusionista Ingar Zach.

Explica brevemente tu concepto musical.

Mi concepto musical tiene un componente fuertemente orgánico, pues la voz es mi instrumento. Para mí, cantar es ir hacia dentro, sondear mis espacios internos para encontrar sonoridades. Mi música se basa en las texturas y colores que encuentro. Estas sonoridades se realimentan por el propio impacto que tienen en mis oídos al salir al exterior. El brillo y el color me conduce a otros sonidos. Las emisiones largas pueden combinarse con sonidos rápidos y cortados. Lo que es un ejercicio de carácter orgánico y acústico, lleva siempre, aunque no se quiera, una carga de elementos del subconsciente. A veces puede surgir la melodía al final.

La música es escucha hacia dentro, pero también hacia fuera. Es interacción con los sonidos que me rodean, jugando a crear colores, vibraciones y ritmos.

Más info de Isabel Corullón:
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