Improvisación Libre con Sofía Fernández

Sofía Fernández estaba tocando la batería con la Orquesta de Improvisación Libre “Improviso” cuando la conocí, además cantaba como una loca. Me encanta. Y empezamos a hacer cosas juntos. Y ya van unas cuántas.

Desde homenajes a Duchamp, conciertazos como el que dimos en La Münster, en Gijón.

También estamos muy contentos los dos con la colaboración en el Cuarteto 4?

Cuarteto 4?: concierto privado, parte 1
Cuarteto 4?: Concierto privado, parte II

Vamos, que hemos aprovechado muy bien el tiempo Sofi y yo. Es que me vuelve loco esta chica. Tengo ganas de que montemos otra, ya va siendo hora!

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Improvisación Libre con Sofía Fernández

Dime cuál es tu procedencia musical. Si tienes formación académica, me interesa que me cuentes tu experiencia en las escuelas de formación de música o en el conservatorio, y que me lo compares con tu experiencia en la improvisación libre y en la música experimental, aunque sea compuesta.

Pues procede de casa. No tengo formación académica. Mi padre era cantante en coros y óperas. Cantaba todos los días en el baño. Mi abuela y mi madre silbaban en la cocina. Mi hermana y yo cantábamos mucho juntas. Me gustaba armonizar.

Mi hermana empezó a clases de guitarra. Yo, a bandurria. Tenía las manos pequeñas para la guitarra. Tocábamos en la rondalla del cole. Mi padre nos llevaba a conciertos de coros y orquestas.

Me flipaban las arpas y los percusionistas. Mi padre quiso que probara el clarinete. Le dije que no me gustaba. Intentó darme clases de solfeo en casa. Demasiado parecido a las matemáticas.

La música clásica que ponía me angustiaba, y con la “ligera” (boleros) casi lloraba. Una vez me llevó a una ópera buffa. “Te vas a reír” -dijo. “Ésta es cómica”. Todo en alemán. Yo con 7 u 8 años. El pobre intentaba ver si nos iba la clásica, porque a él le apasionaba, pero nada.

Crecí y allí estaban Madonna, Vicky Larraz, The Bangles, Kate Bush, Nina Hagen, etc. Mi hermano trajo vinilos y cintas de La Polla Records, Kortatu, Sex Pistols, Siniestro Total. Los poníamos a toda caña cuando mis padres no estaban.

Luego ingresé en el Coro Universitario de Oviedo. Me gustaba. Tantas voces diferentes. La piel de gallina con la acústica de las iglesias. Pero cuando escuché a PJ Harvey por primera vez ya no hubo nada que hacer. Fui corriendo a Internet a ver qué cara tenía la mujer.

Dejé el coro y busqué una banda de rock. Newbronx nos llamábamos. Hasta que mi hermana me llamó para que cantara con ella en Zombi Zu. Estoy hablando de los noventa de Veruca Salt, Breeders y Elástica.

Yo quería tocar la batería, pero me parecía demasiado complicado usar piernas y brazos. Además, yo quería cantar al tiempo que tocaba algo. Los bateristas no solían hacer eso, y las cantantes, menos.

Me apunté a percusión latina. Cantaba y tocaba de oído. Tenía mi set de percusión. Era todo música “compuesta”, por contraponerlo a la “improvisada”. Tocamos aquí y allá. Grabamos discos. Muy guay.

A la improvisación libre llegué en un principio a mediados de los dos mil, por conciertos a los que asistí y por la vía de la improvisación escénica.

Vi a la London Improvisors Orchestra en Londres, donde viví unos años. Era improvisación conducida. Nunca había visto algo así: músicos tocando “instrumentos de orquesta”, y otros orientales que yo desconocía, como si se fuera a acabar el mundo.

Disonancias, ritmos extraños, un director que se tiraba de una oreja, señalaba a la punta de su nariz o sacaba la lengua. Y había un par de bailarinas españolas montándola muy gorda.

El segundo concierto fue de dulcimer, en Brighton. Lee Westwood, guitarrista de esos con 8 dedos en cada mano, se acababa de comprar uno. La primera parte era improvisación libre con el instrumento, y la segunda con una loop station.

Yo nunca había oído ni visto un dulcimer. Ni baquetas tan pequeñas. Una mezcla genial entre arpa y batería. Tampoco había visto a nadie improvisando solo una hora y media. Me quedé en el sitio.

La improvisación teatral la descubrí estudiando artes escénicas, pero profundicé en ella con el entrenamiento en Action Theater TM (Kate Hilder fue mi profesora), gracias a la danza de origen japonés Butoh, y formando parte de compañías de teatro físico en Brighton y Gijón.

Action Theater TM, para quien no lo conozca, es un enfoque de improvisación basado en movimiento, sonido y texto.

Se lo curró Ruth Zaphora hace ya unos años, y ahora hay algunos practicantes y profes, sobre todo por los mundos de Sajonia. Se lo recomiendo a todo el mundo, vaya o no a “salir a un escenario”.

En aquellas clases di rienda suelta a mi preciado sentido del humor, aprendí a no poner freno a la espontaneidad, y a vivir más en el cuerpo.

Practiqué fundamentos de improvisación que me sirvieron no sólo para el arte. Se expandió la presencia escénica. Es lo más parecido que conozco a lo que llaman libre improvisación musical. Y es posible que nunca haya sido tan feliz como en aquellas clases.

Al mismo tiempo exploré la danza improvisada Butoh, y adquirí otro lenguaje (y sensibilidad). Practiqué no hacer, no bailar, permitir que la danza se creara, expandir la conciencia de lo que ocurre, afinar la intuición, ser vehículo para la expresión. Una escucha muy profunda. Y otra cualidad de presencia más poética. Todo lo japonés antiguo o de vanguardia me encanta.

En cuanto al trabajo en compañías, una amiga y yo teníamos una de comedia física. Montábamos las obras improvisando las escenas y los textos, pero siempre con una fuente o estímulo de partida. Hicimos una versión del best-seller El Hombre que Confundió a su Mujer con un Sombrero, del neurólogo Oliver Sacks, con mucho humor negro y absurdo. Éramos bastante gamberras.

En las compañías de danza-teatro creábamos piezas a partir de improvisaciones de movimiento, que hacían emerger de nosotros un carácter o cualidad de movimiento que se acercaba a uno u otro arquetipo de performance: junguiano, carta del Tarot, etc. Era trabajo psicofísico. Nos ayudaba a aprender nuevas formas de movernos y a profundizar en las que nos eran más “naturales”.

Todo nacía de la improvisación. En aquellos años se plantó el germen de la personaja que tú conoces un poco, Trixta. Y de Lea Poldo, mi alter ego bigotudo al arpa. Me gustó toparme con mujeres directoras: Ji Park, Yael Karavan, Ana Fernández.

Años más tarde participé como baterista en una pieza de danza de Ana, en la que a ratos libreimprovisaba y me pedía que interpretara trigramas o hexagramas del I Ching: Trueno, Fuego y Retirada. Muy interesante. Una cualidad del fuego en Tao es que es adherente: ¿Cómo interpretar eso con la batería? ¿Cómo sentir y hacer sentir la adherencia? ¿Y en qué se convierte eso al cabo de uno, dos, tres minutos, cinco minutos de improvisar? Leíamos, debatíamos y trabajábamos para no estancarnos.

En el terreno de la música, me familiaricé con “lo experimental” gracias a los improvisadores que formaban parte de aquellas compañías, y a los de la escena de Brighton. Me gustaban los conciertos de Kassia Zermon (Bunty), que hacía improvisación sólo vocal en aquella época. En casa escuchaba a la japonesa Hiroko Komiya.

De vuelta en Asturias, organicé unos encuentros de improvisación: Los Improperios. Así conocí a improvisadores de Gijón. Empecé a tocar la batería (2012) y el harpa. Cuando apareció la oportunidad de ser baterista en el ensemble Improviso (2014), pues ya sentía yo que podía hacer algo con el instrumento, sobre todo porque era improvisación conducida.

¿Cuáles son las influencias que te han ayudado al aprendizaje de tu lenguaje musical? ¿y a la improvisación libre?

Me ha ayudado el rock alternativo. Escuchar a bateristas como Rob Ellis, Stéphane Misseghers, Jean Marc Butty. Por supuesto, las clases con mi profesor, Israel Sánchez.

Al aprendizaje de la improvisación vocal me ha ayudado el Action Theater, y en improvisación con la batería, John Falcone, el “conductor” de Improviso.

Casi todo lo que sé de improvisación musical lo aprendo con Improviso, John y los demás músicos y bailarines del ensemble.

Ahora aprendo un montón con vosotros en Cuarteto 4? Y viendo a improvisadores de La Caja de Músicos de Gijón y del Festival Vericuetos, que organiza Pedro Menchaca.

Me queda muchísimo por aprender, vamos a ver: ¡Si este mes de julio di el tercer bolo de improvisación libre a la batería de mi vida!! Con Tony Curtis Street Band.

A parte de los conducidos con Improviso, ésa es toda la experiencia que tengo de ello.

Samuel Hall me dijo: “tú toca con todo quisqui que se te ponga en frente, cuanto más variado, mejor”. Y ahí poco a poco voy.

¿Qué es para ti “espacios” en una pieza? Quiero decir, que si te dicen: “vamos a crear una pieza con ‘espacios’, ¿qué interpretas?

No sé qué interpretaría. Depende de quién me lo propusiera. Imagino que descubriríamos qué son los “espacios” mientras tocamos, sin ideas preconcebidas. Intuiría qué pueden ser esos “espacios”, o más bien cuándo.

Una vez hubiera sacado algo en claro, pues interpretaría esos “espacios” entre otras cosas que no consideraría “espacios”, y tomadaca con el compañero en cuestión.

Pero sin tocarlo no tengo ni idea de a qué sonaría. Eso es lo que haría si mandara la atención a lo que me entra por los oídos. O al intentar interpretarlo como espacios, los interpretaría como tempos, o tiempos, y jugaría con o crearía espacios entre los tiempos.

Si mandara la atención al cuerpo, entonces tocaría con conciencia de dónde pueda haber espacios en el cuerpo.

Me haría más consciente de la respiración. Jugaría con ella. O expresaría los espacios-axilas, o espacios-útero, o el espacio que hay entre yo y la pared de atrás, con la batería.

Cantaría creando espacios de distintas proporciones en la boca. O tocaría más los timbales y el bombo, que asocio a “espacio”, explorando la sonoridad. Posiblemente trabajaría más “en paralelo” al otro músico.

O improvisaría en relación a las dimensiones, arquitectura del sitio en el que estamos. O podría interpretarlo como “lugares” (si me viniera algún “sabor” de bosque, playa, patio, cueva).

Me metería en esa “escena” o “paisaje” en la que podría haber “personajes” o “arquetipos”. O podría interpretar “espacios” como “silencios”, como “no hacer”. Retirarme de vez en cuando. Estar un rato sin tocar. En Cuarteto 4? lo hago y me encanta.

¿Consideras que la improvisación libre es un género musical autónomo?

Para mí sí es un género musical autónomo. Si pregunto qué hiciste anoche, pues me puedes decir “fui a un concierto de rock”, o “es que tocaban unos heavys”, o “fui a ver a una gente improvisar”. Ya da bastantes pistas, puedo imaginar un poco por dónde iban los tiros.

Hay músicos e improvisadores (como yo, por ejemplo) cercanos a la idea de hacer primeras tomas y de dejarse llevar por la intuición, la inmediatez y la espontaneidad. Hay quien dice, sin embargo, que esa forma de entender el arte lleva a fórmulas repetitivas y aburridas, y que el ensayo y la composición son necesarios para evitar esos inconvenientes. En mi opinión, las fórmulas y patrones se repiten en cualquier manifestación artística. ¿Qué opinas?

Yo soy de dejarse llevar por la intuición, la inmediatez y la espontaneidad. Las fórmulas y patrones se repiten en cualquier manifestación artística. Por esa recurrencia las reconocemos como de tal o cual corriente-estilo-género. Luego estoy yo, y mis repeticiones.

Cuando hago música de la “compuesta” trabajo así: improviso y luego voy fijando cosas. Voy muy por detrás del proceso creativo. La cosa me guía y yo la sigo. Para mí siempre hay sorpresa.

Tengo poco control sobre lo que hago o lo que digo. Hasta ahora, no me aburro de esta manera de trabajar. Y mira que mis canciones son repetitivas! Hay gente a la que seguro que lo que hago le parece un truño que de tanto repetirse da sueño, pero bueno.

Por otra parte, me parece deseable querer salirse de lo que uno percibe como repeticiones, si una se aburre consigo misma. Si eso sucede durante demasiado rato, mal vamos.

Me parece bien ponerle remedio si se quiere. El modo en que cada artista lo haga es cosa suya. Ensayando o componiendo es una manera, pero no creo que sea la única.

Mezclándose con músicos con lenguajes muy diferentes de los de una también se puede lograr evitarlo. Aprendiendo distintas técnicas de tu instrumento, ampliando el lenguaje, descubriendo otras músicas, otros patrones, otras repeticiones.

Esa es la vía que más me apetece. Porque bien es cierto que con ensayo y componiendo se puede dar lugar a repeticiones otra vez, aunque sean nuevas.

O igual podría valer cambiar algo en la vida de una que no tenga que ver con la música.

¿En qué proyectos has participado o estás participando? Tanto de música improvisada como compuesta.

Mis proyectos actuales son Fernández, donde soy cantante-baterista; Lea Poldo, cantante-arpista; Improviso, baterista y todo lo que John diga; Cuarteto 4?, Cantante y lo que me salga de la barriga.

Explícame brevemente tu concepto musical

Música para mí es tanto lo que se escucha y se toca, como lo que sucede en la(s) persona(s) implicada(s) mientras se producen los sonidos y en el ambiente circundante.

O sea, es lo que se escucha y muchas otras cosas que no se escuchan. Eso, y el estado en el que deja después las cosas.

Por otra parte, la improvisación, de alguna manera, tiene un punto sinestesia que me mola.

Es un continuo de una cosa que morfa y se mezclan los canales por donde entran y salen las cosas. En mi concepto musical cabe la improvisada y la otra.

Indica links, grabaciones, páginas webs…donde aparezca tu material.

Fernández acabamos de sacar disco, y Lea Poldo el año pasado, así que ahí están los enlaces, junto con nuestro primer refrito en La Munster, Javi, y uno de los primeros discos noventeros. Un placer!

Más información en los siguientes enlaces:
Fernández Bandcamp
Lea Poldo
La Munster
Zombi Zu

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