Improvisación Libre con Toto Álvarez

Ya hablé el mes pasado de que mi amigo y músico de improvisación libre Ricardo Tejero me pasó la grabación de un concierto que dio él en 2014 en Valparaíso, junto a Luis “Toto” Álvarez.

Me gustó tanto el concierto que le pedí a Ricardo que se pusiera en contacto con Toto porque me interesaba que respondiera a las preguntas de esta entrevista. A Toto no lo conozco personalmente, pero musicalmente hablando me interesa mucho su opinión:

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Improvisación Libre con Toto Álvarez

improvisación libre

¿Cuándo y cómo llegaste a la improvisación libre? ¿Por qué te interesa esta forma de hacer música?

Comencé en la improvisación libre a mediados de los años 90 como una práctica de estudio, ya que quería extender mi forma de trabajo con la guitarra principalmente en ese momento, y buscar aprendizaje fuera del estudio de repertorios o métodos, siempre lo hice a través de la intuición.

Se me hizo interesante porque era un camino a la exploración, expandir las propias fronteras, y ver que hay más allá en la aventura de la música.

 ¿Crees que es necesario escuchar improvisación libre para ser un buen improvisador? Es algo que me he planteado de vez en cuando. Yo, en particular, no suelo escuchar mucha música improvisada. Por supuesto, en los conciertos que asisto, o mientras toco con otra gente, pero no suelo escuchar discos o ver vídeos de este tipo de música. Lo hago, pero no con frecuencia. La fuente de inspiración la busco en otros sitios: lectura, escuchando música “convencional” e interesándome por otras disciplinas artísticas o no necesariamente artísticas. ¿Cuál es tu opinión?

Es un punto interesante porque ésto aborda de alguna manera el asunto del por qué estás aquí en la improvisación, y qué te motiva a ser parte.

En lo personal tampoco escucho improvisción libre habitualmente, prefiero siempre hacerlo en los conciertos en vivo, donde la práctica está viva, y el sonido hace un efecto directo.

En un principio estuve más interesado en escuchar grabaciones, pero no quería que fueran una influencia fuerte, eso lleva a la pérdida de libertad para encontrar tu propio discurso. La idea es ésa, que desarrollemos nuestra identidad y desde ahí nos comuniquemos. Esto es importante no sólo en la improvisación.

En ninguna forma musical me gustan los clones o malas copias, no son necesarias. Debo decir que mi razón principal por escuchar muchos discos es para comprender el desarrollo y la historia en las formas musicales, las inspiraciones para crear y tocar vienen de cualquier cosa, no sólo de la misma música, somos seres con capacidad de percepción y traducción de millones de estímulos.

¿Piensas que el arte hay que tomárselo “en serio”? Quiero decir, si hay que tenerle respeto, o simplemente encararte con él y hacer lo que sientas sin pensar en cómo te van a juzgar. ¿Es algo elevado y trascendental? ¿O es preferible, en tu opinión, bajarlo de su pedestal y considerarlo más terrenal, menos sublime?

Creo que hay que tener el valor de encararse a sí mismo, es el mismo individuo quién pone las primeras barreras. Al principio uno enfrenta cosas que no tienen que ver precisamente con el arte.

Los prejuicios son construcciones de una comunidad específica, una escuela, un grupo de personas, los mercados y las aspiraciones. Es a eso a lo que debemos bajarle del pedestal.

La comunicación con el arte es silenciosa e íntima, debes disfrutar esa vida con el arte, y entenderlo de manera natural, sin presión ni prisa. Es terrenal y sublime a la vez, pero no porque las personas sean artistas están en un sitial distinto, son importantes y vitales como todas las personas en una sociedad.

¿Qué es para ti “espacios” en una pieza? Quiero decir, que si te dicen: “vamos a crear una pieza con ‘espacios’, ¿qué interpretas?

Me imagino que debe ser la indicación de que te darán un espacio o momento para que hagas lo que sabes hacer, quizás. En realidad, no soy cercano a esa experiencia. 

Mi forma de tocar es simplemente plantarse a tocar, y la improvisación es el lenguaje de comunicación y conexión entre músicos. Alguna vez participé en un ensamble de improvisación dirigida y escuché cosas así, pero fue una mala experiencia que no volvería a repetir, al menos con personas que no tienen experiencia para andar cediendo espacios o “dirigiendo”. 

En cuanto a composición, es otra historia, espacios puede ser cualquier cosa que el compositor quiera desarrollar con los intérpretes, incluso decirte acá tienes espacio para que tomes un café mientras seguimos ensayando.

¿Consideras que la improvisación libre es un género musical autónomo?

Para mí en rigor al momento de darle un nombre ya de cierta manera establecemos su autonomía, pero como género reúne muchas formas. No creo que sea un estilo de música, es más bien una práctica que se nutre de fuentes diversas y de otros géneros libremente.

No puedo dejar de lado que mucha música contiene el ejercicio de la improvisación, el acto del improviso, pero no se han catalogado dentro de la improvisación libre.

Tendríamos que ir más allá para ver cómo se puso esta bandera y qué define, es una interesante materia de estudio musicológico y filosofía musical.

Hay músicos e improvisadores (como yo, por ejemplo) cercanos a la idea de hacer primeras tomas y de dejarse llevar por la intuición, la inmediatez y la espontaneidad. Hay quien dice, sin embargo, que esa forma de entender el arte lleva a fórmulas repetitivas y aburridas, y que el ensayo y la composición son necesarios para evitar esos inconvenientes. En mi opinión, las fórmulas y patrones se repiten en cualquier manifestación artística. ¿Qué opinas?

En cuanto a Improvisación, me gusta y practico la intuición e inmediatez, gesto espontáneo.

Lo que viene después de eso son procesos cerebrales distintos, el razonamiento teórico, estético o simplemente competitivo. En cuanto a otras formas musicales, la historia puede ser diferente, pero siempre la espontaneidad y la primera toma se harán presentes, porque tienen un flujo vivo.

Formas y patrones hay de todo tipo en el arte y la cultura. Por ejemplo, se han establecido algunos para definir, comercializar, y/o validar ciertas expresiones, pero por otro lado tenemos formas y patrones que derivan de la cosmovisión andina, y han dado estructura a una sociedad, forma de ver la vida, el universo y la tierra, al urbanismo, la agricultura y mucho más.

En un libro llamado “El nuevo paisaje sonoro”, de R. Murray Schaffer, viene la siguiente afirmación: “Es cierto que hay mucha gente que no son sensibles al ruido; pero esos son precisamente los que tampoco son sensibles al argumento, o al pensamiento, o a la poesía, o al arte, en una palabra: a cualquier tipo de influencia intelectual. La razón de esto es que el tejido de sus cerebros es de una calidad muy tosca y ordinaria. Por otro lado, el ruido es una tortura para gente intelectual”. ¿Cuál es tu opinión sobre esta afirmación?

Es muy difícil poder afirmar qué tanta gente no es sensible a esto o a esto otro. Creo que es bastante aventurera y pretenciosa tal idea. Así mismo, y más grave es según esa afirmación establecer premisas neuro-cerebrales sobre las personas.

No se puede definir cierta riqueza o fineza de tu tejido cerebral en base a un grupo tan específico de “sensibilidades”.

Deberíamos primero saber a qué ruido se refieren estos estudios, y qué es ser sensible al mismo.  Para nosotros como latinoamericanos la vida es distinta, vivimos en diferencias sociales y económicas.

El neoliberalismo se ha ocupado de destruir la educación de los pueblos. Por eso creo que las afirmaciones académicas desde aulas privilegiadas deben ponerse en contexto más amplio.

Hay expresiones que son ruido y que pueden ser un desafío y un misterio para un intelectual de la música o el sonido, pero que son parte viva de una comunidad, la devoción y la festividad. A través de ese “ruido” la gente vibra y se expresa. Por ejemplo, los Bailes Chinos en Chile. 

También hay toda una tradición musical que escapa al mundo diatónico o al oído templado occidental, sistemas e instrumentos sonoro-musicales complejos desarrollados por la cultura precolombina, formas de percepción del sonido y su efecto en las culturas, que aún desconocemos.

Por otro lado, en cuanto al “ruido” hoy en una sala de arte, creo que la mayoría, aunque le moleste, dirá que lo entiende o disfruta, o le es interesante, porque ese medio está lleno de snobismo y aspiracionismo. Yo tampoco afirmaría que esas personas son intelectuales con un fino bordado cerebral.

Finalmente te puedo decir que valoro más la honestidad de decir que algo te molesta o te parece horrible, que la condescendencia por querer lucir “intelectual”.

Explícame brevemente tu concepto artístico

No tengo un concepto específico en este momento, pero creo que algo lo he desarrollado ya con las preguntas anteriores.

Más información sobre Luis «Toto» Álvarez en el siguiente enlace:
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