La magia de Kepa Junkera invade Cáceres

Desde la primera vez que conocí a Kepa Junkera en el MUM (Jornadas profesionales de la música en Extremadura) hubo una conexión directa. No sé si fue porque los dos éramos músicos (bueno, yo me considero más artista que músico, ya que no tengo formación académica y sí muchas horas de escenarios), o porque Kepa Junkera tiene ese halo de buenrrollismo y positivismo ante la vida.

El caso es que me cayó súper bien, y aunque seguro que ya no se acuerda de mí (quién se va a acordar de un pelúo con patillas tan anchas que parecen media barba?), yo sí tengo un gran recuerdo de él.

El 27 de julio de 2018 iban a ocurrir dos hechos importantes: uno era el gran eclipse de luna del siglo XXI, y otro, la actuación de Kepa Junkera y Sorginak en los Conciertos de Pedrilla, actividad cultural organizada por la Diputación de Cáceres cada verano (y con muy muy buena aceptación por parte de los habitantes de mi ciudad).

Kepa Junkera

 

La magia de Kepa Junkera invade Cáceres

Como os decía, todos los viernes de verano la Diputación de Cáceres organiza los Conciertos de Pedrilla, y en esta ocasión era el turno del gran Kepa Junkera, esta vez acompañado de las chicas de Sorginak.

Como sabía que la cola iba a ser inmensa al ser conciertos gratuitos hasta completar aforo, me dirigí hacia uno de los bares cercanos para comer algo y tomar un refrigerio merecido antes de la actuación (vamos, que me tomé una cervecita con una buena ración para coger con ganas el concierto).

Con el estómago lleno, y ya sin colas, me introduje en el recinto del Museo Pedrilla y elegí el mejor sitio que pude encontrar para disfrutar del espectáculo. No fue fácil porque estaba todo abarrotado, y la gente se encontraba por doquier.

Y mientras estaba ya acomodándome en mi sitio, Kepa Junkera comenzó a tocar. Pero lo que me impactó fue cuando la percusión de las brujas (sorginak en euskera) hizo su entrada. Fue un bombazo acústico que hizo que todos, absolutamente todos, comenzáramos a seguir el ritmo.

Mientras algunas seguían llevando la percusión, había chicas bailando en el escenario un folk norteño que se intuía que estaba plagado de ritos ancestrales (me recordó mucho a los primeros discos de Hedningarna), otras con el típico grito de las mujeres vascas de antaño, y un acordeón inmenso que llenaba nuestros sentidos.

Entre tema y tema, Kepa Junkera mostraba su cercanía con el público dando datos, como que había salido por la mañana del País Vasco lloviendo, y ahora se encontraba sudando a mares en tierras extremeñas. También nos contó que en su caserío, mientras toca ante las cristaleras de su casa, las águilas se acercan a verle, creando un momento mágico e irrepetible.

El folklore cuenta nuestras raíces

Con Maletak todo el público se vino arriba, al igual que cuando nos enseñó la pandereta de su abuelo y de su madre. Un momento muy emotivo al compararlo con su corazón, y tocarlo como si estuviera vivo, aunque estuvieran rotas por el uso a lo largo de los años.

También me gustó mucho la presentación de las chicas que le acompañaban (una de Vizcaya y 7 de Guipúzcoa), usándolo para iniciar el tema 17 de su disco Maletak, donde las chicas cantaban en galego, catalán, castellano y euskera.

Con una luna de sangre encima de nuestras cabezas, el concierto terminó con un público bailando al pie del escenario, seguro que guardando ese recuerdo para siempre en su memoria. No me cansaré de repetir la gran labor que hace la Diputación de Cáceres, junto con la institución cultural El Brocense, al organizar estos conciertos de verano.

Larga vida a Kepa Junkera y Sorginak!

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