
Parasidney: la banda valenciana que convierte la ansiedad millennial en himnos pop-rock
En la historia de la música, siempre hay figuras que nos inspiran y marcan nuestra trayectoria como artistas. ¿Qué nombres aparecen en vuestra lista de dioses musicales?
Uf, ¡dioses musicales suena muy grande! jejeje.
En el caso de Víctor, los referentes de su adolescencia fueron Travis Barker y Matt Helders (baterías de Blink 182 y Arctic Monkeys). Como referente musical máximo estaría Mathew Bellamy (líder de Muse). Es un artista muy versátil con un conocimiento muy alto de varios instrumentos y capaz de componer y producir auténticos himnos. Sí que es verdad que, debido a que es una persona realista (o tiene síndrome del impostor, quién sabe jeje), no ha intentado evolucionar su carrera musical hacia esos perfiles.
Los inicios musicales de Ángeles, también en la adolescencia, estuvieron marcados por bandas del pop-rock y del indie nacional como Amaral, Quique González y Vetusta Morla, y por esas líneas de guitarra sencillas pero emotivas que sonaban en sus grabaciones de manos de Juan Aguirre (Amaral), Carlos Raya (Quique González) y Guille Galván (Vetusta Morla). Esa manera de transmitir a partir de elementos simples sin necesidad de virtuosismo ni grandes alardes técnicos es algo que le ha influido mucho desde sus inicios como guitarrista.
Desde la creación de Parasidney, el espíritu que se ha intentado perseguir es el de crear temas muy cuidados, pero que no necesariamente requieran de gran complejidad técnica a la hora de tocar. La actitud que muestran bandas como Ginebras, Sexy Zebras o Niña Polaca en los conciertos, haciendo que te vayas con una sonrisa de oreja a oreja, sudado/a de tanto bailar y con mil ideas nuevas para querer probar en el local de ensayo es a lo que aspiramos.
Imaginemos el futuro: vuestra música sigue conquistando escenarios y corazones. ¿Qué metas os gustaría haber alcanzado cuando miremos hacia el horizonte de los próximos cinco años?
Somos una banda bastante metódica a la hora de hablar de objetivos, presupuestos, etc. Si no fuera así, sería muy fácil que el proyecto acabase resultando insostenible, tanto económicamente como por desgaste emocional. Es por eso que, a la hora de plantearnos objetivos, somos bastante cautos.
Lo que vamos haciendo es intentar cada año subir un poco más el listón. Nos gusta sentir que nuestras composiciones son más completas y atractivas, que las producciones suenan mejor, que tenemos más conciertos y con mayor aforo y que el público nos va reconociendo (poco a poco) cada vez más. Si de repente algún día todo se acelera y cambia nuestra vida por completo, estaremos encantados. Pero si no es así, no va a ser motivo de frustración.
Las giras son momentos intensos, llenos de energía y emociones. Seguro que tenéis pequeños detalles o rituales que os acompañan siempre en la carretera. ¿Qué es eso que no puede faltar en vuestros viajes?
En los viajes por carretera, pasas muchas horas en el coche. Menos mal que Víctor ha adquirido un coche espacioso en el que cabe casi todo nuestro equipo, viajamos cómodos y ya no se queda tirado en cuestas jejeje. En esos ratos aprovechamos para hablar sobre las canciones, los conciertos y la banda en general, pero un momento que nos gusta mucho es cuando cada uno empieza a poner canciones de su infancia/adolescencia que le encantaban y que se alejan un poco de nuestro género. Es una especie de juego de “a ver quién sorprende más al otro”, y en esos momentos ha llegado a sonar de todo (¡hasta Café Quijano! que en Parasidney somos muy fans).
La música muchas veces es un reflejo de nuestras raíces. ¿Cómo influye vuestra tierra natal o vuestra identidad cultural en las canciones que componéis y en el mensaje que queréis transmitir?
A nivel temático, creemos que nos influyen mucho nuestras vivencias como parte de la generación millennial: la precariedad laboral, una cierta incertidumbre vital, el haber crecido entre lo analógico y lo digital, estar aprendiendo a recorrer los laberintos de la vida adulta, la nostalgia de aquellas épocas más simples… Inevitablemente nos sale tratar estos temas y, pese a que no son cosas para nada triviales, en las letras nos gusta utilizar el humor como herramienta para afrontarlos.
Además, una de las cosas que identifica a Parasidney es que tanto Víctor como Ángeles participamos de manera activa en la composición de los temas. La idea original siempre es algo más individual (uno de los dos llega al local con un proyecto de canción, esté más o menos acabada)y, aa partir de ahí, se le termina de dar forma entre los dos, sobre todo al pasar del acústico con guitarra/piano al arreglo instrumental en formato banda.
Para Ángeles, como parte del colectivo LGTBI, es especialmente importante contar las historias desde esa posición y llevar a estilos comerciales como son el pop-rock y el indie-pop visiones menos normativas del mundo. Cuando se sienta a componer, siempre vuelve a sus influencias pop buscando melodías muy luminosas y letras que no se alejen de lo conversacional.
En el caso de Víctor, tiene una lista enorme de canciones y estilos bastante variados que, de alguna forma, le han dejado huella en su desarrollo musical. Es capaz de juntar ideas de Mecano y de Bullet for my Valentine para acabar haciendo una canción que no se parece en nada a ninguna de ellas.

El talento local a menudo necesita un pequeño empujón para brillar en el escenario. Desde vuestra perspectiva, ¿qué creéis que se puede hacer para apoyar a los músicos que están dando sus primeros pasos?
Es una respuesta muy complicada. Hay un montón de iniciativas que se pueden hacer, y de hecho hay mucha gente moviéndose para llevarlas a cabo. El principal problema es que esas iniciativas han de ser económicamente sostenibles en el tiempo para que pueda tener cierto impacto en la escena, y eso es más complicado. El hecho de ir a conciertos de bandas emergentes por mero interés musical y dejar que te sorprendan (incluso ser conscientes de que no todas las bandas te pueden encantar y disfrutar, aun así, de la experiencia) es algo que se está perdiendo.
No hemos vivido cómo eran las cosas hace 15 años en ese sentido en Valencia, pero sí podemos decir que muchas veces vemos a la misma gente cuando vamos a este tipo de eventos. Por un lado es algo positivo, porque significa que hay un núcleo establecido y a partir de ir a un evento puedes empezar a charlar con la gente e introducirte en la escena, pero por otro lado indica que esa escena no es lo suficientemente grande como nos gustaría que fuera a los artistas.
Ha sido un auténtico placer charlar con vosotros y conocer más sobre vuestro trabajo y visión. Antes de cerrar, ¿os gustaría compartir algún mensaje con los lectores de LaCarne, con vuestros seguidores o añadir unas últimas palabras?
¡Muchas gracias por darnos el espacio! 2026 será un año súper importante para Parasidney, y no nos podemos ir sin mencionar todas las cosas emocionantes que nos esperan.
Además de los dos singles que ya hemos publicado (“El amor según Richard Curtis” y “Nadie nos preparó”), en los próximos meses vamos a sacar varios adelantos más de lo que será nuestro primer LP, que está actualmente en proceso de finalización.
En paralelo, estamos girando y tenemos varios conciertos en diferentes puntos de la península para presentar nuestra nueva música y darnos a conocer a nuevo público. Va a ser un año intenso, ¡pero desde ya estamos disfrutándolo muchísimo!
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