Al Eslou y su visión de la Improvisación Libre

Hablamos con Al Eslou, interesante artista y amante de la Improvisación libre. Esperamos que conozcan un poco más el trabajo de esta gran persona. Qué disfruten, amigos!

Al Eslou improvisación libre

Dime cuál es tu procedencia musical. Si tienes formación académica, me interesa que me cuentes tu experiencia en las escuelas de formación de música o en el conservatorio y que me lo compares con tu experiencia en la improvisación libre y en la música experimental, aunque sea compuesta.

Recuerdo cuando descubrí con 6 ó 7 años a Michael Jackson. No concebía que la música pudiera sonar así, y fue entonces cuando comenzó mi verdadera afición, y sé que durará toda la vida. En aquel entonces decidí que quería tocar la guitarra, y, como no era un niño caprichoso, tuve la suerte de que me regalaran una y me apuntaran a clases. Aunque di algunos conciertos tocando obras de música clásica, aquello no pudo satisfacer mis expectativas, por lo que pronto dejé de ir. Aun así, no me desanimé y seguí tocando en casa, aprendiendo por mi cuenta mis canciones favoritas del libro, como La Mariposa Número 13. Según iba descubriendo música me aventuré con Led Zeppelin, Dire Straits o Pink Floyd. Sin duda, lo que más me gustaba entonces era poner discos, o directamente la radio, e improvisar sobre cualquier cosa que sonara. Al principio, por mi falta de conocimiento y un oído poco entrenado, creía que todo valía, todo me sonaba bien… y lo disfrutaba muchísimo. Entonces sólo tenía buena intención y actitud, pero mi objetivo ya estaba fijado: poder expresar con la guitarra.

Me dediqué a escuchar muchísima música de todo tipo durante años. Necesitaba ampliar mis conocimientos para desarrollar el abanico de sentimientos y emociones a la hora de tocar. Por eso, siendo ya adolescente, me apunté otro par de años a clases. Esto supuso un punto de inflexión muy importante en mi formación porque por fin pude reorganizar en mi mente toda la información que tenía, relacionar mis ideas propias y descubrimientos con la teoría musical.

Mi proceso ha sido siempre el de interiorizar conceptos a medida que los iba encontrando, los analizaba y los comprendía. Cuando me gustaban y me identificaba con ellos, los aplicaba. Por otra parte, debo reconocer que nunca he practicado ni estudiado como tal, eso de hacer ejercicios, digitación… Quizá por eso ni un solo día la música me ha hecho pasarlo mal, ni dolores de cabeza ni de manos.

Ser autodidacta ha sido un proceso muy natural. Parecido al aprendizaje de la lengua materna, inmersos en el ambiente que nos rodea, prestando mucha atención a todo, siendo curiosos, intentando participar…, queriendo crecer. Y así ha sido también mi aprendizaje en la improvisación libre.

¿Cuándo y cómo llegaste a la improvisación libre?

Creo que llevo improvisando desde que cogí la guitarra por primera vez. La improvisación es más como una filosofía para mí, y una de sus aplicaciones es la musical. Incluso a la hora de tocar temas ya escritos, siempre he buscado reinterpretarlos desde una perspectiva personal, hacerlos míos y expresarme con ellos, según me sienta en el momento, según lo que signifiquen para mí o según con quién y para quién toque.

Hace varios años participé en un taller impartido por el gran Javier Entonado. Aun sabiendo a lo que iba, lo que descubrí allí sobrepasó todas mis expectativas. Un nuevo nivel de libertad y de exploración sonora, sin juicios ni prejuicios, basado en la escucha y en la intención a la hora de intervenir…, era justo lo que llevaba queriendo hacer toda mi vida sin saberlo.

Por eso Epy Figueroa y yo creamos en 2017 el taller de improvisación multidisciplinar Pool 369º. Tenemos visiones muy similares y a la vez muy complementarias, por eso nos retroalimentamos tan bien para seguir creciendo juntos, y difundiendo este género/filosofía que es la improvisación.

A día de hoy cada vez son más los asiduos y curiosos que vienen todos los miércoles al Espacio Belleartes que nos ha facilitado Yiyo, una leyenda de la hostelería cacereña que siempre ha fomentado la cultura en la ciudad. Además de los talleres semanales y las muestras de cara al público mensuales, el número de eventos en los que participamos no deja de crecer: intervención en la radio, improvisación de la banda sonora para una película, y varios conciertos. Entre ellos destaca el Encuentro de Improvisación Libre que oganizamos en el Teatro Maltravieso-Capitol donde participó la orquesta Improviso, de Asturias, junto a amigos como JG Entonado, César Delgado, Ricardo Rodero y Jose María Pastor.

He llegado a la improvisación libre para quedarme.

¿Cuáles son las influencias que te han ayudado al aprendizaje de tu lenguaje musical? ¿Y a la improvisación?

Me gusta mucho el reggae, pero en mi lenguaje musical predominan el blues y funk. Partes lentas, con poca densidad y mucho vibrato a lo B. B. King, o partes más viscerales y enfadas a lo S.R.V. junto a rítmicas con fraseo tipo Nile Rodgers…, por supuesto salvando las diferencias (risas). He disfrutado y aprendido mucho en mi época Hendrix, todo músico debe pasar por ahí, y descubrí muchos trucos con Van Halen. Admito que soy muy baladesco y tranquilo a la hora de tocar, haciendo honor a lo de “eslou”, pero no me cuesta “sacar la trilladora”, como digo a veces.

Por otro lado, en la improvisación, procuro no tomar referentes externos, intento sacar todo de dentro. ¿Quién sería yo si llegara a una improvisación con ideas ya preestablecidas? Por supuesto que bebo de muchas fuentes, pero en mis intervenciones normalmente no busco sonidos ni resultados concretos. Para mí, en esto de la improvisación, lo importante no es el fin sino el proceso, jugar con los controles de la guitarra, con los efectos, buscar un acercamiento al instrumento diferente a la forma convencional de tocar. En definitiva, hacer todo lo posible para adecuarse a la situación y el entorno. Dejo que me inspire el momento en vez de sacar lo que ya tenga en casa. Como bien dice John Falcone, “improvisar es hacer lo que las ganas te den”, y en ese sentido estoy siempre muy concentrado y predispuesto para estar abierto a lo que surja.

¿Qué es para ti “espacios” en una pieza? Quiero decir, que si te dicen: “vamos a crear una pieza con ‘espacios’, ¿qué interpretas?

Depende de quién, cómo y dónde me lo digan (risas). Crear espacios en un blues, por ejemplo, puede ser tocar la rueda de acordes dando así pie a que alguien pueda solear encima de ese “hueco”. En una sesión de improvisación libre puedo entender largos silencios conscientemente intencionados, enmarcar cada pieza o intervención. En otra sesión, sin embargo, lo podría entender como la interpretación de un espacio físico (una habitación cualquiera, el paisaje en el campo…), creando una pieza con lo que el lugar sugiera.

En cualquier caso, la expresión me encanta. Soy muy partidario de este tipo de “adjetivos sinestésicos” para describir la música y, sobre todo, de esa libre interpretación que pueden suscitar.

Hay músicos e improvisadores (como yo, por ejemplo) cercanos a la idea de hacer primeras tomas y de dejarse llevar por la intuición, la inmediatez y la espontaneidad. Hay quien dice, sin embargo, que esa forma de entender el arte lleva a fórmulas repetitivas y aburridas, y que el ensayo y la composición son necesarios para evitar esos inconvenientes. En mi opinión, las fórmulas y patrones se repiten en cualquier manifestación artística. ¿Qué opinas?

Creo en la naturalidad, eso sin duda. También se pueden exprimir un poco algunas cosas: pedirle más a las manos, al intelecto, al poder creativo, revisar partes, reestructurar, volver a empezar…, pero forzar la máquina no es una solución. Además, en la improvisación libre debería mandar siempre esa intuición, esa inmediatez y esa espontaneidad que hay en primeras tomas, un salto sin red.

No siempre pensamos y nos sentimos igual, y no siempre tocamos sobre lo mismo, por lo que no creo que ése sea el motivo de que aparezcan las fórmulas o la repetitividad. En mi opinión, una cosa es el estilo y otra los patrones, igual que una cosa es ser rígido e inflexible, y otra permitir la adaptabilidad y la espontaneidad.

Hay que evitar repetir como un papagayo que no sabe lo que dice ni lo que significa. Ejecutar una pieza sin poner interés, sin intención, sin conectar con los demás, o haciendo “apuestas seguras” quedándonos en nuestra zona de confort…, tirar del “sota, caballo, rey” de nuestro repertorio, ya quemado y saturado, que ya no suena a emoción. Mejor no.

Me gustan las primeras tomas cuando se tocan con buena intención, asumiendo riesgos, cuando van cargadas de emoción, de ganas, de buen hacer, con frescura y, sobre todo, con naturalidad.

En la trigésimo séptima toma grabando cómodamente en el sofá de mi casa, y tras una buena posproducción puede parecer que hasta yo “toco muy bien”, pero no es lo que busco.

He leído recientemente en un libro llamado “El nuevo paisaje sonoro”, de R. Murray Schafer la siguiente afirmación: “Es cierto que hay mucha gente que no son sensibles al ruido; pero esos son precisamente los que tampoco son sensibles al argumento, o al pensamiento, o a la poesía, o al arte, en una palabra, a cualquier tipo de influencia intelectual. La razón de esto es que el tejido de sus cerebros es de una calidad muy tosca y ordinaria. Por otro lado, el ruido es una tortura para gente intelectual”. ¿Cuál es tu opinión sobre esta afirmación?

Sobre Schafer, le respeto mucho y comparto sus opiniones, que además suelen estar bien argumentadas, pero me temo que esta vez discrepo con su afirmación, al menos hasta que lea su argumento.

Me considero una persona sensible, pero amo el ruido. No vivimos en una cámara anecoica, hay que aceptar eso que llamamos ruido como parte inherente a la realidad, no obviarlo o camuflarlo.

La guitarra que más uso últimamente emite el clásico “hum”, y sus pastillas son muy microfónicas, te sacan todo lo que hagas. Cuando uso distorsiones es sin puerta de ruido. Creo que estas cosas pueden usarse a nuestro favor e implementarlas en nuestras intervenciones. Me encanta buscar los zumbidos, los chasquidos, los acoples…, suelo golpear la guitarra, frotarla o rozarla para usar todos esos ruidos cuando la situación lo requiere. Son muy expresivos.

Normalmente entiendo ruido como la forma coloquial de decir sonido. Pero entiendo que también se use como una palabra despectiva y subjetiva para juzgarlo, con la que además no suelo estar de acuerdo. Por suerte, no soy el único: un amigo dijo que una vez, haciendo palomitas de maíz en el microondas, se paró a escuchar el “solo de palomitas” y lo disfrutó muchísimo, aunque otros lo llamarían ruido.

Explícame brevemente tu concepto musical.

Creo que no podría. No porque no pueda hacerlo brevemente, que también (risas), sino por lo cambiante que es. Lo que se mantiene constante es mi concepción de la música como un lenguaje. Hay que comunicar algo con la música, aunque se pueda “hablar por hablar” y el silencio también sea una contribución válida. Personalmente me gusta mucho escuchar, intento que mis improvisaciones partan de una adaptación al entorno. Es La ley del que mejor se adapta, en contra de La ley del más fuerte. No es la jungla, pero hay que sobrevivir a la improvisación.

En nuestras sesiones intento fomentar como pilar principal la libertad absoluta. Hay que hacer uso consecuente de ese poder y saber lidiar con lo que este concepto implica. Tal grado de libertad puede ser abrumadora, por eso en los talleres de Pool 369º empleamos muchas dinámicas y juegos, la conducción y la dirección, o la interpretación de otras obras favoreciendo el intercambio multidisciplinar. De este modo se explora la libertad dentro de un marco que se puede recorrer de extremo a extremo buscando hasta dónde llegan los límites.

Yo, sinceramente, toco sobre todo porque me gusta, y por eso siempre procuro tocar lo que me gusta con quien me gusta. Intento mantenerme fiel a ese concepto y me considero un afortunado por verlo así y poder hacerlo.

Indica links, grabaciones, páginas webs…donde aparezcan tus proyectos

Hay cosas por ahí, desde grabaciones hechas en la misma calle a un EP de jazz en estudio. Ahora mismo estoy grabando un disco para un proyecto que saldrá esta primavera. Intento no parar nunca.

Sin embargo, personalmente, prefiero las cosas en vivo y en directo. Creo que la música en general, y la improvisación en particular, se entienden mejor estando presentes, hay que sentirlas en persona. Invito a que, quienes quieran escucharme, queden conmigo y pasemos un rato juntos improvisando. Se me encuentra fácilmente por Cáceres y, por supuesto, estoy cada miércoles en el taller de Pool 369º (https://www.facebook.com/POOL369/).

Me identifico más con lo que me queda por hacer que con lo que ya he hecho. Lo mejor está por llegar. No pienso dejar de crecer en la música, seguir avanzando y disfrutar de este viaje sin destino fijado.

Más info:
VER FACEBOOK POOL 369º

One Comment
  1. mayo 5, 2019 | Responder

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