En Árbol Difunto, el sonido de la madera del álbum Empero

Conocí ala banda En Árbol Difunto aproximadamente en 2017, cuando presentaban su EP debut. Logramos conectar una entrevista televisiva para el programa El Shock de la Marraketa Blindada.

Luego de un ascenso vertiginoso en su carrera musical, cerrando el 2020 En Árbol Difunto nos sorprenden con dos producciones realizadas y difundidas por las plataformas digitales, se trata de Sonidos/Espacios (agosto) y Empero (diciembre), que es la obra por la cual nos reencontramos -luego de bastante tiempo- para conversar sobre el nuevo material.

Tomamos el hilo para una entrevista exclusiva con Gabriel Gallardo Alarcón -voz & guitarra-, y conocer más de la brillante producción.

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En Árbol Difunto – El sonido de la madera en el álbum Empero

en árbol difunto

Saludos cordiales hasta Berlín. ¿Cómo te encuentras en la actualidad? ¿Por qué motivo migraste a Alemania?

Saludos, Alfonseka, todo bien. Acá en casa encerrado por motivo de la segunda ola del COVID en Alemania. Aunque sin el virus, probablemente estaría aislado trabajando en casa (laburando en mis cosas como lo estoy haciendo de todas formas), por lo que no ha afectado tanto mi rutina.

Estoy acá gracias a una beca de estudios que me gané en 2018 para estudiar Diseño de Audio en Berlín, y de ahí terminé viniéndome en marzo de 2019.

La última cosa que hice en La Paz antes de irme (casi literalmente, hasta dos días antes de mi vuelo) fue meterme al Studio con los demás chicos a grabar las guitarras de Empero.

Eres guitarrista, compositor, letrista, y vocalista de la banda. ¿Quiénes te acompañan En Árbol Difunto para la grabación del nuevo álbum?

La banda la conformamos Adrián Quintela Heredia (voces, guitarra criolla), Vicente Contreras Soux (bajo eléctrico), Omar Gabriel Jiménez (batería), Adriana De la Rocha (violonchelo), y yo (voces, guitarra criolla).

Adrián y Vicente también aportan mucho con el proceso de composición de las canciones.

Adriana De La Rocha tocó durante la etapa previa a la grabación, pero lastimosamente una tendinitis no le permitió grabar, y por ello tuvimos que pedir ayuda a nuestra amiga chelista Andrea Vila (quien terminó grabando en el disco).

Rock Acústico, Rock Progresivo, etc. ¿Qué géneros específicos podría identificar la música hecha por En Árbol Difunto?

Ésa siempre es una pregunta difícil para mí porque En Árbol Difunto nunca escribimos canciones pensando en qué género en específico deberían caer, sino en cuáles son las ideas musicales que creemos pueden ser interesantes de explorar con el ensamble en el momento.

Sin embargo, creo que el mercado (y la gente) pide que En Árbol Difunto intentemos encasillarnos, así que por lo general me remito a los géneros que siento más influencia han tenido en nosotros, porque son los que más escuchábamos cuando fundamos la banda, y esos son el Rock Progresivo, el Post-Rock y el Math Rock (creo que nos influencian muchas otras tendencias).

Yo, por ejemplo, soy bastante metalero y me gustan las cosas bien ruidosas, y, aparte, también hago música electroacústica, bastante experimental y disonante. Adrián ha estudiado mucha música contemporánea de tradición escrita.

Esas áreas de influencia no son tan notorias quizá de entrada, pero creo que permean nuestras ideas musicales desde lo subconsciente. Y después está el contexto de la música latinoamericana, que si bien no es determinante en nuestro sonido, me parece que es inescapable.

El hecho de que En Árbol Difunto hagamos Rock con guitarras criollas -en vez de eléctricas- ya te dice bastante, y si bien no hacemos Folklore, es en este frente donde el Folklore Modernista de la obra tardía de Violeta Parra es un referente gigantesco para nosotros.

Son varias sus influencias artísticas, no solamente la música, siento mucha poesía en sus versos y poetas en sus samplers. ¿Qué nos puedes comentar al respecto?

Yo por lo menos siento a veces que soy algo así como un escritor frustrado que hace letras porque es malazo, vago, y demasiado tonto como para escribir una obra más compleja, y de hecho escribo siempre las letras al final porque es la parte que más me atemoriza de todo el proceso compositivo.

Pero cuando ya no hay más salida que escribirlas, pues me obsesiono y las escribo y reescribo durante días, o semanas inclusive.

En el caso de Exhortaciones, por ejemplo, donde decidí hacer esta especie de diálogo con Octavio Paz. Me parece que lo puse ahí como referencia de lo que yo creo debería poder aspirar a trasmitir una canción, y de ahí, la voz que compongo intenta dialogar con eso, pretendiendo alcanzar un estándar que sé es inalcanzable para un pseudo-escritor aficionado como yo.

Pero por eso mismo va en línea con lo que quiero, ya que la canción misma habla desde el punto de vista de alguien que se cree “es mucha cosa y se las sabe todas”, pero que desde afuera se nota a leguas que no.

A veces esos juegos entre la realidad que yo percibo de mí mismo y la ficción que intento crear en la letra, se mezclan, y es la parte divertida (pero al final para mí siempre gana la ficción). Por eso ninguna de mis letras es autobiográfica en ningún aspecto (al menos no de manera consciente).

Quiero que mis letras sean abiertas, y que él o la oyente escuchen en ellas lo que él o ella quieran escuchar.

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Blanca Wiethüchter, de cuyo poemario Madera Vida y Árbol Difunto sale su nombre, ¿fue una gran inspiración para ti? ¿Cuál es tu conexión con la poetisa?

Intenté estudiar una licenciatura en Literatura durante tres años en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), antes de darme cuenta de que no servía para eso.

Sin embargo, la experiencia me dejó marcado (recuerdo el trabajo de varios poetas bolivianos y latinoamericanos que cambiaron mi forma de percibir lo escrito).

Entre los poetas nacionales que más me impactaron estaban el sucrense Edmundo Camargo y la paceña Blanca Wiethüchter. Quien haya leído el poemario Madera Vida y Árbol Difunto, sabe que sus temas están bastante ligados a la turbulencia del contexto boliviano de la década de los 80’s.

En mi caso, mi fascinación deja de lado lo valiente de la metáfora histórica, y prefiere agarrarse cobardemente del lado más obvio del poemario, que es la resignificación de los objetos.

Así como el árbol muerto contiene en sí el potencial de resignificarse en la madera que le da forma y contenido a un objeto nuevo, la música misma resignifica y le da una nueva vida a esa materia orgánica muerta a través de los instrumentos.

En Árbol Difunto nació con el propósito de explorar lo que años atrás definíamos medio ambiguamente como “el sonido de la madera”, y tenemos un tema en nuestro primer EP llamado Sinapsis, que escribí pensando justamente en esas ideas.

Si bien hoy por hoy la esencia de la madera queda en el uso de los instrumentos acústicos (me parece que ahora tenemos otras preocupaciones), lo cual hace que el nombre mismo de la banda quede medio limitante.

Es posible que en el futuro lo transformemos de alguna manera, o que simplemente ignoremos irresponsablemente su origen. Igual me gusta nuestro nombre. Es sólo que me trauma un poco tener que nombrar cosas.

Creo que nuestro nombre mismo es obsoleto desde el día en que nacemos. Capaz por eso, yo no me siento Gabriel sino Gabo (o “Gabu” para mis hermanos menores, o “Jiabo” para mis amigos chinos, o solo “Gab” para mis amigos europeos), y, vos no eres realmente Alfonso sino Alfonseka. Y eso está bien.

Coméntanos sobre la nueva obra musical de En Árbol Difunto intitulada Empero. ¿Quiénes han trabajado en la producción? Además, grabado entre Alemania y Bolivia. Veo que hay bastantes créditos dentro de la mezcla, el máster, etc. ¿Podrías mencionar a la gente que laburó contigo?

Las bases (guitarras, bajo y batería) las grabamos en los estudios Hyla Records en la ciudad de La Paz, con los ingenieros Javier “Zurdo” Flores y Fabricio Zapata García.

En la mezcla nos ayudó (desde su casa y ya en media pandemia) José Luis Blanco (o el White como le decimos los amigos), y el máster de las canciones largas lo hizo Marcelo Navía de Lado B.

Las piezas instrumentales cortas las grabamos aparte, cada uno -de los que las compusimos- desde casa, igual ya en épocas de la cuarentena. Después yo grabé varias de mis tomas de voces principales en mi cuartito en Alemania, y se las mandé al White para que las agregara a la mezcla.

Lo mismo con el tema que compuse como introducción al disco, Retazos. Todas las tomas de violonchelo que tocó Andrea fueron grabadas por Vicente (igual desde su casa, y en época de contingencia médica).

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En Árbol Difunto vienen con una estrella -como se dice- desde el inicio de su carrera, ganando concursos e importantes premios, que son un motor de gran impulso para concretar proyectos -como en este caso- el disco Empero, que contó con el apoyo del FOCUART. ¿Cómo se dio la gestación del material discográfico?

Fue un proceso bastante largo, y que tuvo algunos baches importantes en el camino. Entre 2017 y 2018 En Árbol Difunto grabamos nuestro disco en vivo/documental Sonidos/Espacios.

Una de las canciones que registramos ahí era el Jaibo, pero en ese entonces nuestra interpretación de la canción no estaba madura aún, así que decidimos no incluirla en ese álbum.

Por aquel entonces se unió a En Árbol Difunto, Vicente Contreras (bajista de Azorella), y su estilo le dio un nuevo aire a la sección rítmica de la banda, lo cual nos impulsó a componer temas nuevos que aprovecharan sus cualidades como músico.

De ahí nos dimos la tarea de componer canciones nuevas que acompañaran temáticamente lo que Jaibo ya iba proponiendo. A mediados de 2018 salió la convocatoria para un concurso bastante grande -en estilo batalla de bandas- llamado Premios Chuquiago Rock & Roll Waway, que contó con mucha participación y difusión en los medios del país.

En Árbol Difunto decidimos entrar sin pensarla mucho. Lo que buscábamos no era ganar, sino, por un lado, darnos una excusa para ensayar mucho y pulir nuestra performance con miras a grabar un nuevo disco, y por otro, ponernos presión para acelerar la composición del material nuevo.

Para sorpresa de muchos (sobre todo la nuestra) terminamos ganando el certamen, y con ello un premio en efectivo, la grabación de un maxi-single y un videoclip. El premio en efectivo sí nos lo dieron (yo usé mi parte para comprar mi pasaje de avión), pero lo demás terminó en el limbo.

No sabemos bien que pasó pues jamás nos dieron una explicación, pero estuvimos más de medio año en reuniones con representantes del concurso -en donde nos mandaban de un lado para otro con gente que se desentendía del asunto constantemente-, y no podíamos avanzar con el proyecto.

Ya hartos de este ir y venir sin respuestas, en 2019 En Árbol Difunto decidimos desentendernos del concurso y más bien utilizar el impulso (y bronca) para hacer algo más grande y complejo que ese maxi-single.

La tendinitis de nuestra cellista, mi beca, y la pandemia ejercieron cierta presión inesperada, pero creo que al final logramos acomodarnos y cumplir los objetivos que teníamos.

Ya que poseíamos una idea clara de lo que queríamos hacer, decidimos presentarla al FOCUART (Fondo Concursable Municipal de Promoción al Desarrollo, Salvaguarda y Difusión de las Culturas & las Artes), y por suerte nos salió bien. Con eso pudimos pagar una parte de los costes de postproducción y difusión. Y como dicen, el resto es historia (yaaa…).

La portada de Empero trae vida y arte en sí misma, ¿quién la realiza? ¿El artista escuchó el material para inspirarse? ¿Cómo nace la obra?

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La portada la pintó al óleo nuestro amigo Diego Ponce (quien es también un gran músico que toca el bajo en bandas paceñas muy importantes, como ser Azotador y Enfant).

Nosotros casi no le dimos indicaciones sobre lo que queríamos, sino que dejamos que él escuchara el material y lo interpretara a su manera.

Obviamente, él podría explicar su trabajo mucho mejor que yo, así que no intentaré reemplazar las interpretaciones de nadie con mi propia subjetividad, pero un elemento importante que quizá puedo mencionar es cómo la figura que pintó parece estar trazada desde dos perspectivas al mismo tiempo, pues si bien la figura parece correr, al mismo tiempo te da la sensación de que está cayendo, y este detalle encaja muy bien con varios de los temas que intentamos expresar formal y musicalmente: como la inestabilidad, el avanzar lineal y sin vuelta atrás, y las voces de los distintos personajes que ofrecen puntos de vista diferentes.

En fin, yo creo que la pintura es similar a la poesía, y si la explicas demasiado, la matas un poquito -ya que cierras los posibles significados-, así que prefiero dejarla viva para que los que la vean puedan hacer relaciones con la música libremente.

Adentrándonos en el material estrenado de En Árbol Difunto, coméntanos de los textos que has escrito. ¿Qué temáticas has tocado en tus letras?

Tenemos discusiones dentro de la banda misma acerca de cómo interpretamos nuestro propio trabajo -así que solo hablo por mí-, pero yo creo que nuestro tema central es el “remordimiento”.

Tenemos varios personajes que dicen muchas cosas, a veces con mucha seguridad, pero otras veces con mucha duda, y a veces hasta se contradicen a sí mismos, o entre sí.

Siempre hay una molestia latente por lo que se ha dicho o hecho, pero también una consciencia de que ya no se puede volver atrás, y que el peso de todas estas acciones pesa y persiste, sin desaparecer.

Creo que este tipo de sensación es bastante universal, y que todos lo hemos sentido en mayor o menor medida. A mi entender, nuestro disco es un intento por explorar esa parte de la condición humana.

El disco de En Árbol Difunto abre con Retazos, una instrumental (intro) para luego pasar a la canción Exhortaciones -uno de los preferidos para mí- con sampler de la voz de Octavio Paz (casi un dúo con el poeta). ¿Qué nos puedes comentar de la canción? ¿Quiénes la componen? ¿Qué te inspiró para los versos? ¿Por qué el sampler de La Llama, El Habla de Octavio Paz?

Retazos la compuse yo. Supongo que es una especie de obertura donde presento riffs y otras ideas musicales (o retazos) que toco a través de todo el disco, pero recontextualizadas y juntas en una sola pieza.

Asimismo, Exhortaciones nació originalmente de una idea mía, pero luego se expandió con muchos aportes importantes de Vicente y Adrián. Ya dije algunas cosas sobre la letra antes, pero quizá puedo agregar que la idea nació a partir del constante sentimiento de superioridad moral que es palpable en las redes sociales, y que no sólo veo en los otros (también en mí mismo cuando me toca interactuar).

Creo que es casi inevitable, y que en parte nos hemos olvidado de lo que realmente significa conversar. Las palabras de Octavio Paz son un buen contraste a esta suerte de Segismundo moderno, encerrados en cámaras de eco en las que todos nos estamos convirtiendo.

En fin, la idea lírica nació de ahí, pero al escribirla se fue desarrollando por otros lados, y creo que tiene una vida propia que va más allá de mis prejuicios moralistas, así que en realidad me gustaría que la gente la leyera considerando sus propios prejuicios, y no necesariamente siguiendo al pie de la letra los míos.

Los autores somos autores sólo mientras hacemos. Cuando terminamos el hacer, la obra tiene vida propia, y si intentamos imponer nuestros significados sobre esa obra ya acabada, no estamos haciendo otra cosa más que encadenarla. En resumen: mejor escuchen la canción y no me tiren pelota.

El tercer tema del álbum, intitulado Desplegar, continua con la atmósfera del disco, que podría ser una obra conceptual. ¿Quiénes la componen? ¿De qué nos hablan en la letra?

Al igualque con Exhortaciones, yo traje la idea original, pero luego Vicente le agregó toda una sección con una guitarra afinada en “Si”, que le dio un aire nuevo y que me inspiró para escribir una letra totalmente distinta a lo que tenía en mente.

La forma de la canción misma es algo así como un espejo, y por ello la letra también sugiere imágenes frente a un cristal, con la reflexión de un personaje que quiere cambiar algo, y otro (¿o quizá otra parte de sí mismo?) que le da la contra.

Retorno (el cuarto track) es un instrumental. ¿Quién lo compone? ¿Qué aires trae?

Vicente Contreras compuso y grabó este tema. Básicamente se agarró de una parte de la letra del último verso de Desplegar, que habla de “querer retornar para enderezar los destiempos”.

A partir de ahí nació la idea de que el instrumento principal vaya en reversa, para que dé la impresión de que estamos desandando, pero cambiando lo que vino antes, quizá a manera de arreglar los errores que la voz poética percibía en el tema anterior.

Todo se mantiene dentro de una tonalidad cercana a la de Desplegar, pero no idéntica, como si se tratara de una fantasía que sustituye el recuerdo, algo así como un deseo de lo que podría haber sido diferente.

El tema 5, intitulado Jaibo -con una duración de 12 minutos aproximadamente-, contiene sampler de Los Olvidados de Luis Buñuel. Otra de las canciones más exquisitas del álbum, donde haces una interpretación vocal con impostaciones singulares y bien logradas. ¿Cómo nace la canción? ¿Quiénes la componen? ¿De qué hablas en los textos?

Como mencioné antes, la canción tiene una historia larga, que data desde finales del 2016 o principios del 2017 (ya no lo recuerdo bien). Es una canción donde prácticamente todos colaboramos de alguna forma.

Esto incluye a nuestra ex-bajista Valeria Illanes, quien trajo la línea de bajo original, que fue el germen sobre el cual los demás comenzamos a verter ideas.

Cuando Valeria salió de En Árbol Difunto, la canción estaba aún incompleta, y la terminamos de escribir con Vicente, por lo cual me parece que es una canción pivote que nos lanzó en una dirección más rockera y pesada en comparación a lo que veníamos haciendo antes, que quizá estaba un poco más influenciado por la música latinoamericana de guitarra.

La parte que mencionas sobre mi interpretación vocal, la hice inspirándome en ciertos principios estéticos que atrajeron a Buñuel. En Los Olvidados hay una escena de un sueño muy famosa y que -como seguramente a muchos otros- me dejó muy impresionado, muestra varios de los elementos del “surrealismo” y lo “dadá” que influenciaron al cineasta en su juventud.

Ya que nos inspiramos mucho en esa película para hacer el contenido lírico (que lo escribimos entre Adrián y yo), me pareció apropiado intentar algo nuevo dentro de lo que yo vengo haciendo, y experimentar un poco con la poesía automática, básicamente dejando que las palabras vinieran como un delirio improvisado, influenciado por las temáticas que rondan tanto la película como el contexto de la canción en el disco, y por el sentimiento crudo que yo imagino este personaje tendría al entrar en un delirio así.

Creo que es un momento muy influenciado por lo dramático, lo teatral, y fue bastante divertido grabarlo.

Adenia es el sexto track, que como interludio sirve para darle aire al disco. ¿Quién está tras la composición?

Todo el cierre del disco que involucra Adenia, Permanencia, y Atasco son primordialmente obras de la mano de Adrián.

El disco es casi un degradé de ideas que va desde mí, pasa por el Vicente, y desemboca en el Adrián. No es algo que realmente hayamos diseñado (nos hemos dado cuenta en retrospectiva).

Permanencia, la séptima canción -que también tiene una amplia duración aproximadamente de 7 minutos-, me dejó con el alma y los oídos calmos. Letras y voces que juegan con la armonía, la melodía, y los ritmos de manera espectacular. ¿Qué nos puedes comentar de la canción?

Como decía, esta canción la compuso Adrián, casi en soledad. Durante varios meses venía a los ensayos mostrándonos pedacitos y preguntándonos nuestra opinión.

Creo que la cambió varias veces, y lo mismo con la letra. Adrián nos comentó que en cierto momento él y otros amigos se pusieron a escuchar grabaciones históricas de distintos personajes famosos e infames de la historia boliviana, y una de las que lo impresionó más fue la de Jaime Cárdenas (el asesino serial sucrense), que recién aprendido, y desde las instalaciones de la policía, narraba a un periodista cómo se sentía por haber sido capturado.

Partes de esta narración fueron sampleadas para la canción, y la voz cantada no está interesada en explorar los asesinatos, simplemente indagar en el estado de remordimiento, pero también de frialdad e inalterabilidad que son el objeto de las palabras de Cárdenas.

La última palabra de la canción (y del disco) es “desaparecer”, que contrasta con la primera frase en Exhortaciones (“Soy un Dios”), e intenta cerrar este proceso de caída.Personalmente es mi tema favorito del disco, y me da algo de envidia no haberlo escrito yo.

Cerramos el álbum de En Árbol Difunto con el tema Atasco, otra instrumental que sella el material con gloria. ¿Cómo definirías este epílogo?

Es como un alejarse de algo que sigue ahí latente, enorme y volátil, y que aún está y seguirá cayendo -por más que el oyente se vaya y el disco termine-, el sentimiento sigue y no va a desaparecer.

El Adrián me dijo que la compuso pensando en otra cosa. De hecho, la canción que iba a cerrar el disco originalmente era “Adenia”, pero yo lo convencí de que se equivocaba.

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Cuál es tu mensaje para la gente que leerá esta entrevista, unas palabras de despedida.

Simple: lávense las manos, háganlo seguido, pónganse las pilas en lugares concurridos, no se toquen la cara. Evítenlo, amigos, usen desinfectante, eso es muy efectivo… ¡Felices fiestas!

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