Puerto Candelaria cumbia, emoción y humor en «Tarde Ventura»

Saludos afables a toda la comunidad melómana de LaCarne Magazine. Les invitamos a sumergirse en la reseña más esperada de la temporada, Tarde Ventura, el flamante álbum número 16 de Puerto Candelaria.

Prepárense para un torrente de ritmos y emociones, pues en estas páginas exploraremos a fondo cómo esta legendaria agrupación colombiana renueva su sonido y su universo creativo. ¡Arranquemos la fiesta!

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Tarde Ventura, el nuevo viaje musical de Puerto Candelaria

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La Historia

Puerto Candelaria nació en Medellín (Colombia) en el año 2000 bajo la dirección del pianista Juancho Valencia. Desde sus inicios, la banda se definió por un concepto de «jazz a lo colombiano», mezcla explosiva de cumbia, chucu-chucu (música tropical bailable), rock y música tropical. Su primer disco, bautizado «Kolombian Jazz» (2002), sentó las bases de esta fórmula audaz. En 2006 lanzaron «Llegó la Banda», continuando con «Vuelta Canela» (2010) y «Cumbia Rebelde» (2011), que consolidaron su fusión de ritmos tradicionales con arreglos modernos. En 2014 editaron «Amor y Deudas», su primer álbum en vivo, en el que reinterpretan clásicos y su repertorio con la energía característica de sus conciertos.

El año 2019 fue especialmente fértil para Puerto Candelaria. Publicaron tres discos: «Yo me llamo cumbia», «Cinema Trópico» y «Cantina La Foule». Con «Yo me llamo cumbia» obtuvieron el Latin Grammy a Mejor Álbum de Cumbia/Vallenato 2019, un reconocimiento que confirmó su estatus de abanderados de la «nueva música colombiana»; desde entonces, han seguido experimentando.

En 2020 estrenaron en Patreon el misterioso proyecto de jazz «The Secret of The Shadow», y en 2022 presentaron el musical infantil «La Sinfonía de los Bichos Raros» (uno de cuyos álbumes los llevó a otra nominación a los Grammys Latino en la categoría infantil y a ser ganadores de los Premios India Catalina). En 2023 lanzaron «La Sociedad de la Cumbia» y en 2024 sorprendieron con «Puerto Candelaria Filarmónico», un concierto grabado con orquesta sinfónica.

En los últimos años han seguido ampliando su paleta sonora. En 2025 editaron «Fiesta Candelaria» y en febrero de 2026 sacaron «KZ Candelaria», un álbum de reversiones de sus propios temas en géneros populares (vallenato, corrido, ranchera, balada) grabado con energía solar. Con cada entrega, Puerto Candelaria se reinventa manteniendo el humor y la tradición candelaria. La banda, ganadora del Latin Grammy 2019, es descrita como «una innovadora y explosiva agrupación» que ha sido clave en el movimiento que redefine la música latina. A lo largo de casi tres décadas, han sido referentes internacionales de la música colombiana actual, con cientos de conciertos en festivales de todo el mundo.

En ese recorrido llegaron al lanzamiento de «Tarde Ventura». Después de 26 años de historia (y tras cerrar con «KZ Candelaria» la reinterpretación de su pasado), este nuevo álbum se presenta como el cierre de un ciclo creativo. De hecho, tal como reporta la prensa, «Tarde Ventura» marca «una nueva fase de su recorrido artístico, marcada por nuevos personajes, nuevas voces y nuevas sonoridades».

La Génesis

«Tarde Ventura» es el quinceavo álbum de Puerto Candelaria, disponible desde el 4 de septiembre de 2026 en plataformas digitales. Se trata de una colección de 11 pistas que combina canciones inéditas con versiones de clásicos latinoamericanos. El concepto general del disco nos sitúa en la víspera de la cosecha, «alrededor de la mesa», mientras cae el sol. Esa escena imaginaria, llamada el «Bazar de las Fatigas», es un espacio ficticio que los candelarios usan para ambientar el álbum, una casa común con cocina y comedor abierto donde se reúnen a celebrar.

Este ambiente de colores tierra, nostalgia y calidez queda reflejado en una propuesta sonora de inspiración retro mezclada con ritmos callejeros y festivos. En palabras de la banda, «Tarde Ventura» combina «sonidos orgánicos, elementos tribales y una estética retro… a la vez callejera, juguetona y bulliciosa».

Estas referencias estilísticas apuntan a una producción rica en percusiones folklóricas (guacharaca, bombos), vientos clásicos del grupo (trombón, trompeta y saxofón) y arreglos que evocan tanto la cumbia tradicional como sabores más urbanos y experimentales.

La grabación se realizó bajo la producción musical de Juancho Valencia. El mismo Juancho (alias «El Sargento Remolacha» en la mitología candelaria) firmó la dirección musical, los arreglos y la producción ejecutiva del disco, mientras que el ingeniero Gabriel Vallejo estuvo a cargo de la grabación, mezcla y masterización del álbum, con ayuda de Lucas Tobón como segundo ingeniero.

De hecho, en la web oficial se consigna que Juancho Valencia y el bajista Eduardo González son coautores de los nuevos temas, mientras que la portada e identidad visual estuvo a cargo del fotógrafo Theo Ulloa. El sello detrás del lanzamiento es Merlín Producciones (Merlín Studios Producciones S.A.S.), la casa discográfica propia de la banda, que ha sido motor de su independencia a lo largo de los años.

Una de las novedades técnicas y artísticas más destacadas de «Tarde Ventura» es la incorporación de Zafra, un nuevo personaje del universo del Puerto interpretado por la joven trompetista y cantante Gerald Flórez. Con apenas 21 años, Gerald (alias «Zafra») aporta su voz y trompeta al repertorio de la banda. Según el equipo de prensa, «Zafra llega al Puerto para quedarse y aporta nuevas sonoridades a través de la trompeta y la voz». Gerald proviene de la Red de Escuelas de Música de Medellín y ha participado en agrupaciones de salsa, tropical y reggae de la ciudad. Su incorporación simboliza una nueva generación en la banda y amplía el espectro de timbres posibles de Puerto Candelaria.

El Concepto

En «Tarde Ventura», el sonido característico de Puerto Candelaria se encuentra plenamente presente, aunque pulido con nuevas texturas. La banda mantiene su propuesta ecléctica, un «viaje sonoro» que fusiona cumbia, rock, ska, chucu-chucu y elementos de world music. Sus «géneros propios» (el llamado Jazz a lo Colombiano y la Cumbia Underground) aparecen también en este álbum.

Musicalmente, el disco recorre estados de ánimo diversos, desde la celebración y la alegría hasta la melancolía, el desamor y el humor irónico. Esta amplitud emotiva es uno de los méritos del disco, que no teme mezclar la nostalgia (colores tierra y arreglos retro) con ritmos festivos y texturas vanguardistas.

La producción general es nítida y brillante. El trabajo de mezcla de Gabriel Vallejo da un sonido claro a los metales y las percusiones, a la vez que mantiene un ambiente orgánico. Se percibe con facilidad la amplitud instrumental: los trombones de Juan Esteban Rúa, las trompetas de Gerald «Zafra» Flórez y los saxofones de Lucas Tobón se integran en arreglos vivos con guitarras eléctricas y acústicas, bajos profundos y una amplia sección rítmica. El álbum suena redondo; el equilibrio entre cada instrumento está cuidado y se nota la calidad de la masterización.

En cuanto a evolución, este nuevo álbum reafirma el estilo festivo de anteriores entregas como «Cinema Trópico» o «Fiesta Candelaria», pero incorpora una atmósfera más introspectiva en varias canciones. Los arreglos son a veces menos «obvios» que en discos de corte puramente bailable; por ejemplo, temas como «¿Quién sabe?» o «Aunque me cueste la vida» tienen trazos más intimistas, apuntando hacia el bolero o el jazz, sin abandonar la cadencia popular. En contraste, canciones como «Cumbia que sana» o «Cariñito» recuperan plenamente la tradición de la cumbia para bailar. En conjunto, el sonido mantiene la energía característica de la banda, con arreglos modernos y limpias texturas sonoras.

La Inmersión

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Damos inicio con «Cumbia que sana»: como su título lo promete, el primer corte abre el álbum con un ritmo pegajoso de cumbia y una atmósfera positiva. Este sencillo actúa como «bálsamo bailable para el alma», tal y como se espera en un disco de los Candelarios. Musicalmente, es una cumbia pura con fuerza de percusión y arreglos de metales brillantes.

La línea de bajo es profunda y constante, mientras que los arreglos de metales le dan sazón; asimismo, el pregón, con estilo sincopado, invita al canto colectivo. En el puente puede destacarse un solo de trompeta lleno de swing. Entretanto, la letra sugiere una idea de sanación emocional a través de la danza y la comunidad, acorde con la imagen de compartir en el «Bazar de las Fatigas». En conjunto, es un arranque exultante que instala el ánimo festivo del disco.

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«Esa soy yo». Aquí entra en escena Zafra (Gerald Flórez) con su trompeta y voz, funcionando como carta de presentación. «Esa soy yo» introduce a la nueva integrante del Puerto, tal como resalta el nombre del tema. Estilísticamente, es un tema con ritmo de guaracha y pulso rítmico medio que permite lucir la voz femenina. Gerald canta con timbre dulce y alegre, en contraste con las voces masculinas habituales, aportando variedad sonora.

La trompeta se escucha en los interludios instrumentales, ofreciendo frases juguetonas que resaltan el espíritu jovial de Zafra. Musicalmente, podemos notar influencias de son cubano y/o cumbia sabrosa en el acompañamiento. La letra sugiere un encuentro alegre con el personaje; se percibe orgullo y autoafirmación: «esa soy yo». Este tema enlaza con el anterior al mantener el compás bailable, pero agrega diversidad vocal y color armónico en su instrumentación.

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La siguiente en la lista es «Cordillera». El título alude a la geografía montañosa de Colombia, y la banda la define como «una geografía del amor». El tema es una balada cálida, donde los instrumentos cobran reverberación espacial, como evocando altura. El ritmo es más pausado, una cumbia ligera o incluso un bolero aligerado, con percusiones suaves que funcionan como colchón rítmico y arpegios melódicos. Los metales (especialmente la flauta traversa y el trombón) crean melodías ascendentes que recuerdan cordilleras.

Voces multilínea y coros presentes otorgan dramatismo romántico. La letra es poética, habla de distancias y alturas como metáforas de amor. Conceptualmente, es un momento de melancolía en la tarde, contrapunto lento antes de reanudar el dinamismo. Destaca la producción retro: se perciben ecos y saturación que dan un aire nostálgico al tema, creando una atmósfera que evoca épocas de antaño.

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Adentrándonos en el viaje sonoro propuesto por la banda, nos encontramos con «¿Qué pasará mañana?». Se trata de una versión muy personal de la canción de José Luis Perales. Puerto Candelaria reinterpreta este clásico pop español con arreglos propios; el ritmo varía entre balada suave y mid-tempo tropical. Al inicio se percibe un toque nostálgico en la melodía vocal; luego se incorpora percusión festiva que le da movimiento.

Los metales respaldan el coro con armonías envolventes. En la letra, la pregunta «¿qué pasará mañana?» cobra nueva dimensión: más allá del amor romántico original, aquí puede entenderse como la incertidumbre colectiva poscosecha del Puerto. El arreglo invita al baile discreto y la interpretación vocal suena con emotividad contenida. Es un puente entre el pasado musical (Perales) y el presente creativo de la banda.

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Descrito como dedicado a «amores que no fueron», «¿Quién sabe?» es el tema que ahonda en la desesperanza romántica. Musicalmente, es un lamento cumbiambero con toques de bolero; el ritmo base es cadencioso y la armonía menor sugiere tristeza. La instrumentación es elegante: arreglo de metales con predominio de piano eléctrico suave, junto con cuerdas (sintetizadas) que añaden dramatismo.

Los coros responden a la voz principal, creando un diálogo melancólico. La trompeta de Zafra puede incorporarse en el estribillo para intensificar la emoción. En la letra se reflexiona sobre lo inesperado del desamor: «¿quién sabe por qué termina así?», con imágenes poéticas propias de la lírica Caribe. Este corte ofrece un respiro introspectivo y muestra el lado más romántico y oscuro de Puerto Candelaria.

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Con un cambio de estilo rítmico, llega a compás ranchero «Págame». En esta colaboración destaca la voz del comediante Adrián Parada, incorporando humor y teatralidad. El tema retoma el espíritu de «Amor y deudas», otro éxito de la banda. Su ritmo es una ranchera sabrosa con guitarra acústica (poco usual en la banda) y redoblante marcando el compás.

Al estilo de una «cumbia ranchera», alterna versos recitados (con frases llenas de dobles sentidos) con estribillos cantados. El título sugiere un reclamo: «¡Págame lo que me debes!», en tono picaresco. El coro grupal repite la frase clave con energía. Instrumentalmente, además de la banda base (batería, percusión, bajo), introducen un acordeón y sintetizadores recreando ambiente rural. El ambiente es festivo y burlón; esta canción añade un toque jocoso al álbum, subrayando que Puerto Candelaria nunca abandona el humor en su música.

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De lo jocoso pasamos a lo romántico con «Nunca me faltes». Este tema es una suave balada de amor, dedicado a «el amor bonito». Destacan las voces invitadas de Laura en el Aire y Juliana de la Rosa, que armonizan dulcemente con la voz principal. El ritmo es lento; la instrumentación incluye piano eléctrico delicado, colchón de cuerdas suaves y arreglo de vientos que adornan con contramelodías la resolución de cada estribillo, creando un clima romántico. La letra habla de la promesa de amor inquebrantable «nunca me faltes», con ternura.

En el desarrollo, las tres cantantes intercambian versos y coros, dando un aire casi coral. Se destaca como punto culminante emocional del disco, ideal para dedicar a alguien especial, lejos del folklore puro y más cerca de la canción de autor.

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Nos ponemos de pies para disfrutar de una versión cumbiera del clásico andino «Cariñito» del compositor Ángel Aníbal Rosado, adaptada al universo candelario. La banda transforma el tema tradicional en su estilo propio; conserva la base alegre de cumbia, pero con arreglos de trombones y trompeta más sólidos. La percusión es enérgica, invitando al baile, y el bajo camina firme con groove caribeño.

Las voces mantienen la melodía original, pero con armonías corales modernas que dan un nuevo aire. Esta reinterpretación muestra el énfasis del grupo en honrar la tradición, dándole a la vez un toque local y moderno. Es una pista alegre y pegajosa, pensada para levantar el ánimo, para bailar y recordar raíces con una vista contemporánea.

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La siguiente en la lista es otra versión especial; hablamos de «Aunque me cueste la vida», otro tema clásico. Este bolero del dominicano Luis Kalaff viene cargado de desdichas. Puerto Candelaria lo aborda con delicadeza; aquí prima el piano eléctrico acompañado de una sección de vientos, la cual le da un sonido íntimo. El tempo es lento, a ritmo de bolero tradicional con toques de cumbia.

La voz de Zafra se siente con una desgarrada emoción que te llega al alma, mientras los coros arropan en el estribillo. La sección de metales (trombón y trompeta) acentúa la nostalgia con notas largas y tristes. Aunque es una canción de despecho, la banda mantiene una línea interpretativa elegante, sin meterse en ritmos tropicales fuertes. La producción da a esta pieza un ligero brillo retro, como en una película romántica antigua.

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La penúltima en la lista es «Sin razón», descrita como un tema para los «despechados que no pueden faltar en el Puerto». Retoma el motivo del desamor con un aire más enérgico que los boleros previos. Musicalmente, destaca el contrabajo junto al acordeón y la trompeta de Zafra. La letra expresa la frustración del corazón roto sin entender por qué: «sin razón todo se terminó». En conjunto, «Sin razón» funciona como el desenlace animado del tramo de desamor, antes de cerrar el álbum, dándole ese toque nostálgico de despedida.

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El cierre sorprende con humor y baile; la banda define este último tema como un «jazz burocrático». «Le falta la firma» es una mezcla de swing y cha-cha al estilo big band ligero, donde la letra habla metafóricamente de papeleos y firmas, burlándose de la formalidad de la vida cotidiana y los trámites a los que la burocracia nos tiene acostumbrados.

En la instrumentación destacan los metales jazzeros, trompetas con sordina, piano de corte estribillo swing y contrabajo caminante. La voz principal puede jugar con el texto irónico, mientras el coro repite líneas como eslogan de oficina. Es una pieza lúdica y diferente al resto, que concluye el álbum con una sonrisa. Así, «Tarde Ventura» culmina su historia sonando a fiesta urbana, un guiño final a que en el Puerto (aunque los asuntos sigan pendientes) siempre hay lugar para el baile, la algarabía con tono sarcástico y ese humor negro que siempre ha caracterizado a la banda.

El Dictamen

En cada uno de estos cortes se perciben los elementos diferenciales de Puerto Candelaria: la mezcla de géneros, las letras cargadas de narrativa popular, los arreglos de metales vigorosos y el humor latente. Al mismo tiempo, cada canción aporta su propia paleta de colores, desde el jolgorio sanador de «Cumbia que sana» hasta la sofisticación lúdica de «Le falta la firma». El orden del álbum está pensado para sostener la atención; conecta cada tema con el anterior a través de cambios de ritmo y atmósferas, manteniendo el balance entre lo bailable y lo reflexivo, tal como dicta la línea editorial de la banda.

Artísticamente, el álbum impacta por su coherencia conceptual y su capacidad de sorprender, consolidando el equilibrio entre tradición y modernidad. Cada canción, como ya es costumbre en la banda, cuenta una historia y ofrece un estilo propio, pero el conjunto funciona como una unidad cálida y festiva. En la escena musical actual, «Tarde Ventura» reafirma a Puerto Candelaria como referentes de la fusión tropical moderna. El disco no solo entretiene, sino que construye un universo narrativo (el Bazar de las Fatigas) que complementa sus letras con un trasfondo visual e imaginativo.

Presente y futuro

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Hasta la fecha, Puerto Candelaria no ha anunciado oficialmente una gira mundial específica para presentar «Tarde Ventura». Sin embargo, dada su prolongada actividad en vivo, es de esperarse que próximamente concreten una serie de conciertos y participaciones en festivales tanto en Colombia como en el exterior, dentro del marco de la promoción de su Ventura Tour.

Respecto a futuros lanzamientos, su más reciente álbum cierra el ciclo creativo inmediato; por el momento, no se han anunciado producciones posteriores. La banda parece concentrada en promover «Tarde Ventura», aunque siempre mantiene abiertas sus redes sociales a la publicación de contenido adicional (singles, videos, colaboraciones impensadas, etc.).

No obstante, el propio Juancho Valencia mencionó en el contexto del lanzamiento que el universo de Puerto Candelaria sigue expandiéndose en nuevas direcciones. A mediano plazo podrían explorarse nuevos proyectos, quizá aprovechando las bases sonoras ya grabadas; por ahora, su objetivo claro es que la comunidad disfrutadora del Puerto integre «Tarde Ventura» en vivo y comparta sus impresiones.

En resumen, Puerto Candelaria sigue con su dinámica peculiar: un pie en la tradición musical colombiana y otro en la experimentación de formatos. Su historial de centenares de conciertos alrededor del mundo hace plausible que muy pronto los veamos de nuevo en escena presentando estos nuevos temas.

Agradecemos a los lectores de LaCarne Magazine por acompañarnos en esta reseña de «Tarde Ventura». No duden en compartir sus opiniones sobre el álbum y este artículo en los comentarios. Hasta una próxima entrega.

¡Que viva la música y la diversidad sonora!

Encontrarás más información sobre Puerto Candelaria en su Website, Facebook, Instagram, YouTube.

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